El año que se viene me produce desconfianza. Lo miro con recelo; con el escepticismo que siempre me caracteriza y que algunos llegan a catalogar de pesimismo, pero que pocas veces me ha dejado equivocar, por infortunio.
El año que se viene nos sitúa ya en el primer cuarto de siglo, y a partir del primero de enero los bebés que nazcan ya serán considerados parte de la generación Beta. Es el año de la Serpiente, según el horóscopo chino, la cual se asocia con la sabiduría, la intuición y el misterio. En este orden, será un año de muchos misterios cuya resolución requiere altas dosis de sabiduría. Para la ONU, será el Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuántica, lo cual quiere decir que el uso de la Inteligencia Artificial se exacerbará de un modo todavía más intenso, dejando a millones de personas no calificadas sin trabajo, avocadas a una renta básica universal, como lo es el propósito de la Agenda 2030. Como quien dice, a vivir más pobres y dependientes de las máquinas, lo cual nos colocaría a la mayor parte de los mortales en una condición de innecesarios.
El mundo de la música comienza despidiendo al cantautor argentino Leo Dan, que madrugó el 1 de enero para ser uno de los primeros en marcharse de esta órbita terrenal en el nuevo año. Buenas canciones nos dejó para el recuerdo, como aquellas dedicadas a mujeres llamadas Celia, Fanny, Marisa, Susana, Raquel, Silvia Liliana, o Mary, porque Leo Dan era así, le gustaba cantar a sus enamoradas con nombre propio. Y cómo olvidar otros éxitos tan vibrantes como “Te he prometido”, “Cómo te extraño mi amor”, “Esa pared”, “Qué tiene la niña”, entre otros. Uno de los últimos íconos que quedaban de la balada de los años sesenta. Paz en su tumba.
Dos posesiones presidenciales colmarán la atención del público comenzando el año. El 10 de enero se posesiona en su cargo el nuevo presidente de Venezuela, que más bien será el usurpador de siempre, porque Maduro y sus secuaces no piensan irse del poder. Ya Edmundo Gonzáles, el legítimo ganador reconocido por las democracias occidentales (excepto Colombia, que cada día es menos democracia), está haciendo lobby internacional anunciando su llegada para esa fecha. Veremos qué pasa, pero difícilmente habrá un cambio de dirección en Venezuela si no es el propio pueblo el que sale masivamente a pelear por su libertad. Y eso significa derramamiento de sangre, por desgracia, pero los dictadores solamente salen con los pies por delante.
La otra posesión se llevará a cabo el 20 de enero, y es la del presidente Donald Trump, elegido por segunda vez el pasado mes de noviembre. Esta investidura, que pareciera no llegar pronto, pone a temblar a simpatizantes y detractores. Unos, porque temen un nuevo atentado contra Trump en la ceremonia, o incluso en los días previos, y otros porque temen que, si se posesiona y comienza a organizar la casa, se les va a caer el teatro que tienen montado para debilitar a su propio país. Ya el día de ayer se registró un atentado terrorista en la entrada del Trump Hotel de Las Vegas, en donde explotó un Tesla Cybertruck, dejando 7 heridos y 1 muerto. Es un anuncio de lo que podrían estar tramando.
Esperemos que a Trump le vaya bien y pueda cumplir al menos la mitad de lo que prometió en campaña: que barra con la inseguridad y el crimen que se apoderaron de la nación, que le ponga freno a la inmigración descontrolada, que reivindique el papel de la familia en la educación, que detenga la inflación, que sea un garante para neutralizar los conflictos internacionales que hoy están al rojo vivo por cuenta de la mala política internacional del gobierno Biden, que vuelva a hacer grande a los Estados Unidos otra vez. El peligro es que el juez que lo condenó el año pasado, a raíz del proceso judicial que le montaron, le dicte sentencia y tenga que irse a gobernar desde la cárcel, o dejar todo en manos de su vicepresidente. Está en juego el futuro de Estados Unidos como potencia y como nación, pues algo así podría desencadenar una guerra civil en diferentes estados y conducir a una desmembración de la Unión Americana, Dios no lo quiera.
Por lo pronto, ya comenzaron las masacres otra vez. En esta ocasión fue en Nueva Orleans, donde se produjo un tiroteo que dejó 16 muertos y más de 36 heridos. Trump tendrá que hacer grandes esfuerzos para velar por la salud mental de sus ciudadanos, que parecen estar desquiciados, aunque gran parte de esa violencia es gracias al consumo de drogas tan desaforado en que se encuentran los habitantes del país y a los controles tan laxos para el libre porte de armas, que de ninguna manera es el responsable de los atentados que hacen aquellos quienes por ningún motivo podrían portar armas, pues su condición no se lo permite.
