sábado, 16 de noviembre de 2024

La presidente periodista

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







     Ha renunciado la periodista Vicky Dávila a su cargo de Directora de la Revista Semana. Lo veíamos venir, por lo tanto, no nos sorprende. Sus alocuciones e intervenciones en todo evento empresarial o conversatorio en donde ella fuera invitada, así nos lo dejaron ver. También sus videos en redes sociales y los trinos de su cuenta de X eran una clara muestra de una periodista que hablaba como una candidata en campaña y hasta lanzaba propuestas económicas que para nada resultaban ser descabelladas. El pasado jueves 14 de noviembre Vicky Dávila dio el primer paso en su aspiración presidencial al renunciar a su cargo de directora del medio periodístico más importante de Colombia, y la noticia, como la misma esencia de Vicky, generó el contento de muchos y el descontento de otros. Vicky es una mujer de odios y amores, como deberían ser todas las personas coherentes con su pensamiento. Nada hay que me genere más desconfianza que un hombre (o en este caso una mujer) sin enemigos.

     Desde luego, todavía no es oficial que se vaya a lanzar a la presidencia, pero es algo que se da por descontado. Muchos se preguntan si su renuncia será acaso parte de una estrategia populista o la aspiración seria de una patriota que quiere ser presidente de su país apelando a la figura del outsider, es decir, a la figura del candidato antipolítico que está por fuera del establecimiento tradicional de la política. Veremos qué sucede.




     Mi humilde opinión sobre esta noticia político-periodística, con tintes incluso farandulescos, es que si alguien ha hecho oposición al cartel mafioso del Palacio de Nariño, ha sido la señora Vicky Dávila, hasta el punto de que tiene a todos los izquierdópatas con los pelos de punta, porque a ellos, más que a nadie, les ha molestado por mucho el salto de la periodista. Mientras estos descargan su veneno, Petro tiembla: el que la futura candidatura de Vicky Dávila haya caído mal en los sectores gobiernistas es un buen síntoma. El que sus enemigos sean Petro y toda la mamertería colombiana, afines a este desbarajuste de gobierno, es una medalla de guerra. No me disgusta para nada la idea de una presidente periodista, talentosa, con valentía y liderazgo, conocedora de los temas de la nación, y además muy bella. Nada que ver con el impresentable ignorante que nos gobierna.




     Porque el primer ataque del zurderío resentido no se hizo esperar: que cómo se podía apoyar la candidatura de una mujer de “extrema derecha”, “aliada de clanes paracos” y hasta “uribista”. Que eso sería volver a la guerra, como si viviéramos en un remanso de paz. Que cómo es posible que la gente pretenda votar por alguien que no tiene ninguna experiencia en la administración pública, que nunca ha ocupado un cargo de elección popular, que no ha pasado por un Congreso o una alcaldía, y que nunca se ha sometido a ninguna votación democrática. Pues para dolor de los zurdos y petristas, esa ausencia de roce político es precisamente la fortaleza de Vicky. Que nunca haya sido una política de oficio es lo que la hace ser diferente; por lo menos no está contaminada del germen de la corrupción, no tiene aún los vicios y las prácticas putrefactas de nuestra clase política por antonomasia. Porque de Vicky Dávila se puede decir lo que quiera, menos que es de extrema derecha, que tiene alianzas con clanes mafiosos, que es una periodista vendida a un partido o a un sector político, o que es uribista, pues ella ha dicho lo que ha querido y nadie ha podido coartarle su libertad de expresión. Hasta ahora. El fruto de su trabajo así lo demuestra.

     Por otra parte, no sé cuál es el miedo que los mamertos le tienen a una periodista cuando no le tuvieron miedo a un guerrillero. Mientras Vicky Dávila se preparaba en su juventud estudiando la carrera de Comunicación Social, el actual presidente de Colombia pertenecía a un grupo terrorista y empuñaba el fusil contra ciudadanos inocentes. Qué diferencia tan grande hay entre armarse de una cámara y un micrófono y armarse de un fusil. Tal parece que en la lógica izquierdista es menos grave lo segundo, porque hace poco más de dos años los mismos que hoy critican a Vicky por buscar la candidatura presidencial, eran los mismos que le aplaudían a rabiar al ex guerrillero asesino. Sí, asesino, porque en algún momento de su vida como delincuente tuvo que haber jalado el gatillo contra algún otro ser humano, ya que no es creíble que el fusil lo portara apenas como un adminículo decorativo.




