sábado, 9 de septiembre de 2023

La milicianización de Colombia

Por Juan Felipe Giraldo Trejos






   La semana pasada escribí en este mismo espacio digital una entrada hablando en contra del presidente Gustavo Petro, de la cual, hasta ahora, no me arrepiento. Por fortuna tengo pocos lectores y por tanto muy pocos detractores. No soy un opinador reconocido (por el momento) y eso me hace un tanto inmune a las reacciones en las redes sociales y al troleo.[1]

    El artículo en cuestión sostenía la tesis de que el presidente Petro no era en absoluto otro más de los malos presidentes a los que ya estamos acostumbrados en Colombia; es decir, esos mandatarios pertenecientes a la oligarquía rancia de este país (de hecho, Petro es parte de esa misma oligarquía, aunque su discurso diga todo lo contrario). Decía yo que a Gustavo Petro no se le puede catalogar como un mal presidente sencillamente porque, más que un presidente ilegítimo —pues ya sabemos cómo llegó al poder—, lo que este Petro en realidad es, se puede definir con la palabra “enemigo”.

    Me han caído rayos y centellas por decirlo de manera tan contundente. Desde luego, los áulicos petristas no pueden estar de acuerdo con mi afirmación y dicen que no tengo un solo argumento para considerarlo así. De hecho, me tildan de ultraderecha, de conspiranóico, de “uribestia”, de desinformador. Pues bien, como no soy nada de lo anterior y no me debo a ningún partido ni corriente política, expongo aquí, con mayores detalles, la principal razón por la que sigo sosteniendo mi argumento.



    Nuevamente, esta será otra entrada para hablar mal del presidente que no se cansa de decepcionar e indignar a los colombianos, así como yo no me canso de darle duro. Es mi deber hacerlo, no porque guarde una rencilla personal contra él, sino porque él mismo ha decidido ponerse en contra de los ciudadanos honestos y estar del lado de los bandidos: esos bandidos que hoy está convirtiendo en sus milicias personales.

    Tal vez en los últimos días hayamos oído de boca de ciertos políticos de la oposición el término “Milicianización de Colombia”. ¿Qué es esto de la milicianización? Crear cuerpos armados por fuera de la Ley que sustituyen a las fuerzas del Estado garantizadas por la Constitución. En otras palabras, conformación de grupos paramilitares para la defensa personal del presidente y la aprobación de sus reformas socialistas a través de la presión armada. ¿Acaso no era Petro el que denunciaba el paramilitarismo bajo el gobierno de Álvaro Uribe? Pues bien, bajo su propio gobierno se está haciendo algo parecido, con la diferencia de que el paramilitarismo de aquel entonces era tan ilegal como los grupos guerrilleros, mientras que, en este caso, el presidente está propiciando las condiciones para legalizar esos colectivos armados bajo el rótulo de “gestores de paz”, “guardias campesinas” o “guardias indígenas”. Petro arma y financia a los mercenarios y estos cumplen sus órdenes.



    Es que milicianizar a Colombia le resulta útil a Gustavo Petro para “gobernar” con puño de hierro sin que aparentemente se vulnere la democracia. Bajo el manto de “protesta social”, de la “reclamación de derechos”, la “justicia social” o cualquier otra de estas creaciones de la izquierda, se da luz verde a todo tipo de acciones encaminadas a imponer la voluntad del presidente: la cartilla venezolana aplicada a rajatabla.

    Porque en caso de que en realidad la población decida hacer una real protesta social o exigir en la calle sus derechos, la aplanadora de la milicia se encargará de reprimir toda manifestación civil de la misma manera que en 2021 se encargó de instigar a la población y a las fuerzas de seguridad del Estado para poner a tambalear la democracia. En este caso, la milicianización actuaría en sentido contrario; es decir, consolidando una dictadura.



   ¿De dónde sacará Petro a sus milicianos? Para eso está dejando en libertad a todo tipo de delincuentes, tanto del grupo terrorista “Primera Línea”, como del ELN y las Farc; dejando igualmente en libertad a los narcotraficantes con los que acordó en el “Pacto de la Picota”; a todos ellos graduándolos de voceros y gestores de paz. También está armando campesinos que en realidad son guerrilleros, así como reclutando los indígenas del CRIC e incitándolos a la invasión de tierras a cambio de pagarles por invadir la propiedad. En ese mismo sentido el presidente promueve las marchas y los paros, y todo ello muy bien apalancado con nuestros impuestos. A los ciudadanos nos obligan a financiar una revolución violenta para quitarnos la libertad e imponernos la religión del Estado.  

    Y el paso fundamental de la estrategia se llama “victimización”. Sin este componente, el presidente no podría apelar al llamado a “su pueblo” para quejarse de que “la oligarquia”, “el régimen narcoparamilitar”, no lo deja hacer las reformas que el pueblo necesita para gozar de bienestar. Entonces la condición de presidente-víctima se convierte en la excusa para que las milicias salgan a incendiar todo a su paso, aunque la verdadera intención sería salir a tomar control de las instituciones. El mentado “Golpe de Estado blando” del que Petro tanto se queja lo saldrá a dar él mismo. Con la oposición controlada, con las instituciones tomadas por sus milicias y con el pueblo silenciado por el miedo y el hambre, el presidente de Colombia podrá gozar de poder ilimitado e indefinido.  



    Y la invasión, como estrategia de milicianización, es una de las cartas principales para que este gobierno se tome definitivamente el poder e imponga su visión de las cosas. Con la política de comprar tierras arrasadas por invasores a precios de remate materializará su sueño expropiatorio y no habrá organismo de control que lo detenga, ni empresario, ni hacendado, ni industrial dispuesto a dar la pelea y a seguir perdiendo capital, pues todos ellos van a preferir exiliarse antes que seguir dejando que el gobierno los expropie lentamente.    

    Finalmente, y no menos importante, la otra fase de la milicianización es la desarticulación de la fuerza pública. De hecho, por ahí fue que comenzó todo el señor Gustavo Petro, cuando a pocos días de su posesión retiró más de sesenta generales del servicio público. Fue el primer paso para desvertebrar la seguridad y restarles fuerza a unas instituciones de defensa de por sí desmoralizadas desde la época del traidor Juan Manuel Santos.


 

    Sí, reitero lo dicho en la entrada anterior y en esta: Petro es el gran enemigo del país, y no es un gran descubrimiento. Con su milicianización nos está llevando a la guerra, a la división, a una exacerbada polarización mucho peor que la que hemos tenido. La milicianización para someter a la población, empoderar a los delincuentes, expulsar a los empresarios, atemorizar al ciudadano.     

    Una vez que Petro logre lo que se ha propuesto no quedará más remedio que despedirse del país como lo conocimos. Despedirnos de la libertad de la que en otros tiempos gozamos, aunque los idiotas desconozcan que alguna vez la tuvimos. Una vez que la milicia se tome a Colombia, la única marcha que se podrá realizar será la marcha hacia el exterior.





[1] Troleo: Dícese del acto de “publicar comentarios provocadores en un intento de incitar argumentos combativos de otros a efectos de entretenimiento personal”.   https://es.wiktionary.org/wiki/trolerar


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