Por Juan Felipe Giraldo Trejos
El youtuber del que hablaré a continuación se viste de rosa, usa colitas del mismo color a ambos lados, y a pesar de que
tiene una chivera prominente, que su voz es gruesa y su fenotipo es totalmente
masculino, habla y se conduce con ademanes infantiles y amanerados. Valga decir
que me genera un poco de lástima por el poco criterio que tiene al no entender
el sentido del ridículo.
No juzgo eso, aunque sí lo critico. Desde luego, cada quien puede ser
como quiera y asumir la conducta que quiera asumir, siempre y cuando no atente
contra los derechos y la libertad de los demás. Cada quien puede ejercer su
sexualidad como le dicte su instinto mientras no incurra en irrespeto y
trasgresiones contra el prójimo o caiga en conductas delictivas como por
ejemplo la pederastia. Al fin y al cabo, las orientaciones y el ejercicio de la
sexualidad se supone que hacen parte del fuero personal, ¿no?
El hombre del video se identifica como una persona trans, no
binaria, “más específicamente, demigirl”. Dice que su orientación sexual
es polisexual, pero su orientación relacional es poliamorosa y demisexual.
Según esta verborrea inentendible, las personas demigénero como él se
sienten sin género, pero al mismo tiempo manifiestan “detalles de algún género
y edad específica”.[1]
Él (porque es ÉL) se siente agénero pero declara tener detalles que lo
hacen sentir (¡y ver!) como una niña de nueve años. Una ternurita.
Lo peor es que toda esa cuestión identitaria no se la inventó él, sino
que hace parte de la teoría del enfoque de género o la teoría queer.
Todo ello es un compendio avalado por las Naciones Unidas y esas oficinas que
dicen ser no gubernamentales, que simulan trabajar por la igualdad de los
derechos sexuales de las minorías, aunque lo cierto es que su objetivo
específico es ganar dinero y adquirir poder como resultado de meterle cuentos
en la cabeza a obnubilados como este youtuber.
Volviendo al galimatías de los géneros, nos refiere el sujeto en
cuestión que como él es polisexual, le pueden gustar “gran cantidad de
géneros, más no todos los géneros”, y que también puede enamorarse de más de
una persona a la vez, es decir, puede tener muchas relaciones en paralelo. En
síntesis, el personaje que se presenta en las redes y funge como modelo a
seguir para los jóvenes, es todo un poliamorose, y tal parece que esto
hay que celebrarlo.
En mi entendimiento, todo esto de lo poli, de lo variopinto, de
la abundancia, de la cantidad, de lo mucho, llevado a la dimensión sexual, no
es otra cosa que una excusa para poder garcharse al que se le dé la gana
sin miramientos de edad, sexo, género, capacidad física, condición mental, especie,
etc. En otras palabras, este tipo se etiqueta así porque parece estar
desesperado por tener relaciones con cualquier cosa, aunque según él, también necesita
tener un vínculo amoroso para tener intimidad: en castizo, meterlo donde
sea, pero con la idea de sentir amor.
Pero no lo juzgaré tan duro. La compasión es una de las virtudes que nos
enseña Cristo, y debemos tenerla para con todos los hombres. A este pobre ser lo
compadezco, pues claramente lo han confundido. El sólo hecho de autopercibirse
como trans y no binario al mismo tiempo es una contradicción en los términos.
Y para completar se etiqueta como agénero, ¿al fin qué? Luego dicen que
los que etiquetamos todo dentro de lo masculino o lo femenino somos los heteronormativos.
Quién diría que también se puede estar por fuera de dichas categorías, ser las
dos al unísono, o no ser ninguna, y todo al mismo tiempo. Es la feria de las identidades
sexuales.
Es la inclusión, queridos lectores; es el mundo comprensivo, diverso y
plural que nos está vendiendo como narrativa la ideología que campea a sus
anchas en el mundo, respaldada por el músculo financiero de los grandes
emporios económicos y de los gobiernos globales. Es la era contemporánea, es el
posmodernismo ajustando sus tuercas, es la avanzada, el progresismo que llegó
para quedarse y desbancar todo indicio de religiosidad y conservadurismo que
para ellos sólo ha sido útil para controlar a las masas y propiciar el
servilismo.
