sábado, 27 de mayo de 2023

La marioneta y el titiritero

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    La prueba de que George Soros y sus Fundaciones de Sociedades Abiertas (en inglés Open Society Foundations) están teniendo injerencia en Colombia, la acaba de dar la vicepresidente Francia Márquez en un trino de agradecimiento a dichas fundaciones por haber financiado parte de sus gastos y los de su nutrida comitiva en la insensata visita a África.

    Ese viaje, que la vicepresidente realizó con unos objetivos públicos que no se justifican, pero con otros objetivos (tal vez secretos o más bien encubiertos) que sí darían respuesta al por qué tenía que gastar más de 1.800 millones de pesos de la plata de los colombianos en gasolina para visitar África, es parte de la estrategia del globalismo y la injerencia del desestabilizador de las democracias, George Soros, quien tenía que estar detrás de todo esto. Él sabe que le conviene financiar el proyecto político de las izquierdas internacionales para que finalmente le entreguen sus países en bandeja de plata, ya quebrados y destruidos, y luego entrar a comprarlos a precio de remate para hacerse dueño de los territorios que él y sus estamentos “filantrópicos” ayudaron a destruir.



    Pero George soros tiene ya 92 años, y hasta han circulado rumores sobre su muerte. Sin embargo, ni la grata noticia de su fallecimiento para quienes nos oponemos al globalismo podría alegrarnos, pues así se muera este personaje cien veces y arda en las calderas del infierno, su obra ya ha germinado en la tierra, y en representación de este demonio ha quedado su hijo Alexander y el resto de los maquinadores que se han encargado de perpetuar sus ideas, quienes saben perfectamente lo que tienen que hacer. De hecho, se dice que hace mucho tiempo que Soros no es el que preside sus fundaciones y que las decisiones las están tomando otros. Él ya ha dejado su legado y espera su partida con tranquilidad, que no se sabe por qué extraña razón, está demorando más de lo necesario. Es uno de los magnates pioneros del globalismo; su apellido es un símbolo de falsa filantropía al tiempo que sostén principal de la causa progresista en el mundo. Por eso en la izquierda lo ven con buenos ojos, y hasta la vicepresidente de Colombia le rinde pleitesía.

    En la verdadera derecha sabemos que es uno de los líderes más visibles que está detrás de todas las políticas económicas, ambientales, sociales, militares, migratorias, de control poblacional y demás que los gobernantes progre-globalistas como Gustavo Petro y los otros zurdos de la región propenden por implementar. No por nada la bandera principal del presidente colombiano es el discurso de la lucha contra el “cambio climático” como una causa en la que nos compromete a todos los ciudadanos, aún a costa de nuestra ruina futura, insistiendo en acabar con el petróleo, el gas y los demás minerales sin proponer una solución alternativa más que la de importar estos recursos desde Venezuela, país en el que oficia una dictadura socialista. El resultado, de antemano, ya lo sabemos: hambre y pobreza para el pueblo colombiano; oxígeno y revitalización para la tiranía de Maduro, de quien es amigo Petro.   



    Volviendo a Soros, hay que decir que este húngaro nacionalizado estadounidense no lo quieren en su país de nacimiento. Tampoco es bien recordado en Inglaterra, donde en 1992 propició la quiebra del Banco de esta nación.[1] Cuenta con activos por más de US$20.000 millones y una fortuna personal por encima de los US$8.000 millones, según el índice de multimillonarios de Bloomberg.[2] Su organización, la Open Society Foundations busca “impulsar el cambio democrático transformando la creciente preocupación pública por la desigualdad, la corrupción, la violencia y la crisis climática en poderosas iniciativas y alianzas para construir una sociedad abierta y segura”.[3] Todo esto que está entre comillas debe entenderse, como todo lo de esta gente, en sentido contrario. Es decir, si la fundación dice que quiere el cambio democrático, es precisamente porque en democracia quiere lo contrario a la palabra: dictadura. Ya sabemos en Colombia las lágrimas que nos ha costado el tramposo sofisma del cambio: a nadie le dijeron que un cambio también podía ser para empeorar.

