sábado, 2 de julio de 2022

Por el derecho de matar al no nacido

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




    El caso Roe Vs Wade fue un litigio judicial del año 1973 en el que la Suprema Corte de los Estados Unidos dictaminó que el aborto es un derecho de la mujer embarazada protegido por la Constitución Nacional de ese país. Provocó un intenso debate sobre hasta qué punto debía ser permitido este flagelo y con qué métodos aplicar la ley, lo cual generó división de opiniones a favor y en contra, a la vez que activó movimientos sociales de base en ambas direcciones.

    Este fallo Roe Vs Wade es el mismo que acaba de ser anulado por la misma corte el pasado 24 de junio de 2022.

    Las reacciones, las protestas y hasta los actos vandálicos por parte de los grupos feministas no se han hecho esperar y se han dejado sentir con toda su estridencia en las ciudades más importantes de los Estados Unidos. De otra parte, los grupos provida celebran la decisión, aunque saben que es un consuelo que puede resultar efímero, por cuanto las retaliaciones del lobby de la “interrupción del embarazo” que se derivarán de este hecho serán de un gran impacto global.



    Roe Vs Wade fue nombrado así por cuanto los litigantes del caso fueron Jane Roe (en realidad Norma Mc Corvey) y el fiscal Henry Wade en representación del Estado de Texas, en donde estaba prohibido el aborto en ese momento, salvo en casos excepcionales para salvar la vida de la madre. La denominada Jane Roe, o mejor Norma Mc Corvey, era una joven de 21 años que en 1969 quedó embarazada de su tercer hijo. Ella, que tenía grandes problemas de tipo financiero y de abuso de sustancias alucinógenas, deseaba no tener a su hijo (de los otros dos no se hacía cargo), y para ello acudió a las abogadas Sara Weddington y Linda Coffee, quienes presentaron una demanda en su nombre ante el Tribunal Federal de los Estados Unidos contra el Distrito local en cabeza de Henry Wade, alegando que la prohibición del aborto era una ley inconstitucional. Las juristas, para enfatizar en la necesidad de reconocerlo como un derecho, aconsejaron a su cliente decir que su embarazo fue producto de una violación colectiva, apelando así al sensacionalismo de la prensa y a la compasión de la opinión pública, como suele hacerse en los países donde se ha introducido el discurso progre. El caso fue fallado a favor de Roe y el aborto quedó despenalizado en todo el país. Lo paradójico del asunto, es que Norma Mc Corvey (Roe) no se deshizo de su hijo por nacer.

    Realmente Mc Corvey tuvo una niña y la dio en adopción por recomendación de sus abogadas. La criatura debía de vivir para que fuera la cara visible de una prohibición nacional que, según Weddington y Coffee (ambas feministas y colaboradoras de una red abortista), violaba los derechos de las mujeres, en especial su “derecho a la intimidad”, amparado en la Enmienda 14 de la Constitución. Valga decir que en dicha enmienda no se consideraba que el derecho a la intimidad fuera absoluto, sino que debía sopesarse con los intereses del gobierno en la protección de la vida prenatal. La sentencia Roe Vs Wade se tomó bajo una nueva interpretación de la ley para aplicarla a la mujer que decidiera “interrumpir su embarazo”.

    Muchos años después, Norma Mc Corvey, el ícono del aborto en los Estados Unidos, cambia de opinión y confiesa cómo fue manipulada por sus abogadas, ganándose el odio de los sectores feministas. En 2001 aparece en una marcha provida pidiendo la anulación del fallo Roe Vs Wade. Ella, la misma Roe que fue favorecida con la sentencia, vuelve casi treinta años después a pedir que la anulen. 



