sábado, 4 de mayo de 2024

Otra fecha que se robaron los comunistas

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







    Los invito a que nos transportemos a una época coyuntural de la Historia Universal, como suelen ser casi todas las épocas vividas por la Humanidad. Está finalizando el siglo XIX, más exactamente, vamos al año de 1886. La industria metalmecánica y siderúrgica se expande rápidamente en los Estados Unidos, especialmente en el Estado de Illinois y su capital, Chicago, que por ser el único puerto con salida a la zona este del país a través de una imbricada conexión de lagos y ríos hacia el norte, se ha convertido en este tiempo en un punto clave para el desarrollo de la industria y un centro de economía mundial. Las fábricas tienen sus calderas encendidas a toda potencia día y noche, y así como las máquinas y los hornos no descansan, pareciera que los trabajadores que los operan tampoco lo pueden hacer. Hay un auge de la productividad, y es un momento para poner en marcha los avances y los descubrimientos científicos que trajo consigo la llamada Segunda Revolución Industrial.

    No obstante, las condiciones infernales en las que pueden trabajar las máquinas son imposibles para los seres humanos, quienes están expuestos a situaciones extremas de temperatura, gases, polvo, contaminación y mala higiene. Los obreros no tienen condiciones de seguridad, están asumiendo el riesgo de enfermarse y perder su vida, quedando así fuera de circulación antes que cualquier ingenioso artefacto surgido del avance tecnológico. Los seres humanos no son máquinas de trabajo, y eso tiene que hacérselo entender el obrero a los patronos capitalistas.



    Por otra parte, las protecciones legales son inexistentes y los salarios son apenas para subsistir en condiciones miserables. Hay que ver que en este tiempo de finales del siglo XIX se trabajan jornadas mínimas de dieciséis horas al día durante seis o hasta los siete días de la semana, y no se tiene contemplación para personas que por su condición no pueden desarrollar el mismo potencial físico, como los niños o los ancianos, que “trabajan en minas, fábricas e industrias en las mismas condiciones laborales degradantes que los adultos”.[1]

    Por dichas razones, los movimientos obreros activos de la ciudad de Chicago, azuzados por sindicalistas socialistas y anarquistas, se movilizaron el 1 de mayo de 1886 en diversas y masivas protestas que duraron más de tres días, en pos de unos derechos justos, entre los cuales exigieron una jornada laboral de ocho horas y mejores ambientes de trabajo.

    Pero las marchas no hubieran pasado de ser unas marchas comunes del movimiento obrero, como otras tantas que ya se habían intentado, si no hubiese sido por el componente trágico que tuvieron las del día tercero de la jornada. Ese día, mientras los obreros protestaban en la Plaza de Haymarket de Chicago, una bomba estalló matando a agentes de policía y varias personas que se encontraban allí. Como respuesta, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes, agravando así el saldo trágico de la situación.



    Lo que siguió de allí en adelante fue una cruzada intensa de represión contra los líderes del movimiento sindical obrero por parte de los cuerpos policiales, los cuales detuvieron a más de treinta personas; tres de ellos fueron sentenciados a prisión, y cinco fueron condenados a muerte. A estos condenados se les conoció más tarde como Los Mártires de Chicago.

    Fue en 1889 cuando el Congreso Obrero Socialista estableció el 1 de mayo como la fecha para hacerle honor a los trabajadores del mundo: el Día Internacional del Trabajador, conmemorando al tiempo lo que fue La Masacre de Haymarket, en memoria de los obreros líderes del movimiento que fueron culpados y llevados al patíbulo.

    También en Francia, en 1919, surgió la confirmación oficial para la conmemoración de esta fecha, cuando se ratificó la jornada de trabajo de ocho horas. En 1920, la efeméride fue adoptada en la Unión Soviética. Allí se convirtió en una jornada importante que los líderes socialistas usufructuaron para animar a sus seguidores a unirse en la lucha contra el capitalismo. Especialmente, en los países del bloque socialista se hicieron grandes desfiles en los que el despliegue del poderío militar soviético estuvo a la orden del día.

    El 1o de mayo se convirtió, entonces, en una celebración de la que se apropió el Partido Comunista a nivel mundial, sobre todo en el escenario de la Guerra Fría. 



