No pretendo en este artículo hablar como un predicador ni juzgar la conducta moral de nadie, puesto que no soy predicador y tampoco soy ejemplo de nada. Al contrario, soy todo un ejemplo de lo que no se debe ser en la vida.
Pero quiero
comenzar citando una frase que escuché por ahí en algún canal de Youtube
y que me llamó la atención: “La palabra de Dios hace que el Hombre se vea a sí
mismo como parte de un plan que abarca el Universo”.
Es lo
que desde el púlpito nos han dicho que es el plan de Dios. Cuántas veces hemos
escuchado esta frase y no nos hemos detenido a analizarla. El plan de Dios para
nuestra vida, sobre todo. Nos devanamos la cabeza cuando nos convertimos en
rehenes de los problemas, temiendo que estos afecten nuestro futuro y arruinen de
paso todos nuestros proyectos. Pero se nos olvida una cosa: que los planes no
son nuestros, sino de Dios.
En
ese sentido, hay que recordar que fue el mismo Jesús el que nos prometió que tendríamos
muchas dificultades, y gran parte de ellas por su causa. Él nos aseguró que no
venía a traernos paz, sino espada. Que la división no solamente estaría al interior
de nosotros mismos, sino dentro de nuestra familia, en la sociedad, diseminada
por todas las naciones. Que habría guerra, pestes y hambre, pero que el refugio
sería hallado estando de su parte. Porque de ese lado se encontraría la verdad.
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”, nos aseguró.
Esa
promesa, que los pesimistas podríamos considerar como una especie de amenaza,
vendría a constituir lo que se llama el plan de Dios, arruinando de paso los
planes que nos hayamos forjado por cuenta propia y que no estén en consonancia
con lo que Él ha provisto para cada uno de nosotros.
¿Qué
pasa, entonces, en el caso de los no creyentes, o de los que profesan otra fe?
Porque se supone que uno de los grandes logros de la humanidad es haber
alcanzado una conciencia de respeto por los cultos ajenos, de manera que no
podemos integrar a la fuerza a quienes por sus convicciones personales piensan
que no son parte del plan de un Creador. Bueno, ellos también tendrán sus propios planes.
Yo mismo soy escéptico sobre si verdaderamente Dios tendrá un plan para nosotros. Acaso seamos simplemente unas personas comodín; es decir, que muchas veces el plan de vida de alguien se realiza a costa del sacrificio de otros que no tienen velas en el entierro, y esas personas son las que yo llamo comodines. La Biblia nos relata cómo Dios ha tenido que intervenir en los asuntos del Hombre, y en su intervención se ha llevado las vidas de miles de inocentes. No olvidemos destrucciones tan simbólicas como el Diluvio Universal, Sodoma y Gomorra, las Plagas de Egipto o la Caída de Jerusalén. Y así no hubieran sido tan inocentes los sacrificados, ¿a alguien le interesó el plan de vida personal que cada uno de ellos tenía para desarrollar en su corto periplo por la Tierra?
No me
hago ilusiones. Casi estoy seguro que soy uno más de los comodines que Dios
dejó venir al mundo para que pasaran sin pena ni gloria en virtud de una carta más
valiosa para mostrar. Que en cualquier momento las almas iluminadas van a
necesitar brillar con mejor luz, y para ello se requiere de un fósforo efímero
que las ayude a encender. No todos estamos llamados a la gloria, qué le vamos a
hacer.
Y
tampoco la quiero. Prefiero seguir siendo un fósforo, que una vez da chispa y
cumple con su cometido, se extingue rápidamente y evita sufrir como el velón
sagrado que se derrite lenta y ardorosamente. Me temo, por desgracia, que soy un cerillo mojado. Y aunque muchos han brillado con luz
propia, sabemos todo el dolor, el sacrificio y la humillación que han tenido
que soportar para llegar a la cima. A veces ni siquiera llegan, porque también
estaba en los planes de Dios que fueran mártires. En todo caso, la felicidad no
es una condición ineludible de los que han triunfado, así como el éxito no lo
es de los que creen ser felices.
Lo que
sí creo es que nada es casual en el universo: la Creación se ha concretado por
medio de un gran plan que Dios o la inteligencia superior han tenido que
diseñar. ¿Quién más?
Que “unos nacieron con estrella y otros nacieron estrellados”, reza el dicho. No lo dudo. Pero ¿qué más podemos hacer? Mejor es no darle tantas vueltas al asunto y dejar de angustiarse si todavía no ha encontrado uno la misión trascendental que tiene Dios para encargarle. Puede que ni exista dicha misión. Tal vez sea el mismo Hombre en la tierra el que se imponga sus propósitos sin permiso de ninguna autoridad y a veces los cumpla por inspiración divina, porque le ayudó la suerte, o porque simplemente fue un dechado de virtudes. Repito: no todos nacimos para ser ases: también hay comodines
Yo no
me preocupo. A mis 42 años todavía no sé qué putas vine a hacer a este mundo.
Yo creo que no mucho. No por nada mi plan personal era morirme joven, antes de
cumplir los treinta, pero Dios no lo quiso así. Ahora me proyecto vivir tan
sólo hasta los 45; por lo tanto, me restarían tres años. Pero no moveré un dedo
para cumplir con ese cometido. Que sea lo que Dios quiera. Si no
lo quiere, que me muestre el plan entonces. ¿O acaso estaré ciego para no querer verlo?




Ponte a trabajar en sacar ese plan adelante, si ese, en vez de pensar en desocupar el planeta en 3 años, ese es el plan de Dios, darnos tiempo para llegar a feliz destino a paso lento dirán algunos.
ResponderBorrar¿Por qué será que quieren desocupar el planeta varios que conozco? A esa fiesta no me inviten.