Que viva la libertad de pensar como se quiera pareciera ser una consigna
que nos debe mover a todos, pero resulta que no se puede apoyar ese clamor si ese
pensamiento libre se rebela contra lo que dicta el sentido común. Peor aún, si se
ensaña contra las libertades ajenas. Porque se entiende que exista la libertad de
pensamiento, de creencia, de autopercepción, de lo que se desee en el ámbito
personal, pero a nadie se le puede obligar a compartir, alabar, coincidir con
la libertad que tiene el otro de creerse lo que quiera.
Lo paradójico es que las anclas que elevaba la religión en tiempos
antiguos en aras del control del pensamiento, la represión y el castigo a quien
se saliera de la pauta, son las mismas que hoy eleva toda esta corriente que
depravó la sexualidad y se inventó sus propias categorías para complejizarnos el
mundo y dividirnos como civilización: al pensamiento disidente se le censura,
se le critica, se le hace escarnio social y se le cataloga como fóbico. Esta
última es la salida más fácil, pues es el equivalente al hereje de la edad
media, y si bien todavía no se les está quemando en la hoguera, ya falta poco
para que revivan la práctica inquisitorial. Vivimos en los tiempos del nuevo
oscurantismo amparado por la declaración de una libertad sin límites.
Límites: aquello que precisamente nadie se atreve a imponerle a este
maremágnum de relativismo que nos está tendiendo una celada. Porque si se
pierde la objetividad a la hora de adquirir el conocimiento y solamente
aprehendemos lo que está bajo nuestra óptica personal, desde luego se pierde la
verdad, y con esta última el alma humana, la vida misma.
Si no limitamos la subjetividad a lo que en realidad es (una mera
opinión, un vacuo sentimiento), sino que por el contrario la sacralizamos, no
nos quejemos entonces por la Sodoma y Gomorra que hemos provocado. Lo peligroso
de no poner límites, por ejemplo, es dejar que un gordiflón de 45 años se
autoperciba como niña y que los demás le hagan el juego. Luego el gobierno le
expide una identificación en la que modifica su edad, y la nueva niña podrá
ingresar a un jardín infantil junto con otros niños que, en lugar de sus
compañeritos, serán sus futuras víctimas. Por ese camino es que legalizamos el
abuso contra los menores. Ya lo decía la abominable ministra de la igualdad de
España, la despreciable Irene Montero, que “los niños, las niñas y les niñes
tienen derecho a tener relaciones sexuales con quien quieran, siempre y cuando
sea un acto consentido”. Hay que ser un ente despreciable para declarar algo
así. Y claro, que no falte el esperpento del lenguaje inclusivo, que es otro atentado
contra el sentido común.
Por ello después resultan farsantes haciéndose ricos en las redes a
costa de unos seguidores idiotas que no parecen pensar por sí mismos, como este
influencer, o para decirlo en español, influenciador de tres pesos que
es un producto pago por el establecimiento de la progresía. Sabemos a simple
vista que se trata de un hombre adulto. De ninguna manera una mujer, de ninguna
manera una niña. La realidad es lo que está afuera para decirnos a todos que una
persona, se identifique como se identifique, no es lo que sus deseos
descabellados dicen, sino lo que dictan las determinaciones naturales. La ciencia,
que ahora pasa a ocupar el lugar de la blasfemia, lo sabe explicar a través de
sus métodos, entre los cuales se encuentra la observación: hay verdades tan
evidentes que con un vistazo ligero se pueden encontrar, se atrapan al vuelo.
Así las cosas, si este mundo insiste en andar patas arriba y seguir el
dictado de absurdidad, no me queda de otra que suscribirme por entero al
comentario de Emmanuel Danann, otro youtuber que analizó el video del youtuber
demiamoroso, y que se puede ver en el enlace citado abajo: pueda ser que
Cristo venga pronto, a ver si le pone fin a toda esta chifladura.
[1] Danan. [Emmanuel Danann]. (24 de mayo de 2023). Se autopercibe como niña de nueve años.[Video]. https://www.youtube.com/watch?v=vSqtxUCfW
e8&list=PL18sLbvMjYxd__HXSrTWSVhlDmhHMUeqM&index=4





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