    Por esta y otras razones que aquí no vienen al caso, en países como Canadá y Estados Unidos no se acogió la fecha del primero de mayo como el día de los trabajadores, sino que la adoptaron en septiembre, para evitar que los sindicalistas radicales miembros del Partido Comunista, identificados como parte de la izquierda Internacional, salieran ese día a las calles y se valieran de ello como un pretexto para fortalecer una revolución comunista en los Estados Unidos. “El grueso del movimiento laboral no se identificaba con la izquierda radical, por lo que escogieron otro día”[2], y ese día se denomina actualmente el Labor Day, siendo el primer lunes de septiembre.

    Con la caída del socialismo y en especial con la disolución de la URSS en la década de los noventa, las marchas del día del trabajo perdieron fuerza, especialmente en Europa del Este. No obstante, en casi todos los países del mundo se siguió teniendo presente esta celebración al punto de que hoy se reconoce como un día feriado en honor a “las luchas históricas y logros de la clase trabajadora y del movimiento obrero”[3] para revalidar los derechos de los trabajadores y de los ciudadanos en general.  

    Sólo que durante todo el siglo XX y lo que va corrido del XXI hemos sido testigos de cómo la Internacional Comunista se apoderó de la defensa de los trabajadores como si sólo a esta ideología le perteneciera la clase obrera. Cada primero de mayo se enarbolan las banderas del martillo y la hoz y el comunismo saca pecho por los trabajadores, aunque sabemos que esta es una falsa defensa.  



    Hoy, cuando comprobamos el fracaso del comunismo en donde quiera que se ha querido implementar, este nefasto sistema trata por todos los medios de ponerse en pie con el disfraz del progresismo. Por fortuna, se está comenzando a ejecutar la operación inversa; es decir, que son los trabajadores los que le están arrebatando el sentido de la conmemoración del primero de mayo a la causa ideológica que los ha instrumentalizado desde siempre.

    Porque fueron las luchas de los verdaderos trabajadores las que lograron la mejora de los salarios y la reducción de la jornada laboral. Cuando la clase obrera presiona para obtener leyes justas y luego recibir con beneplácito unas mejores condiciones para continuar trabajando, son los anarquistas del comunismo los que se molestan con ellos porque estos últimos no quieren que el conflicto termine allí. No les interesa si los obreros tienen vacaciones, horas extras o pago de bonificaciones. Lo que buscan es utilizar al trabajador para llevarlo a una revolución.

    Al contrario de lo que predican, es al comunismo al que no le conviene que el proletario gane más, mejore su calidad de vida o tenga más tiempo libre, pues para ellos la felicidad del obrero es su principal enemigo. Si este percibe un mayor salario, eso lo empodera para adquirir bienes y servicios, y por tanto llegar a ser el dueño de su propiedad. Al comunismo le aterra esa salida digna. Para dicho sistema conviene más un trabajador derrotado, cansado, resentido, pobre, pues así es fácilmente manipulable, como en efecto ocurrió durante las revoluciones obreras de fines del siglo XIX y principios del XX.

    Porque el comunismo no representó nunca a los trabajadores, y paradójicamente fue el capitalismo el que los sacó de la pobreza, no al revés. El trabajador del siglo XX está interesado en cambiar de auto, comprar una casa y poder viajar. La izquierda, entonces, tuvo que buscar otros actores para su fallida revolución. Al no poder profundizar la división y el odio a través de la exacerbación del trabajador, que gracias a los avances tecnocientíficos ahorró tiempo y esfuerzo en su labor, viró hacia un nuevo sujeto para conducirlo a una lucha por la mal llamada “justicia social”: el intelectual. De ahí que las universidades se hayan convertido en centros de adoctrinamiento y semillas de resentimiento.



    Marx, que habló en favor de los obreros, nunca trabajó en su vida. Jamás vivió como un obrero, sino como un parásito. Primero de los ahorros de su familia, y luego del patrocinio que le brindó Engels, el hijo de un capitalista que también lo tuvo todo y se atrevió a desafiar a su padre.

