Y no sólo lo por que ha hecho,
sino también por lo que tiene pensado seguir haciendo.
Con las reformas que se están
tramitando en el Congreso (en especial la de la salud que fue aprobada en
Cámara), con las salidas en falso del presidente una y otra vez, con los
efectos de la inflación que está golpeando el bolsillo de los ciudadanos, con
la total impunidad con la que están actuando los grupos narcoterroristas ante
la complacencia del presidente y su inepto ministro de defensa, con todo lo
malo que ha resultado ser el tan afamado “cambio”; ya podemos vislumbrar en el
horizonte lo que se viene si se sigue dando trámite a las políticas nefastas de
Gustavo Petro: la ruina total para Colombia.
“¡Fuera Petro!” es el clamor que
se escucha en los estadios de fútbol, en los eventos multitudinarios, en los
conciertos en las reuniones familiares, matrimonios, cumpleaños y hasta baby
showers. Recientemente se escuchó en un concierto de la cantante Karol G en
Medellín. Por fortuna para el presidente, el campeonato de fútbol ya está en su
etapa final y muy pronto no habrá gente en los estadios abucheando su nombre. Y
Karol G se demora un rato para volver a presentarse en Medellín. Pero quedan
las fiestas decembrinas, las novenas, los conciertos de fin de año, las ferias
de Cali, Manizales y demás. Mejor dicho, lo que quedan son eventos de
multitudes en donde las personas tendrán oportunidad de unirse a la arenga si
así lo desean. Seguro que mientras estemos haciendo el conteo regresivo para despedir
el 2023, vamos a gritar la frase en cuestión con una furia inusitada, porque no
solo queremos que se acabe el año, sino que se acabe este gobierno. De modo que
el 31 de diciembre estaremos deseando: “¡Feliz Año y Fuera Petro!”.
Así las cosas, al presidente le tocará prohibir el fútbol, los conciertos, las fiestas populares y demás aglomeraciones en donde la voluntad del colectivo se vea tentada a entonar el cántico de moda.
Pensar que todo comenzó en el
partido de la Selección Colombia contra Brasil el pasado 16 de noviembre en el
Metropolitano de Barranquilla, cuando justamente se encontraba presente el
padre del jugador Luis Díaz, quien hacía poco había sido secuestrado y liberado
por el ELN, con quien supuestamente Petro está conversando de paz. Y cómo no,
luego de que Lucho Díaz anotara dos sendos golazos a Brasil, el sentimiento
patrio de los espectadores afloró y trascendió de lo deportivo a lo político.
Luís Díaz se convertía en un ejemplo de superación, su padre en un símbolo de
libertad, y el presidente de la República en un antagonista repudiado hasta el
cansancio. De ahí para acá no hay evento alguno en un estadio de Colombia donde
no se grite por unos segundos la consigna que es deseo de los colombianos:
¡Fuera Petro!
Lo cómico e irrisorio del
asunto es que algunos bodegueros petristas por cuenta del presupuesto nacional, todavía se empeñen en defender el buen nombre del presidente. No sólo se
justifican diciendo que todos los videos que han pasado de diferentes estadios
y eventos públicos son montajes de la derecha en donde interfieren el audio,
sino que además, cuando les queda imposible demostrar el supuesto montaje,
dicen que en realidad lo que grita la gente no es “¡fuera Petro!”, sino
“¡fuerza Petro!”, "porque el pueblo quiere mucho al presidente y le desea lo
mejor". Es que por el ruido se pierde un poco la vocalización de la frase, pero
en realidad le están es mandando fuerza a Petro, según sus áulicos.
