sábado, 8 de enero de 2022

Pequeña reflexión sobre la moral

Por Juan Felipe Giraldo Trejos






    A propósito de la discusión que sostuve con un conferencista libre-pensador en la sección de preguntas de un evento al que asistí, me surgió hacer esta pequeña reflexión sobre la moral. Me generó un poco de escozor algo que el intelectual afirmó sin titubear: “la moral es relativa”.

    Llevo varios días buscando información y pidiendo opiniones para ver quién me puede dilucidar el interrogante de si la moral es relativa o no lo es. No hay una respuesta tajante, no hay consenso. Algunos responden de acuerdo con el conferencista en mención; otros, menos liberales y más recios en su postura, me dicen que definitivamente no, que es un error pensar así: “la moral es absoluta porque hay un canon que llamamos virtud. La virtud permite al hombre distinguir lo bueno de lo malo para guiar su vida y alcanzar la plenitud, que es el fin de toda persona”.[1] Fue la respuesta que más me gustó, y la encontré en un blog sin mucha difusión.  

    El pensador y divulgador argentino Horacio Giusto, que es todo lo opuesto al de la conferencia, me deja esta frase —no sé si suya— para analizar: “la moral es la adecuación de la voluntad al bien”.[2] Pero también desde la orilla opuesta un contradictor salta y cuestiona acerca de la idea del bien, esa parte de la dualidad que no es tan fácil definir sin apelar a lo metafísico. (¿Tendrá alguien la potestad para decir lo que es el bien sin caer en los preceptos religiosos?).  

    Pues bien, como este espacio virtual me pertenece (por ahora), y como me siento en la obligación de aclararme yo mismo lo que dijo el conferencista, me aventuro a emitir aquí mi opinión. Juzguen ustedes si estoy equivocado y déjenme un comentario al final. De antemano les digo que no todas las opiniones son verdaderas, ni siquiera la mía.



    En mi modesta forma de ver las cosas, que es una forma todavía en construcción, creo que la moral implica actuar con responsabilidad, discernimiento, intención; ejerciendo la libertad plena. El bien, creo, es la consecuencia de ese proceder: lo que se logró en adhesión a la agencia moral.

    Pero existe otra instancia a la que no le importan esas disquisiciones del bien y del mal conforme a las interpretaciones: la ley. Para la ley no se trata de percepciones personales, sino de que no se trasgredan sus disposiciones, no se haga nada que atente contra ellas.

    Ahora, no por el hecho de que no haya lugar a la coacción de parte de la ley quiere decir que los individuos actúen con validez moral. En otras palabras, no porque la ley permita ciertas acciones se puede catalogar el positivo derecho de lo permitido como algo bueno. Ejemplos de ello podrían ser la drogadicción o la prostitución. ¿Son buenas o malas? La discusión sigue sujeta a lo subjetivo. ¿Son legales? Sí, hasta cierto punto.

    Pero vamos a la moral, a la cuestión subjetiva según el conferencista progre. Para ellos está bien cualquier elección fundada en la libertad. Es su creencia lo que cuenta. Mientras la decisión final no provenga de una situación de constreñimiento, todo acto del hombre es bueno. Si a una mujer, por ejemplo, le gusta prostituirse, ¿cabe la arrogancia de juzgarla como inmoral sabiendo que su oficio lo realiza por gusto y no por necesidad, y que lo ejerce con plena facultad de su conciencia? Bajo esta perspectiva la decisión de prostituirse está moralmente bien mientras no conlleve una situación de infelicidad.

    Pero esa es la perspectiva liber-progre. Para el conservador, por el contrario, está moralmente mal. Él no considera que la moral sea subjetiva, sino que esta proviene de lo que Aristóteles llamaba la recta razón (o la prudencia) en su “Ética a Nicómaco”.  