    Lo cierto es que la publicidad que se le dio al fallo Roe Vs Wade sirvió de bandera para corroborar la causa abortista en los Estados de la Unión Americana y en el resto del mundo. Aquello no fue más que una interpretación de un grupo de jueces para decir que esto era un derecho constitucional, aunque no se ha encontrado en la Carta Magna algo referente al aborto como un derecho. A partir del caso de 1973 ningún Estado pudo legislar con su propia autonomía sobre este repudiable acto.

    El fallo que promulgó hace ocho días la Suprema Corte los Estados Unidos es la anulación de la sentencia Roe vs Wade y las subsiguientes que proclamaban el aborto como un derecho íntimo, incluyendo la posterior sentencia Planned Parenthood Vs Casey. De modo que se devuelve la decisión a los representantes de cada Estado para que definan estos los criterios según sus propios aparatos legislativos.

    Lo ideal habría sido que la Suprema Corte emitiera un fallo por el respeto a la vida desde la concepción y se prohibiera matar al no nacido en toda la Unión Americana, pero al menos es un paso.

    Por otro lado, la ley albergaba una contradicción insalvable: si una mujer embarazada era asesinada, se consideraba doble homicidio bajo las leyes de la República, independientemente del grado de gestación en el que se encontrara la criatura. Si una mujer abortaba, no incurría en un homicidio contra su propio hijo en gestación, sino que estaba ejerciendo un derecho íntimo. Un doble racero que se sigue manteniendo.



    Es por esta nueva sentencia de la Corte que el presidente Biden se lamenta, la vicepresidente se lamenta, el alcalde de Nueva York (¡No, no es el Tino Asprilla!) se lamenta, Planned Parenthood se lamenta, las feministas se lamentan, y en general toda la progresía se lamenta, como dice la canción, pero así mismo están enfilando baterías para revertir la decisión de la Corte Suprema. La agenda progresista, cuando no puede ir por la vía lógica, va por la vía judicial, valiéndose del aparato estatal. Esta vez fue por esa misma vía que tuvieron su traspiés. Ya era hora.

    Pero si bien sufrieron un revés, lejos están de perder la batalla. Para su lobby tienen a sus emisarios: empresas como Netflix, Disney, Tesla, entre otras, han anunciado que les costearán a sus empleadas los gastos de viaje y hospitalización para que se practiquen abortos en aquellos Estados donde seguirá siendo abiertamente permitido, como si estuviéramos hablando de meras cirugías estéticas. Además, las feministas ahora promueven una huelga de sexo. Ya están viralizando por redes su nueva tendencia. Como les limitaron su osadía de usar el aborto tan impunemente como método anticonceptivo para solucionar los desmadres de sus aventuras sexuales, van a tener que tomar responsabilidad por sus acciones. La huelga sexual, lejos de ser una toma de conciencia, es más bien una represalia para los hombres; un castigo para no complacerlos y para hacerlos sentir culpables por el fallo de los jueces de la corte estadounidense. Aunque yo me pregunto qué efecto podría tener esa represalia, si precisamente las feministas son las mujeres menos deseadas para establecer un contacto sexual. ¿A quién le puede gustar ese tipo de mujeres? A otras feministas como ellas, tal vez. De manera que no veo la utilidad de la huelga, aunque por otro lado celebro que se vuelvan responsables con su sexualidad, así la de ellas sea la que corra menos peligro.



    Muchas de esas jóvenes que salieron en masa a protestar contra la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos, a lo mejor son conscientes de que su protesta no tiene asidero alguno bajo los parámetros de algo que podría estarles retumbando muy en el fondo de su ser, pero que se niegan a escuchar: la conducta moral. Les dijeron que el aborto era un derecho por el que había que luchar, que ellas eran dueñas de su cuerpo y cuantas cosas más pudieron decirles para insuflar su revolución. Muchas de ellas, secretamente, saben que están obrando mal, actuando contra su propia conciencia, insistentes en el error. Como lo dice La Biblia, están “estallando contra toda sabiduría práctica”. Pero no pueden dar un paso al costado ni detenerse en su soberbia. Están atadas a un poder que hace lo que quiere de ellas, y ellas prefieren copular con ese poder antes que amar a un verdadero hombre y entregarse con amor y responsabilidad. Irónicamente, ese poder es mucho más opresor que el fantasma del patriarcado del cual ellas tanto reniegan.

