sábado, 24 de septiembre de 2022

Los reyes Midas de la mierda

Por Juan Felipe Giraldo Trejos



 

    ¿Recuerdan la historia del rey Midas, aquel que le pidió al dios Dionisio —el dios del vino y la juerga— que todo lo que tocara se convirtiera en oro? Ese mismo rey codicioso se despertó al otro día y constató saltando de la felicidad que la mesa, el florero, el jarrón, y todo lo que tocaba se volvía oro. Luego, cuando fue a tomar agua, esta se le hizo polvo de oro en la garganta y casi se ahoga. Al partir un pan, los dos trozos se solidificaron en el preciado metal. Lo peor fue cuando llegó su hija y la abrazó, y la muchacha quedó convertida en una estatua dorada. Aquel deseo de Midas gestó su propia ruina. Lloró desconsolado y clamó al dios Dionisio para que le quitara semejante maldición de convertirlo todo en oro.

    Pues bien, hoy quiero hablarles de una situación muy similar acerca de unos personajes que también tienen la facultad de transformar todo lo que tocan. Sólo que no lo transmutan en oro, sino en mierda. Ellos conforman el gobierno de izquierda socialista que desde el 7 de agosto comenzó a regir los destinos de Colombia; con el presidente a la cabeza y sus ministros. La historia apenas está comenzando, pero ya se vislumbra en lo que van a convertir a este país dentro de poco tiempo. Lo peor es que mucho se había advertido de esta maldición dionisiaca antes de que se materializara, pero los ignorantes no quisieron escuchar. Aún no quieren ver la realidad y se empeñan en seguir adorando a sus dioses de cloaca.

    Estos avanzan con prisa y a pasos agigantados, como si su misión demoledora obedeciera a una orden de un poder superior que les ha dicho que “para ayer es tarde” en lo que respecta a destruir las instituciones nacionales.


    De un lado, un presidente que apenas lleva un mes en el cargo y ya se ha alineado con los criminales, los ilegales, los que hacen daño. Les ha ofrecido el perdón social y toda clase de prebendas extraídas del bolsillo de los justos. Su pretensión es alcanzar la paz total para favorecer a los delincuentes con los que piensa negociar a como dé lugar, forzando a la utopía que hace rato se tornó en letra muerta. Nunca ha habido tal paz, sino apenas un discurso en el que se ha desgastado la palabra, y ahora toca colocarle el remoquete de total, porque según él, la paz está incompleta.

    Para ello se encargó personalmente de descabezar a más de sesenta generales del Ejército y la Policía, pues él considera que las fuerzas de seguridad son el obstáculo número uno para poder rendir el país a la criminalidad. Él sabe que aniquilando la capacidad de defensa del Estado, sus amigos, los narcoguerrilleros, lo pueden someter facilito, como en efecto lo sometieron en 2021, cuando prácticamente les dio la orden de prenderlo en llamas. Sólo fue extender su mano y apareció como por arte de magia la materia pestilente que este rey Midas es capaz de producir. Que no nos extrañe pues que el presidente avale a los grupos criminales y los reconozca como agentes de negociación, porque él mismo proviene de esa semilla. Este gobierno será el principal auspiciador de los bandidos porque el presidente también ha sido uno de ellos.



    Por otro lado, están sus ministros, elegidos no precisamente por las capacidades para dirigir la cartera ministerial, sino por las afinidades ideológicas a ultranza. De la ministra de Minas y Energía, por ejemplo (¿ya qué puede uno decir de esa mediocre filósofa que no podría siquiera dar una cátedra imparcial sobre el pensamiento de Aristóteles sin leer?), me atrevo a aseverar que es más que incompetente: es toda una militante guerrillera. ¿Qué hacía llevando a sus estudiantes a hablar con los comandantes de las Farc e inducirlos a que pensaran que esas “almitas piadosas” no eran narcotraficantes ni asesinos? La señora no fue nombrada para dirigir el ministerio más técnico de Colombia, que requiere de conocimiento operativo en la materia, sino para acabar con él. Detesta el petróleo, los minerales, el carbón. No entiende que gracias a esos recursos es que los colombianos podemos hacer mercado. Supongo que la ministra no viaja en avión privado, ni utiliza un vehículo 4x4 que consume combustible para sus desplazamientos, y que su teléfono móvil de alta gama no debió haber sido fabricado con materias primas extraídas de las minas que recurren a la mano de obra esclava. (La vicepresidente debe saber mucho más de eso). Supongo que tampoco cocina con gas, ni consume energía eléctrica. ¿Cómo hace la señora para vivir en decrecimiento?