La virtud no es sólo la disposición moral que es conforme a la recta razón, sino que es igualmente la disposición moral que aplica la recta razón que ella posee; y la recta razón, bajo este punto de vista, es precisamente la prudencia.[3]

 

    Si la cultura rechaza el adulterio, por ejemplo, se señalará de inmoral a aquel que incurra en dicha práctica, así la ley no legisle sobre ello. En ese caso los elementos para juzgar qué está mal y qué está bien no vienen de una creencia, sino de un razonamiento más complejo. ¿Está la conducta adecuada a la recta razón, obedeciendo a un criterio libre de elección que además de conveniente no destruya el fin de la persona? Si no lo está, perfectamente el acto es inmoral, no por subjetividad, sino porque el acto en sí es imprudente. Toda acción que el hombre cometa en contra de su naturaleza es desde su concepción una inmoralidad, pues no podrá hallar virtud en ello.



    Otro ejemplo: si una transacción comercial entre dos personas es moralmente abominable, pero estos dos sujetos están haciendo uso de su libre albedrío y piensan que ello está bien, ¿debería el Estado respetar esa transacción entre adultos aunque lo que se negocie carezca de adecuación de la voluntad al bien y fomente antivalores?

    En este caso opino como el conferencista y me atrevo a decir que sí, que el Estado no debe meterse, que este no actúa sobre preceptos morales, sino sobre la violación o no de las normas civiles. El Estado debe dejar en libertad a los individuos para que sean ellos, de manera consciente y voluntaria, los que decidan qué es bueno y qué es malo conforme al orden establecido por las leyes. Pero tampoco debe desaparecer del todo de la regulación y el arbitrio de la sociedad. Se necesita cierto nivel de autoridad que garantice esa libertad, porque no hay libertad sin límites.

    Por desgracia, eso de que el individuo por su propia convicción obre solamente lo que está bien, sólo pasa en las utopías. Ahí es cuando la subjetividad como termómetro de la moral se queda corta.

    Y si las leyes del derecho, que son positivistas, no deben legislar sobre la moral, ¿existe alguna ley que lo pueda hacer? Se llama Ley Natural, aquella que atañe a la relación del hombre con todo lo trascendente; es decir, con la religión en general. La ley natural sí tiene la potestad para determinar el talante moral de las actuaciones humanas y juzgarlas, porque no es la ley de los hombres, sino la disposición que conduce a toda persona a encontrar el sentido común en este mundo; ese sentido que puede determinar la condición benévola o malévola de las cosas. Los creyentes lo llamamos Dios.





    El papa Benedicto XVI, cuando todavía era el Cardenal Ratzinger (2002), sostuvo una charla con Jürgen Habermas, el último sobreviviente de la segunda generación de La Escuela de Frankfurt. Allí dijo que había que volver a la ley natural en la política: defender los diez mandamientos de la ley de Dios, por ejemplo, hace parte de la ley natural, y esta es el fundamento de los valores de la naturaleza humana.[4] También lo preocupaba ese reformateo constante de la cultura que él denominó “la dictadura del relativismo” (Abril, 2005). En realidad estaba haciéndole una crítica a ese sistema impuesto mediante la psicopolítica que ha inducido el cambio de la mentalidad de las personas. Reproduzco parte de su discurso antes de ser elegido Papa:

 

El relativismo, dejarse llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio Yo y sus antojos[5]

 


    La moral, de la que el conferencista del principio sostenía que era relativa, sufre ahora un ataque proveniente de las nuevas doctrinas que han normalizado y doblegado el pensamiento ante lo malo, sin que este oponga resistencia. Se acepta paulatinamente el lavado de cerebro en el que la repetición mediática y el bombardeo publicitario hacen las veces de agua y jabón.  

    Después de este lavado no sabremos cuál será el nuevo rostro de la moral. Posiblemente necesitemos unos buenos lentes porque no la reconoceremos desde la distancia. Eso sí, para algunos todo dependerá del cristal con que se mire.

 





[1] https://opusprima.wordpress.com/2008/04/16/%C2%BFla-moral-es-relativa-o-absoluta/

[2] https://www.youtube.com/watch?v=ZOp5kVuodUY

[3] Aristóteles. Moral a Nicómaco, libro sexto, capítulo XI, de las virtudes naturales. Descargado de https://www.filosofia.org/cla/ari/azc01171.htm

[4] https://www.youtube.com/watch?v=8VU3H1bPJ7Q&list=PL18sLbv

   MjYxdkx0Qt1Y1qXavd5rCXDq3X&index=13

[5] https://www.youtube.com/watch?v=37PuFbfGy9I


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