    “Es que es el derecho a decidir qué hago con mi cuerpo”, oigo que repiten energúmenas agitando sus pañuelos verdes. Las cosas que uno tiene que escuchar. Aquellas feministas que se vanaglorian de ser tan izquierdistas, tan rebeldes, tan indómitas y revolucionarias, reivindican sin miramientos el concepto liberal de propiedad privada, y lo hacen sobre el propio cuerpo, que sin lugar a engaños, es de las cosas que menos nos pertenecen. Si fuéramos propiedad de nosotros mismos no habría razones para envejecer ni morir. No nos pertenecemos. Además no es sólo su cuerpo. Es también el del niño en gestación, y contra él no se debe tener el derecho de atentar.

    Y arrecian de nuevo: “es nuestro derecho a la salud sexual y reproductiva”. ¿Desde cuándo una mujer que aborta se vuelve más saludable? Porque si el aborto —es decir, el asesinato del “no nacido”— es una cuestión de salud sexual y reproductiva, ¿supongo entonces que la maternidad es una indeseable enfermedad?

    Sin embargo, no hay que cantar victoria. Apenas se terminó Roe Vs Wade, pero no se ha ganado nada. La arremetida no se hará esperar mucho. Planned Parenthood seguramente va a poner millones de dólares en Latinoamérica para financiar campañas brutales en pro del aborto y hacer que lo legalicen en aquellos países que aún mantienen una postura conservadora. Si lo lograron en Colombia lo pueden lograr en cualquier parte.



    Por otro lado, la división entre Estados pro aborto y Estados pro vida en Estados Unidos podría llevar a una segunda división que iría mucho más allá de un aspecto de orden político y social. Los Estados más progresistas van a querer independizarse para desmembrar la unión. No nos extrañemos si se unen con movimientos separatistas y con los abanderados de las causas de las minorías. Estarían financiados por las grandes corporaciones para convertirse, cada Estado, en una república independiente. Así, el social-progresismo habrá logrado su cometido, que es aniquilar a la potencia económica más poderosa del planeta, la cual pasa hoy por su peor momento desde la proclamación de su independencia. 

    Sí, van a poner la maquinaria cultural a trabajar para diseminar aborto por doquier: utilizar a la farándula, los íconos, las redes sociales, las cadenas del Establecimiento, las plataformas como Netflix y Disney para un gran asedio cultural sin precedentes. Nos llenarán de mentiras nuevamente y satanizarán la verdad, pues decir la verdad, hoy día, equivale a ser un portador del discurso de odio. Sólo que a la verdad no se la condiciona, no se la enmascara, no se la matiza. Las cosas como son. Es mejor estar preparados.

    Esta sentencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos no nos devuelve la esperanza. Al contrario, como es un triunfo parcial, se corre un riesgo mucho mayor: que la presión haga revertir la decisión. Por eso desde el otro lado hay que estar atentos, no bajar las manos y prepararse mucho para derrotar al enemigo. Estudiar, analizar, ver todo con sentido crítico, leer, llenarse de argumentos, no caer en el facilismo de su discurso seductor. Declarar la verdad. 



    Y esa verdad no tiene otro nombre que el de Dios.

    La ingeniería social que utilizan los grandes medios financiados por la cultura de la muerte no será suficiente para destruir la fe en un ser Creador y Todopoderoso.

    Claro, para ellos la idea de Dios es un asunto de rezanderos y mojigatos, de fanáticos y dogmáticos. Así lo quieren promover para poder justificar el aborto y sus demás tropelías, y conseguir que estas sean cobijadas bajo el amparo del derecho humano: el “derecho de poder matar al no nacido”.  

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