sábado, 25 de noviembre de 2023

Y rugió el león

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







    Con el 55,69% de la votación total en las elecciones presidenciales de Argentina, el economista Javier Milei llegó a la presidencia de la república el pasado domingo 19 de noviembre. Su contendor, el actual Ministro de Economía de ese país, Sergio Massa, obtuvo el 44,3% de los comicios y reconoció su derrota.

    Una derrota que no sólo es de Massa, sino de todo el oficialismo argentino y de toda la izquierda latinoamericana. De ahí que el motivo de felicidad sea grande, pues es un golpe que se asesta al corazón del Socialismo del Siglo XXI, la doctrina degradante que se ha encargado de llevar miseria, violencia y corrupción a los países donde ha sido implementada. Gracias al cielo, el domingo 19 ganó la libertad en Argentina; por lo tanto, ganó el pueblo.

    Javier Milei se dio a conocer en la palestra pública por ser un economista —con un estilo muy particular y original— que daba conferencias y entrevistas acerca de la superioridad del capitalismo como sistema económico. De allí pasó a ser invitado permanente en los programas especializados en economía, y en no pocas veces apareció en televisión despotricando de la “casta política”, como él la llama.

    Fue también, durante varios años, un profesor universitario que se hartó de ver cómo su país se hundía en la miseria por los malos manejos que le dieron los políticos izquierdistas y socialdemócratas de centro que durante 25 años estuvieron gobernando a la Argentina. Por su estilo aguerrido, su mirada de fuego, su melena indómita, su espíritu combativo y su lengua sin filtros para con los políticos de la casta, Milei caló en lo más hondo del sentimiento del argentino promedio, víctima de las absurdas medidas económicas que tomaba el kirchnerismo y que lo tenían cada vez más empobrecido y dependiente del gobierno, así como sustraído de la libertad y la iniciativa que necesitan todas las personas para emprender el camino de su prosperidad y felicidad.


     Por esta razón se animó a lanzarse a las huestes de la política, y en poco menos de tres años alcanzó la presidencia de la nación, pasando solamente por el cargo de diputado, a donde llegó siendo uno de los más votados, además de queridos. Estando en el parlamento argentino decidió donar su sueldo a través de una rifa mensual que se ganaba un ciudadano cualquiera previamente inscrito, lo que lo llevó a ser todavía más odiado por la casta política de su país: Milei utilizaba la misma estrategia que utilizaron ellos por años, que fue apelar al sentir del pueblo. Por eso se dice que Milei es un populista, no porque sea un mentiroso y un demagogo, sino porque su forma de hacer política fue llegarle al pueblo y transmitir con franqueza el pensamiento de muchos de esos anónimos que no tienen voz ni voto, pero que se sienten representados con su discurso.

    Milei ascendió vertiginosamente en su corta carrera política porque se identificó con el pueblo, y el pueblo se identificó con él. Su pensamiento se sintetizó en la búsqueda de la libertad, y con ella la generación de oportunidades para todos a través de la iniciativa privada combinada con libre mercado. Se considera un liberal-libertario y no es un político profesional como aquellos que llevan toda la vida viviendo de la política y usufructuando de ella, que son los mismos a los que él llama “la casta”: no son otra cosa que los burócratas que aspiraban a mantenerse en sus cargos mientras el kirchnerismo oficialista pudiera continuar en el poder.



    Pero Milei es un hombre decente, al parecer sincero, que no se valió del pueblo para instrumentalizarlo y sacar provecho político de sus necesidades, sino que supo traducir las penurias del ciudadano: lo que necesita la Argentina es un estado austero; un manejo de la moneda no inflacionario como la dolarización, que en este punto es inevitable; y una dinamización creciente de su aparato productivo para contrarrestar la deuda, la inflación y el hueco fiscal. En otras palabras, para Milei y la mayoría de los argentinos, lo que necesita el país es recuperar su economía y retornar a un capitalismo competitivo en el que se suprima la intervención del Estado y se frenen los monopolios: competitividad pura y dura.

    También necesita de una batalla cultural para desenmascarar todas esas ideologías victimistas que le han costado billones a la nación y que han servido para generar más burocracia pagada con el dinero de los contribuyentes. La cantidad de presupuesto que debiera invertirse en calmar el hambre del pueblo con generación de empleo, con educación tecno-científica, con obras públicas, etc., en este momento se está yendo para las arcas de los ideólogos a través de ministerios inoperantes, imprácticos y derrochones, con los cuales el presidente electo también está en completo desacuerdo. La mentalidad del Estado benefactor llega a su fin con Javier Milei.  