    Por ello no nos extrañe ver hoy día a los comunistas que reniegan del trabajo duro. Muy pocos de ellos suelen ser obreros contratados en empresas del sector privado que quisieran salir adelante por sus propios méritos. Generalmente, se ubican en el sector público, pues las competencias en las que se especializaron no son apetecidas por el mercado ni desembocan en el trabajo material orientado a la producción, que es propio de los obreros que ellos tanto dicen representar. No hay nada más delicado que las manos de un comunista, que carecen de callos.

    El mismo comunismo, que es una ideología materialista, invita hoy a no tener nada, pero ser feliz a pesar de todo. Desde luego, ese despojo de los bienes materiales lo desea para sus militantes, mas no para los líderes de los partidos, que gustan vivir a cuerpo de rey y disfrutar de todos los bienes y servicios que el capitalismo ha generado. Los comunistas, que por excelencia han sido los propagadores de la violencia, hoy son los adalides de los derechos humanos y de la “justicia social”.

    Pero esa justicia social no es quitarle a los que tienen y darle a los que no tienen para tratar de compensar las carencias. Yo diría, más bien, que para ser justos lo que toca es ser responsables primero. Responsabilidad social, sería el nombre adecuado del término, pues es el compromiso de devolverle a la sociedad lo que es justo que ella reciba. Cuando actuamos con responsabilidad estamos al mismo tiempo siendo justos en correspondencia con los derechos de los demás. Esa debiera ser la tal “justicia social”.



    Pero no importa cuán legítima sea la manifestación de los trabajadores si la ideología empobrecedora que los pone en contra de sus patrones siempre está ahí para incitarlos a una fallida revolución de la que solo queda miseria y muerte.  

    El pasado miércoles 1o de mayo, por ejemplo, se evidenció el robo de la conmemoración internacional del trabajador por parte del presidente colombiano. Fiel a su tradición de apropiarse de lo público, se apropió de la marcha de los trabajadores para capitalizar sus intereses demagógicos, difundir el odio, la lucha de clases y la combinación de todas sus formas, así como la división de su propio país. Se aprovechó de una clase social, la clase trabajadora, para seguir esparciendo el veneno de un comunismo que no ha hecho otra cosa que empobrecer al pueblo y envilecerlo. Desde luego que llenó la Plaza de Bolívar, pero con gente de la minga indígena que mandó a traer del Cauca en las chivas destartaladas que van arrasando todo a su paso como si se tratara de un convoy de pandilleros, tanto que ni las normas de tránsito respetan.

    Y allí se congregaron, el Día del Trabajador, a gritarle vivas al presidente: los de la minga, que no trabajan, pero a los que hay que pagarles su venida con la plata del presupuesto nacional.



    Por su lado, los obreros, campesinos, mineros, jornaleros, informales y demás trabajadores honrados del país salieron a las calles a exaltar una lucha que cada año se conmemora en honor a ellos, que son los verdaderos héroes de la nación, pues son los que están en la base del aparato productivo. Pero se les veía en los rostros la decepción y la vergüenza. Por una parte, porque debieron ser ellos los protagonistas de una marcha que cada vez más se sigue satanizando por el prurito de la ideología aborrecible que se les coló en su causa. Por otra parte, porque el presidente colombiano les robó su celebración para exaltarse a sí mismo y lanzar ataques contra sus detractores hasta que saliera espuma de su boca.

    Así, El Día del Trabajador, que para el verdadero trabajador es un motivo de orgullo y reivindicación de su dignidad, quedó convertido en otra fecha más que se robaron los comunistas.





[1] National Geographic. (1 de mayo de 2023). ¿Por qué se celebra el 1 de mayo el día del trabajador? Historia y Cultura.

https://www.nationalgeographicla.com/historia/2023/04/por-que-se-celebra-el-1-de-mayo-el-dia-del-trabajador

[2] BBC News Mundo. (6 de septiembre de 2001). Labour Day: Por qué Estados Unidos celebra el Día del Trabajo en septiembre y no el 1de mayo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-

[3] Ibíd.

1 comentario:

  1. Hasta eso se nos robaron, ya ni una celebración como la del dia del trabajo nos pertenece a nosotros los trabajadores.

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