    Y arremeten nuevamente las “bodeguitas” al decir que Vicky será una fascista que le quitará los derechos a los menos favorecidos, que se irá en contra de la clase trabajadora, que retornarán las masacres y regresará el paramilitarismo si se le permite ganar las elecciones. La están quemando desde ahora, diciendo que es la de Uribe, que es de extrema derecha, que es ultraconservadora, racista, clasista y homofóbica, casi que medieval, y eso que faltan poco menos de dos años para las elecciones, si acaso las hay. Lo cierto es que están desesperados los zurdos porque ella no es de su bando. Por supuesto que Vicky despierta muchas más simpatías en la derecha patriótica y que la victoria de Trump en Estados Unidos resulta ser un trampolín para ella lanzarse y sumarse a la ola de una nueva derecha que está tomando mucha fuerza en distintas partes de la región, pero lejos de ser todo aquello de lo que ya la están acusando los militantes de Petro, es la persona que quizá en Colombia tiene la mayor coherencia y la autoridad para ser candidata presidencial. Su oposición a Petro ha sido real, con pruebas, y su trabajo ha derivado en investigaciones que a la justicia colombiana, ya cooptada por el régimen, le ha tocado asumir, aunque no quiera.

     Pero hagamos un breve recorrido de quién es Vicky Dávila y por qué está levantando tanta roncha su intención manifiesta de llegar al centro del poder político en Colombia.




     Comenzó en el mundo del periodismo en la década de los noventa, y desde entonces ha dejado huella en cada uno de los medios por los que ha pasado. Primero estuvo en Noticiero QAP, luego en Caracol, donde comenzó a hacerse conocida. Después fue a RCN Radio y de allí a Noticias RCN, donde se hizo célebre por el gran cubrimiento de reportería que realizó a raíz del terremoto del Eje Cafetero en 1999. En la FM marcó un hito en los programas radiales de la mañana y además se le recuerda por haber sido una de las que destapó el escándalo de “La Comunidad del Anillo” al interior de la Policía Nacional, en la cual se conoció una presunta red de prostitución donde se vieron involucrados altos oficiales de la Fuerza Pública, congresistas y otros funcionarios del Estado acusados de promover ascensos u ofrecer dinero a los policías a cambio de relaciones sexuales. Este informe le valió su salida del medio gracias a los malos oficios del sátrapa de Juan Manuel Santos. La franja del mediodía de la W Radio fue la que tuvo más rating en el tiempo en que la periodista la estuvo liderando. Finalmente la dirección de la revista Semana la catapultó como la mejor periodista del país. Desde allí destapó escándalos de alto impacto en la política, especialmente en los dos primeros años del gobierno Petro. Fue así como se conoció la forma como este llegó al poder financiado con dineros del narcotráfico y gracias a los pactos con lo peor de la clase política del país, reconocido incluso por su propio hijo, hoy protegido por la fiscalía de bolsillo del presidente.

     Así las cosas, ¿más de veinte años de periodismo en donde además dirigió medios de comunicación no son suficiente experiencia para poder gobernar un país? Porque Vicky ha liderado procesos, grupos de trabajo, ha tenido personas bajo su mando. Carisma y liderazgo no le faltan, como tampoco conocimiento.




     El estilo directo y sin miedo de Vicky para confrontar el poder le ha valido que una parte del país la aborrezca, y otra parte (donde me incluyo) la aprecie. Porque no importa que Vicky no sea del todo una mujer con ideas de derecha (en algún recodo de su cerebro todavía alberga por ahí alguna neurona progresista), pues tendrá que mejorar mucho su conocimiento para implementar una estrategia contundente de batalla cultural contra la izquierda si no quiere que se la coman viva. No importa que la acusen de tomar posiciones que supuestamente favorecen a un sector político, o que digan que es amarillista, que sólo le importaba el rating; que será la defensora de los grandes cacaos del país si llega a ser presidente. Más bien ha demostrado estar en contra de los monopolios al irse contra los dueños de las EPS y de los fondos de pensiones que transaron con Petro para que este pudiera imponer sus reformas a la salud y a la pensión. Lo que importa es que en este momento es la enemiga número uno del principal enemigo de Colombia, Gustavo Petro, y la noticia de su candidatura presidencial se recibe con beneplácito en vista de que la oposición en Colombia no ha logrado calar en el sentimiento del electorado, ni ha sido una verdadera oposición: demasiado pasiva para mi gusto. Lo que importa es que si Vicky quiere ser presidente, se cuide de las alianzas, los pactos y las fotografías con los politiqueros de la clase tradicional de este país y no permita que la utilicen como caballo de batalla para que esos mismos políticos obtengan réditos electorales más adelante.

     Enhorabuena por Vicky Dávila si se lanza a la arena política. Le deseo todo lo mejor. Ya está liderando las encuestas sin siquiera haberse lanzado oficialmente, lo que tiene molestos a los políticos de profesión, tanto de izquierda como de derecha. Pero qué le hacemos, si el país está cansado de los estafadores que sólo piensan en sus propios intereses, y lo que necesitamos es una opción diferente a lo que ya estamos acostumbrados. Bravo por Vicky, aunque la extrañaremos como periodista para que le siga descubriendo las porquerías a este gobierno de bandidos.




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