     Todo hay que decirlo: si otro hubiera sido el contexto, Milei no hubiera sido nunca presidente. Pero es que la izquierda lo ha hecho tan mal en el país del sur, que la gente ya se encuentra cansada de todos esos politiqueros tradicionales que llevan décadas devengando del Estado y lo único que han hecho, aparte de robar, es empeorar la calidad de vida de los ciudadanos. Por eso, esta vez, han preferido a un hombre proveniente de la academia, no importando su estilo pendenciero y sus palabras agresivas contra los políticos de izquierda. Al contrario, esa soflama, que era como una declaración de guerra, fue lo que enardeció a muchos argentinos que estaban tan o más indignados que Milei, y por ello le dieron su voto de confianza. El fracaso de la izquierda socialista y de la derecha cobarde y rancia supusieron el triunfo de una nueva derecha, lo cual es otra muestra más de que los gobernantes que se empeñan en imponernos ideologías nefastas y economicismos tibios, lo único que consiguen es llevar a sus países al más estruendoso fracaso y a la más terrible hambruna, como en efecto lo hace el socialista mayor de Latinoamérica, el guerrillero Gustavo Petro, quien poco a poco va destruyendo los cimientos sobre los que se edificó su propia nación con una impunidad vergonzosa.



    Y es que son los socialistas del siglo XXI los únicos que lloran el triunfo de Milei porque saben que es una derrota contundente para ellos. Llora la izquierda en Argentina y en Latinoamérica porque se les acaba de dar uno de los peores golpes de su historia. Por fin se ha derrotado al Foro de Sao Paulo y al Grupo de Puebla (por lo menos momentáneamente en Argentina); esos dos engendros socialistas y parasitarios que venían de triunfo en triunfo colocando presidentes en la región a dos manos e imponiendo su visión de las cosas con sus falsas narrativas: esa visión de que los victimarios son las víctimas, y las víctimas los victimarios. ¿Les suena eso en algún país conocido?

    Fue la misma Cristina Kirchner, vicepresidente de Argentina y prácticamente la dueña del país, quien le envió hace unos años un mensaje a sus opositores que criticaban el modelo socialista, en el cual les decía: “Si no les gusta el modelo, armen un partido y ganen las elecciones”. Pues bien, eso es lo que ha hecho Javier Milei: armó su partido, ganó las elecciones y le ha callado la boca a los zurdos de mierda, como él también los llama. ¡Y qué callada les metió!

    Sólo esperamos que Milei cumpla con lo que prometió y no se tuerza en el camino; no se venda a la agenda globalista ni a la progresía mundial que en el fondo no es más que el disfraz renovado del comunismo internacional. En otras palabras, que gobierne con los postulados de la nueva derecha, la única y verdadera derecha, porque ya sabemos que cualquier atisbo de la izquierda en su gobierno echaría al traste todas las ejecutorias y reformas que Milei tendría que realizar. 


    Si permite nuevamente la filtración de la ponzoña izquierdista, Argentina tendrá que olvidarse para siempre de salir del fango en el que la dejaron los socialistas; de “comenzar el fin de su decadencia”, como el mismo Milei lo ha proclamado. Si se permite pactar con la casta, tener siquiera en cuenta su opinión, que se olviden los hermanos argentinos de recuperar algún día su país: con la izquierda a metros. Ellos, cuando han tenido el poder se han dedicado a despilfarrar, a llenarse los bolsillos, a silenciar la opinión disidente, a empobrecer al pueblo coartándole su iniciativa y despojándolo de su propiedad. Que se hagan las cosas como Milei lo dijo en su discurso: “Dentro de la ley, todo. Fuera de la ley, nada”.

    Esperamos que este nuevo presidente electo en Argentina se dedique a reducir el Estado y a ofrecer alternativas de solución para devolverle la esperanza a los argentinos de que en su tierra sí se puede lograr la prosperidad y el progreso económico a través del trabajo, el emprendimiento, la empresa privada, el comercio libre; y no de los subsidios, la burocracia, el nepotismo, los empleos públicos como única vía para progresar; es decir, nada que los haga depender de la voluntad de un Estado leviatán y sus gobernantes. Que Milei haga prevalecer las ideas de la libertad.

   

    ¡VIVA LA LIBERTAD, CARAJO!



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