Si nos vamos a Colombia, lo que nos espera en 2025 es todavía más arduo que lo que se vivió en 2024. Ya empezó aumentando el costo de vida al punto de que el hambre está tocando la puerta de los hogares, y su efecto comenzará a sentirse después de las fiestas navideñas. Subieron los peajes, la gasolina, los alimentos, los materiales de construcción, los arriendos, los pasajes de taxis y buses, los servicios médicos; todo, como siempre. También subió el salario de los trabajadores, pero hay que saber que las subidas de pensiones y salarios no compensan el costo de vida. Todo esto sólo se traduce en una sola cosa: pérdida de capacidad adquisitiva.
Los camioneros anuncian paro porque les van a subir el ACPM y piden apoyo del pueblo. El pueblo, a su vez, les dará el mismo apoyo que este gremio y muchos otros le han dado cuando han subido la gasolina u otros rubros que no les afecta directamente porque en Colombia cada quien va por sus propios intereses.
Para febrero se espera un nuevo integrante de la Junta Directiva del Banco de la República nombrado por Petro. Si el presidente llega a tener mayoría en la Junta, olvidémonos de que vamos a comer en 2025, porque de inmediato logrará encender la maquinita de hacer plata. Cuando comience la emisión de moneda los colombianos tendremos que marcharnos del país para escapar de la miseria, o aprender a hacer figuritas de papel con los billetes que no tendrán valor alguno. Todos seremos millonarios, porque tendremos muchos millones de pesos, aunque no sirvan para comprar nada. Se prevé que 2025 sea el año del desempleo por el cierre de las pequeñas y medianas empresas, las más afectadas por el proceso de estanflación (estancamiento con inflación); esto, como producto de la radicalización de las medidas socialistas de Petro, que continuará adelante, más decidido que nunca, por la senda que nos conducirá al peor de los socialismos.
Las EPS’s terminarán de quebrarse gracias al ilegítimo, y el sistema de salud estatizado las vendrá a sustituir. Si ya de por sí resulta un calvario pedir una cita médica con un especialista o reclamar medicamentos, no digamos lo que será cuando todos los buenos médicos se hayan marchado del país y quedemos en manos de los activistas cubanos con bata, o cuando tengamos que estar sometidos a la voluntad del gobernante de turno para poder acceder a un medicamento, condicionados a tener que brindarles el apoyo político o a sacar el “carné de la patria”, por ejemplo, para aspirar a algún ínfimo derecho ciudadano.
Y si de seguridad hablamos para 2025, no esperemos que las fuerzas del Estado nos protejan, cuando las guerrillas y los grupos terroristas serán los que tendrán el dominio total del territorio, todo con anuencia del sinvergüenza. Les ha permitido imponer su ley de terror de tal modo, que no dudemos que el año que se viene estos grupos se conviertan en el nuevo ejército de Colombia, no para proteger a la población, sino para apuntalar la dictadura y oprimir a todo el que no esté con ellos.
El año que se viene probablemente nos sorprenda con los apagones, los racionamientos de agua y la restricción del uso de internet, para que estemos preparados. Aparte de que como el gas será importado desde Venezuela, tendremos que pagar unas tres veces el aumento del precio en la factura. Quienes pretendamos tener una voz disidente en redes sociales, preparémonos para la agudización de la persecución por parte de las bodegas petristas, pues tendrán los colmillos todavía más afilados para acabar con los críticos de su mesías. Ya saben, es un año preelectoral, y el sinvergüenza prepara el escenario para su reelección desde ya.
De manera que 2025 no me produce buena espina a pesar de las proyecciones optimistas de los que insisten en tapar la realidad, o a lo mejor porque a ellos los toca otra realidad. Pero habrá que seguir dando la pelea desde esta tribuna a pesar de todo lo que se tiene en contra. La batalla cultural y política precisa en este momento de más y mejores líderes, y como el mundo está despertando, los guerreros que se sumen no pueden dejarse desalentar por los resultados adversos del presente.
Así que el año que se viene habrá que recibirlo, no con una copa de champaña en la mano para brindar por él, sino con los puños bien cerrados y prestos para enfrentar los duros retos que nos va a ofrecer, porque no me cabe duda de que no será un año muy amable, y que nos propondrá una guerra a muerte. Habrá que dársela sin miramientos.








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