Qué ironía. Yo también, en un
principio, escuchaba mal la proclama en medio de la distorsión auditiva que
produce el barullo de cientos de personas. Hasta me alcancé a sorprender de
manera grata cuando creí que la gente le había perdido el miedo a la corrección
política y a la persecución, y que, furiosos como estaban con el presidente por
tantas mentiras que ha dicho, lo que le gritaban era “¡Fuera Petro!”, pero con
M en lugar de F. Confieso que alcancé a sentir una perversa y contradictoria
alegría. Bueno, yo no deseo que Petro se vaya de este mundo; con que se vaya
del país es suficiente. Si es posible, que del Palacio de Nariño salga directo
a una cárcel, que es en donde debería estar pagando por los delitos que cometió
cuando era guerrillero y cuando decidió lanzarse a la presidencia haciendo
chanchullos con mafiosos. Eso sí, que se vaya para nunca más regresar, como si
de verdad estuviera muerto… políticamente.
Hay que decir que él, con sus reformas, sí estará condenando a la muerte
a muchos colombianos que no podrán acceder a un tratamiento médico adecuado
para combatir una enfermedad, ni a una pensión digna en su vejez.
Pero eso a Petro no le importa, como no le importa que sea el personaje
más odiado del año en Colombia. A él lo único que le interesa es conservar su
poder, mantener su riqueza y convertirse en un reyezuelo que goza de los más
altos privilegios, y obligar a la gente a que lo quiera, así sea de dientes
para afuera. Al mejor estilo de Kim Jong-un: el culto a la personalidad en su
máximo esplendor.
Como no tengo el poder para remover a un presidente en ejercicio y apenas tengo esta pequeña tribuna que muy pocos conocen y que no alcanza siquiera a despeinarle un cabello al ex guerrillero, aplaudo a todos aquellos que se atrevan en adelante a gritar la frase que sintetiza el deseo del colombiano promedio. Hay que corearla sin miedo, públicamente, hacer un video de cada acto de abucheo y subirlo a las redes para ver si por fin el presidente entiende que el pueblo no lo quiere y que lo más sensato es que se marche. Desde luego, él jamás lo hará por su propia voluntad. Yo también, en cuanto pueda, me uniré al grito que rechaza a ese sinvergüenza.
¿Que esto es fomentar el odio
y la violencia para con la figura de un presidente? Escucho que dicen los defensores.
No me hagan reír. ¿Acaso no recuerdan que fue el mismo Petro el que azuzó a los vándalos para que en 2021 se tomaran las calles del país y
desestabilizaran la democracia con la violencia y las tantas muertes que costó
la toma guerrillera? ¿Acaso no fue él mismo un violento cuando tomó la decisión
de pertenecer a un grupo terrorista que asaltó el mayor recinto de la justicia
en Colombia? ¿Acaso no participó el señor Petro de muertes y secuestros, y por
lo tanto no fue un fomentador del odio y la violencia? ¿Acaso no fue instrumentalizando el discurso
de resentimiento entre las clases sociales como llegó al poder este sujeto?
Yo sí quisiera saber qué hace
más daño: un grito popular que pide la salida del presidente, o las vías de
hecho, que son las que le gustan al narciso para usar contra su propio pueblo.
Lo he dicho varias veces en
estos artículos: Petro no es un mal presidente, porque un mal presidente es el
que por cobardía o negligencia deja de hacer lo que es bueno para su país. Petro,
aparte de que es cobarde y negligente, también es un mal ser humano. Es un
enemigo público. De ahí que todo su programa de gobierno se encamine a la
generación de miseria, lo cual sólo podría entenderse desde la posición de
alguien que no quiere a su patria.
Por eso que se siga repitiendo
la proclama, a ver si se hace realidad antes de 2026; a ver si algún milagro detiene la caída en la que va Colombia. Por el bien del país, ¡fuera el
socialismo del siglo XXI!, ¡fuera la estatización fascista!, ¡fuera el
progresismo!, ¡FUERA PETRO!





Que mal estamos de presidente en Colombia, a él no le importa nada porque en medio de todo no es mas que una marioneta que se deja llevar del viento que este a su favor.
ResponderBorrar