    El resto son por el estilo. El ministro de Hacienda no se la lleva con los empresarios, a quienes quiere gravar con impuestos cuyos efectos se verán reflejados en el costo de la comida de los pobres. A la de Agricultura no le gusta la ganadería y poco ha hecho por los predios rurales invadidos, salvo decirle a los propietarios que van a tener que negociar con los invasores. El de Defensa parece que odiara a los militares y a los policías colombianos, a lo mejor soñando con traerse un puñado de agentes cubanos o de espías rusos que le reforzarían mucho mejor su seguridad. No, no es delirio. Ya van a ver dentro de poco. La señora de la cartera de la Salud dice que quiere provocar la crisis acabando con las EPS’s, negándose a asumir el presupuesto de su ministerio como para que en realidad no se pueda aliviar a nadie. En últimas, es la única posibilidad que tiene la clase media y la clase baja de acceder a los servicios médicos, por “muy malos” que estos sean. Si bien el servicio es deficiente en muchos aspectos, es mejor dejarlo ahí antes que depender de la salud que promete proveer el Estado. El de Educación, experto en generar informes espurios, avala el adoctrinamiento como la política educativa nacional, en especial la educación con perspectiva de género que le está jodiendo la sexualidad a los niños. La ministra del Trabajo cumplirá a rajatabla con la orden de expropiar el ahorro pensional de los colombianos en los fondos privados, como quien dice, que tampoco este gobierno va a querer a los trabajadores; y a la señora de la cartera de Cultura pareciera que la única cultura que le interesa es la cultura woke. Aunque a nadie se le puede juzgar por su apariencia, esta mujer tiene pinta de ideóloga neomarxista. A otros les parece de la escuela nadaísta, pero lo cierto es que se quedó en el mayo del 68. Se le ven sus ganas de incidir en los valores, las creencias, las tradiciones y la libre expresión de las personas, es decir, en la libertad de pensamiento. Próximamente tendremos también un Ministerio de la Igualdad que tratará de hacernos creer que la equidad se logra por decreto. ¿Por qué no también un Ministerio de la Felicidad, del Amor, del Buen Genio? De los demás despachos del Ejecutivo no hay espacio para hablar aquí, pero esta semblanza es más o menos para que nos hagamos una idea del grado de ideologización por encima del interés nacional.



    Mientras tanto, el país que estos reyezuelos se empeñan en destruir se avoca hoy a las puertas de una guerra. Nos están conduciendo a un verdadero estallido social con las fórmulas desdichadas que nos ofrecen: una reforma tributaria que invocará el hambre en nombre de los impuestos saludables; un alza a la gasolina que justificará la pobreza nacional en nombre de la inestabilidad fiscal “por culpa del gobierno anterior”; una inflación galopante que se intentará explicar por la crisis internacional; un aumento desmedido de las masacres que es preferible no comunicar; la inseguridad ciudadana desbordada; el espaldarazo a las estructuras del narcotráfico con sus consecuentes guerras entre carteles que ya involucran a grupos armados de países como Venezuela operando en suelo patrio con total impunidad; invasiones a predios rurales por parte de personas manipuladas por grupos mafiosos que acuerdan ocupar fincas de manera ilegal, amenazando el derecho a la propiedad privada y al trabajo sin que el gobierno mueva un dedo para desalojar a los invasores; una amenaza de apagón eléctrico por la crisis de la represa El Guavio en los próximos meses… en fin, los ingredientes precisos para generar la tormenta perfecta, la guerra civil.

    Y es que nada de esto es gratuito ni fortuito. Al contrario, es una situación creada y buscada por el pacto diabólico que nos gobierna. Los bandidos gozan de privilegios y las personas de bien son castigadas. Mucho peor si profesan alguna religión cristiana.



    Pero este flagelo no es propio sólo de Colombia, sino que los tentáculos del mal se han extendido por toda Latinoamérica, por Europa, y ahora alcanzan a dar el coletazo hasta en los Estados Unidos. Eso es lo que llamamos izquierda, para que quienes piensan que es un modelo reivindicatorio de la igualdad y la dignidad humana, se sacudan de una vez las limaduras de ese engendro del demonio.

    Tirar por la borda la economía, la libertad de expresión, la propiedad privada; son todos objetivos del comunismo que opera a nivel internacional y que hoy se encumbró en Colombia.

    Por ello cuando el país esté derruido moral y económicamente, social y espiritualmente, sabremos la razón por la cual ha acontecido la tragedia: todo esto habrá pasado porque dejamos que a Colombia la tocaran los reyes Midas de la mierda.

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