El pasado martes 19 de noviembre, mientras los colombianos se entretenían con el partido de la Selección Colombia frente a Ecuador, que por cierto terminó en derrota para el combinado patrio, en el Congreso de la República nos estaban metiendo un gol de inusitada gravedad: el gol definitivo para sepultar las aspiraciones de los colombianos, no de clasificar a un mundial, sino de librarnos de la peste petrista que está haciendo todo lo posible por permanecer en el poder después del 7 de agosto de 2026.
Este era un partido en el Congreso que no se podía perder, pero la izquierda aprovechó la entretención futbolística y la desconcentración del pueblo colombiano para asegurarse el trono presidencial a perpetuidad. De la misma manera en que la Selección anda de capa caída, el pueblo colombiano no levanta cabeza gracias a la elección de un guerrillero como presidente.
Y no me refiero a una nueva Reforma Tributaria, que muy pronto vamos a tener que soportar, sino a uno de los hechos más bochornosos en lo que tiene que ver con la obligación del Congreso de elegir a los magistrados de las altas cortes mediante un sistema de ternas elaboradas por el Consejo de Estado, la Corte Suprema y el Presidente de la República, respectivamente. En este caso, se trata de la elección del nuevo magistrado de la Corte Constitucional, el señor Miguel Efraín Polo Rosero, petrista de corazón, y ahora una ficha más del guerrillero en su aspiración de ser el amo y señor de este platanal por los siglos de los siglos.
Este sí es el verdadero golpe blando a la democracia. Gracias a esa votación tan irregular Petro quedará con mayoría en la Corte Constitucional, y eso que falta por elegirse a dos magistrados más que, aunque no los ternará el presidente, serán nombrados en enero de 2025 de la misma forma como se eligió al recién designado Miguel Efraín Polo: comprando congresistas, como sabe hacer el "Gobierno del Cambio”. Para eso tiene la chequera nacional, y para eso contamos con legisladores de la peor calaña que no conocen de principios. Porque de no ser por el hambre de dinero de estos politiqueros del Legislativo, Petro no tendría los alcances que tiene.
La forma en la que Miguel Efraín Polo Rosero fue elegido parece sacada de una de esas películas de género bizarro en donde todo es retorcido, oscuro, surrealista y tétrico a la vez. Para empezar, la primera votación se había realizado el lunes pasado, obteniéndose un extraño empate de 50 votos a favor y 50 en contra del magistrado, pero al final se descubrió que resultaron más votos que votantes, como si alguno o algunos hubieran votado dos veces. La votación se suspendió y se reanudó al día siguiente. Fue en el transcurso de una sola noche cuando desde el gobierno pudieron voltear a siete congresistas para que votaran a favor del candidato ternado por Petro en lugar de que le dieran el voto a la candidata Claudia Dangond, quien era la más opcionada. ¿Que cómo estos congresistas cambiaron de opinión? No se sabe, pero todo apunta a que hubo una nueva repartición de “mermelada” parlamentaria, o un gran miedo a Gustavo Petro, que cuando quiere y como quiere mete las manos en las votaciones del Congreso, como si fuera él el dueño del recinto. Es que hay que tener mucha suerte para encontrarse siete votos a última hora de un día para otro. O tres millones de votos en veinte días.
Tampoco se puede esperar nada de un Congreso sin escrúpulos, sin sentido de patria, sin principios. Muchos de los senadores y representantes a la Cámara que ganan 48 millones de pesos al mes no tienen méritos para estar allí, y eso involucra a gente de todos los partidos. Hasta los movimientos cristianos como el MIRA se vendieron a Petro.
El momento de mayor descaro fue cuando varios de los senadores y representantes pasaron uno por uno al cubículo a votar, valiéndose del teléfono celular para tomarle foto al voto o hacer un video del procedimiento, no se sabe con qué fin.
Se vienen meses de zozobra. Si Petro consigue la mayoría en la Corte Constitucional, como efectivamente parece que va a ser en enero, podría sacar sus hordas violentas y sus “primeras líneas” a la calle e incendiar el país bajo cualquier pretexto, como que no lo dejan gobernar sus detractores, que el Congreso no le aprueba sus reformas para que se produzca el “cambio”, o que le quieren hacer un golpe blando. Así, todo será cuestión de declarar un Estado de Emergencia debido a la situación de orden público y a la imposibilidad de controlar a lo que él llama “las fuerzas populares” por parte de las fuerzas de seguridad, a las que por cierto les dará la orden de no intervenir, so pena de ser castigadas y difamadas. Una vez haya declarado el Estado de Emergencia podrá gobernar a su antojo por decreto, posiblemente posponiendo las elecciones de 2026 ante la “falta de garantías electorales” por los mismos desmanes que su gente ha causado. Así, las elecciones se aplazan y él pediría poderes especiales a su corte de bolsillo para ampliar el período presidencial o quedarse hasta cuando considere que puede volver a convocar a elecciones.
O podría, simplemente, elaborar un Decreto de Emergencia en el que convoque a una Constituyente. Como ya tiene las mayorías en la Corte Constitucional, no tendrá ningún problema en que se lo aprueben. Una Constituyente para ser reelegido, desde luego, o incluso para ampliar el período presidencial por dos años más, de modo que ya no piense en gobernar por dos períodos de cuatro años, sino por dos de seis: doce años de esclavitud, peor que una película de Hollywood.
Si el sinvergüenza cuenta con mayoría en la Corte Constitucional, ¿qué problema tendrá en que le aprueben la Constituyente para buscar su reelección? Mucho peor, ¿qué problema habrá en que decida reelegirse sin necesidad de Constituyente, sino tan sólo gobernando por decreto a través de los poderes especiales que le otorgue la Corte? Lo mismo hizo Chávez en su tiempo, y en este “gobierno del cambio” todo puede pasar.
Ya con la Corte Constitucional cooptada, con la Procuraduría, la Fiscalía, la Contraloría, la Defensoría, y demás órganos de Control metidos en su bolsillo; con la Policía y el Ejército de su parte; con el sometimiento irrestricto de la Registraduría y con el Congreso comprado, no hay nada que impida que Petro sea presidente en 2026 de la manera en que tenga que serlo, ampliando el período, reeligiéndose, o ambas. La dictadura está prácticamente asegurada para Colombia. Ese fue el golazo que nos metieron el martes pasado.
Sin embargo, como de lo que hay que hablar es de fútbol mientras el país se hunde en la miseria, la gente todavía está hablando de lo mal que está jugando Colombia y del mal presagio que se anuncia por la pérdida de dos partidos consecutivos. ¡No, queridos compatriotas, es hora de despertar! Lo que pasó el martes 19 de noviembre en el Congreso es muy grave y no nos damos por enterado: comenzó el fin de la democracia en Colombia.
Mientras tanto, los congresistas que votaron por el magistrado Polo a esta hora deben estar pasando la cuenta de cobro para que les desembolsen esa platica a través de la UNGRD o del Departamento de Prosperidad Social. O les consignen directamente a sus cuentas, qué más da. Ellos no tienen vergüenza, pero sí tienen guardada la foto del voto en sus celulares. Es el comprobante de que sí hicieron bien el mandado.






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