    La fundación de Soros, o más bien su grupo de fundaciones, tiene representantes en casi todos los países del mundo en contacto con los gobernantes a los que les ofrecen recursos para que estos dirijan sus países en concordancia con los objetivos globalistas. Apoyan supuestos planes sociales, donan dinero para las organizaciones que dicen luchar por las causas de las minorías, financian toda clase de proyectos progresistas, compran gobernadores, alcaldes y presidentes, y son los líderes del lobby internacional para presionar políticas enfocadas a la reducción poblacional como el aborto y el exacerbado multiculturalismo para atentar contra la identidad de los Estados-nación a través de la inmigración descontrolada. No por nada este es uno de los temas que más dolores de cabeza está causando en Estados Unidos y en Europa, en donde los países del primer mundo se están llenando de personas del tercer mundo y, por ende, adquiriendo sus vicios y debilidades.[4]  



    Pero Soros, que se hizo rico con el capitalismo utilizando la especulación y las inversiones, no está interesado en construir un mundo mejor, ni ayudar a los pobres, ni defender los derechos de nadie. Esas son argucias de las que se valió este hombre toda su vida para posar como un filántropo humanitario a pesar de que debajo del disfraz del hombre bueno estaba el del demonio. Con su dinero ha comprado conciencias y es uno de los responsables de la debacle que enfrenta Occidente por razón de la escasez y la inflación.

    Resulta que las grandes decisiones económicas, las políticas cambiarias y la macroeconomía en general de los países capitalistas están apuntando en la dirección que Soros quiere que apunten. ¿Casualidad? No, financiamiento puro y duro. Por ello uno no se explica cómo es que estos presidentes de pacotilla que tenemos en América, salvo contadas excepciones, están tomando las peores decisiones en materia económica y fiscal que atentan contra la población y la empobrecen cada vez más: emisión monetaria; nacionalización de los ahorros, pensiones e inversiones; subida de impuestos; expropiaciones injustificadas; legalización de las drogas; manipulación de campañas para elegir fiscales; desaparición de organismos de seguridad y orden público, apología al delito e impunidad; desincentivación de la inversión; cooptación de los sistemas de salud y de educación; subsidios a dos manos, en especial a inmigrantes ilegales; apertura de fronteras; entrega de soberanía; en fin, todo lo que un país con sentido común no debiera hacer. La mano de Soros está ahí metida como una mano invisible de la que hablara Adam Smith, sólo que esta mano es una mano para arrasar, precisamente, con la libertad y el mercado. 



    Y no nos creamos ese cuento de que Francia Márquez fue a África a estrechar lazos con el continente que, según ella, fue “cuna de la humanidad”. Eso habría que comprobarlo. Ni mucho menos que lo logrado sea establecer acuerdos para que los colombianos aprendamos suajili (qué importante es este idioma para el mundo, que ni los mismos kenianos quieren hablarlo), y los kenianos, español; ni que Etiopía sea el país invitado a la feria del libro del próximo año en Bogotá; ni que los ciudadanos africanos puedan venir a Colombia con mayores facilidades para que nos enseñen su cultura, que seguramente nos ayudará a salir del subdesarrollo. Nada de eso. 



    A uno lo tratan de loco, de paranoico, de charlatán por decir estas cosas. Que no es verdad que un solo hombre pueda mover con tanta propiedad los destinos del mundo, dicen desde la orilla contraria, y es obvio que no. De hecho, Soros no es el filántropo más poderoso ni el hombre más rico del mundo. Hay muchos por encima de él. Pero lo que no podrán negar es que este hombre y su imperio, comprobadamente enemigo de las democracias occidentales, tiene nexos con el gobierno colombiano, que es otro destinatario más del poder económico de sus fundaciones. Ahora la vicepresidente Francia Márquez nos confiesa que también ella es otra marioneta del titiritero que sabe cómo mover sus hilos. Al fin y al cabo, la visita de Francia Márquez a Colombia fue más una orden de Soros que una orden presidencial. Él, o más bien su emporio fundacional, es quien decreta lo que se hace en estas repúblicas bananeras.  




[1] Dave Potau. (23 de junio de 2020). Cómo hizo George soros para quebrar el Banco de Inglaterra. Código Trading. https://www.codigotrading.com/como-hizo-george-soros-para-quebrar-el-banco-de-inglaterra/

[2] Joaquín Mauricio López Bejarano. (21 de mayo de 2023). El millonario detrás de la fundación que apoyó el viaje de Francia Márquez a África. La República.  https://www.larepublica.co/globoeconomia/george-soros-el-millonario-detras-de-la-fundacion-que-apoyo-el-viaje-de-francia-marquez-a-africa-3620283

[3] Ibíd.

[4] Nueva York, por ejemplo, es una ciudad que en este momento no tiene nada que envidiarle al caos y la criminalidad de ciudades como Bogotá o Sao Paulo. 

 


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