El titular de la noticia no
podía ser más inquietante para esa clase de desconfiados como yo, que en todo
encuentran suspicacias: “Jeff Bezos está en Colombia. Anuncia apoyo económico
para la conservación de las áreas marítimas y terrestres protegidas”. Una gran foto acompañaba la noticia, y en ella
se veía al presidente Duque luciendo su sombrero de expedicionario junto al
magnate. El alopécico millonario, al parecer, escucha la explicación del
presidente sobre un área natural que se divisa a lo lejos, aunque seguramente
pensando en cuál será su siguiente paso para quedarse con todo aquello sin que
le cueste un solo dólar, o al menos sin que le cueste mucho.
El paisaje de fondo que se
aprecia en la foto es nada más y nada menos que el Parque Natural Serranía de
Chiribiquete, ubicado en la Amazonía colombiana, entre los departamentos de
Caquetá y Guaviare, y que constituye el área protegida más grande del sistema
de parques naturales en Colombia. Todo un patrimonio de los colombianos y de la
Humanidad. Y Bezos lo sabe.
¿Qué le podría interesar a
este multimillonario fundador de Amazon de nuestro parque natural? Según el
gobierno colombiano, durante la visita se mostraron los resultados de los
programas ambientales, buscando que la organización Bezos Earth Fund
realice aportes al país para que se siga en pro de la lucha contra el cambio
climático, que por cierto es el nuevo mito del globalismo con el que pretenden
culparnos del hambre y la miseria que está por acaecer sobre este planeta escriturado
a la élite. Según la Presidencia de la república, el empresario está interesado
en apoyar las políticas para combatir el flagelo que azota al medio ambiente.
En otras palabras, lo que quiere es meter su dinero aquí para tener injerencia
sobre nuestros recursos naturales, y el gobierno le recibirá ese dinero con
beneplácito, supuestamente para proteger las áreas marinas y terrestres de
nuestra esquilmada nación. ¿O será acaso que con esos aportes que estará
haciendo el señor Bezos ya le habremos adjudicado la propiedad sobre nuestras
zonas de protección ambiental más importantes? Bueno, no me culpen por ser mal
pensado. A lo mejor el señor sólo vino a ayudar en la conservación de los
parques naturales para el bienestar de los colombianos y del mundo. No
olvidemos que él es un filántropo, y los filántropos más pudientes todo lo hacen
desinteresadamente, ¿verdad?
No seamos tan caídos del zarzo ni nos creamos el cuento rosa de la conservación del medio ambiente que tanto le preocupa a tipos como Bezos, Gates, Soros, Schwab, y toda la camarilla de poderosos que son los que tienen arrodillado el mundo a su voluntad. Si uno de ellos vino por estos pagos y estuvo explorando las zonas forestales más significativas, es porque seguro vio algo, y algo muy grande que el gobierno no dudará en entregar a cambio de una contraprestación jugosa. Ahora ya no nos arrodillamos solamente frente a la intimidación de potencias extranjeras que intervienen en nuestra soberanía, sino frente a los particulares que parecen ser mucho más poderosos.
Y sí, estos multimillonarios están
sumamente interesados en este momento en una cosa que no se puede fabricar por
mucho que avance la ciencia, por la sencilla razón de que el espacio es
limitado: a los magnates se les está haciendo agua la boca cuando ven tierra productiva.
Sobre todo tierra de países como el “nuestro”, que es fértil, rica en agua,
apta para el cultivo. Como en los viejos tiempos del feudalismo, la tierra
vuelve a ser la fuerza de producción más importante, y desde luego los amos del
mundo son los que la poseerán.
No es sino ver cómo están estos
reyezuelos comprando terrenos cultivables a dos manos en el planeta, porque
saben que quedándose con el control alimentario pueden rendir a la población a
sus pies. No por nada el costo de vida, especialmente el de los alimentos, está
por las nubes. Hay un temor generalizado por la subida de los precios de la
comida y se prevé un tiempo de escasez y hambruna. No quiero ser alarmista, no
me gusta apelar al recurso de los malvados de generar pánico. Sólo que me
revuelve el estómago la posibilidad de que unos pocos multimillonarios, y
además extranjeros, se queden con nuestra soberanía alimentaria.
Sería una contradicción exacerbada
que Colombia, un país con la capacidad de ser la despensa del mundo, ahora que
se vive una escasez de alimento por la guerra en Europa y la crisis de los
contenedores; no pueda disponer de sus tierras como a bien tenga que hacerlo
porque comprometió sus recursos naturales a la voluntad de una fundación
filantrópica con la excusa de luchar contra el fantasma del calentamiento
global. Se cumpliría entonces el pronóstico de la FAO, cuando en febrero
anunció a los cuatro vientos que nuestro país estaba en riesgo de una crisis
alimentaria para este año 2022. Claro, es una total mentira si tenemos en cuenta
que el informe se lanzó con su carga ideológica y electorera, pero sería una
lamentable verdad si por ahí en esos acuerdos ambientales que exigen el
cumplimiento de compromisos para dar satisfacción a unos lineamientos impuestos
desde las organizaciones internacionales, terminemos empeñando el sector agrícola
con todo lo que ello implica: los recursos naturales, la producción de alimento
y el beneficio de las fuentes de agua potable. Siendo este el panorama, la
preocupación por lo que se viene es abrumadora.
Ya conocemos cómo es la
historia del imperialismo con todos sus pecados. Alguien pone sus ojos en una fuente
de riqueza, la codicia, la ambiciona, y finalmente termina llevándose por
delante lo que sea con tal de hacerse con su control. No importa si para ello
tiene que recurrir a la guerra, al despojo, a la matanza de inocentes. Si un poderoso
como Bezos ya puso sus ojos sobre Colombia y desenfundó su chequera, tengámonos
duro, que lo que se viene puede ser la peor desgracia. Si los acuerdos
ambientales que atentan contra la soberanía y la integridad de un país en
nombre de la conservación ambiental se ponen en marcha, hagamos de cuenta que no
tenemos país y que somos parias en nuestra propia tierra.
La codicia humana es
insaciable, y yo no le creo a estos filántropos que dicen querer salvar
el planeta. Todo apuntará siempre a favorecer sus unidades productivas. Porque
ellos no se mueven al ritmo de los cambios que dicta el progreso tecnológico. Es
el mundo el que se mueve a lo que dictan ellos. Si estos califas ahora se
quieren meter con el negocio de la tierra, la comida y el medio ambiente, es porque
saben que con el hambre someten a cualquier nación. Durante la pandemia
hicieron su ensayo y les dio resultado. Y un pueblo con hambre es un pueblo que
tiene que rendirse.
No vaya a ser que esa
financiación para la conservación de las tierras y los mares, y las áreas
protegidas, nos la cobren luego con creces, cuando al fin vengan a reclamarlas
como suyas.




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