miércoles, 1 de enero de 2025

El año que se va

Por Juan Felipe Giraldo Trejos








     El año que se va no quedará en la retina del planeta por haber sido particularmente un año grato para recordar. Bien puede irse el 2024 al rincón del olvido, porque salvo dos o tres cosas buenas que pasaron a nivel internacional o a nivel deportivo, no hay mayor suceso por rescatar. Un año de esos que expiran con más pena que gloria, pero que también podría ser considerado como positivo dentro de unos cuantos años, cuando se le pueda comparar con los años que vendrán. Bajo el panorama actual del mundo, en donde se están operando cambios importantes para imponerse el nuevo orden mundial, las expectativas no parecen ser alentadoras.

     El año que se va será recordado por haber sido uno de los años más calientes de los que se tenga conocimiento, no sólo por las guerras vigentes que continuaron y no finalizaron, sino por las altas temperaturas que se registraron: 25.02°C en promedio fue la temperatura alcanzada; 0.79°C por encima del promedio histórico de 1991-2020. La temporada de verano en ciudades como Nueva York fue una de las más calcinantes que ha habido en la historia, y los fenómenos ambientales a nivel mundial como los huracanes, las sequías, los incendios forestales y demás, estuvieron a la orden del día, dándole motivos a los calentólogos para alarmar más a la población y anunciar el recrudecimiento del “cambio climático” por causa de la explotación indiscriminada de carbón y petróleo; discurso con el cual se llenan los bolsillos.




     Si nos vamos a Colombia, sería el año de los peores escándalos de corrupción del gobierno, superando lo que fue 2023 y 2022, que ya es mucho decir. Con el destape del escándalo de los carrotanques de La Guajira, en donde además se descubrió toda la podredumbre de la UNGRD y de la millonada que allí se robaron, se inauguró otro hito de la corrupción del régimen de Petro. Resultaron salpicados el director y el subdirector de la entidad, los presidentes de Cámara y Senado, varios congresistas, el director del DAPRE, dos ministros, la consejera para las regiones que fungió como mensajera y que al final fue la única detenida, la asistente del ministro de Hacienda y varios funcionarios intermedios, así como la mano derecha del presidente, que parece tener metidas las garras en todo lo pútrido de este desgobierno, y hasta el hijo adoptivo de este. Eso sí, el presidente salió limpio, qué insólito. Al parecer a Petro todo el mundo se le tuerce por iniciativa propia para favorecerlo a él sin que él lo haya solicitado.

     Y fue ese mismo presidente espurio el que durante todo el año alegó que le estaban fraguando un golpe Estado blando en su contra, mientras era él quien lo ejecutaba a través de las presiones y los sobornos a las cortes y al Congreso para que le aprobaran las reformas, le eligieran fiscal y contralor de bolsillo, y hasta magistrado de la Corte. Fue él quien se tomó el poder y cooptó las instituciones en un claro despliegue de autoritarismo. Los colombianos ni nos dimos por enterados pensando que era un loco, y hasta sus seguidores idiotas tuvieron la desfachatez de decir que a él no lo dejaban gobernar. Habrase visto tanto cinismo.




     El año que se va deja en Venezuela el sabor del fraude, a cargo de otro despreciable comunista, Nicolás Maduro, el dictador que en la cara de todo el mundo se le robó las elecciones a Edmundo Gonzáles, cuyo equipo de campaña sí pudo demostrar que era él quien las había ganado. Maduro se declaró presidente reelecto y se posesionará el próximo 10 de enero a sabiendas de que perdió. La Comunidad Internacional solicitó las actas que la dictadura nunca pudo hacer pùblicas porque quedaba en evidencia. Tampoco hacía falta: el fraude estaba consumado, no habría marcha atrás. Los presidentes demócratas, desde luego, reconocieron la victoria de Edmundo Gonzáles, como el caso de Javier Milei en Argentina y todos aquellos que no son socialistas ni de la rancia izquierda. Sobra decir que el sinvergüenza de Colombia está con el bandido mayor de Venezuela porque él es otro bandido.




     El año que se va fue testigo de la peor inauguración de unos Juegos Olímpicos en la historia: los Juegos de la Degeneración Olímpica, presentando un evento para burlarse de los valores de la fe cristiana y hacer gala de la inmoralidad sexual y del wokismo que tiene perdida a toda una generación. Serán recordados porque fueron los juegos en los que se aplaudió que hombres que se creen mujeres puedan golpearlas en torneos de combate físico, por ejemplo, o derrotarlas en deportes en donde en nombre de la “igualdad de género”, se evidenció la desigualdad más humillante. No me imagino lo que será el mundial de fútbol en 2026 si se mantiene la tendencia de estas ideologías degradantes que se hacen llamar progresistas.




     La Selección Colombia, por su parte, nos ilusionó y al final nos decepcionó en la Copa América, donde por primera vez en mucho tiempo teníamos un equipo competitivo como para soñar con ser campeones. Pero fue la Argentina de Messi (sin Messi, que salió lesionado) la que nos dio un golpe de realidad y nos venció en tiempo suplementario con un gol que fue producto del descuido y de la falta de testículos para al menos prolongar el resultado y forzar a los penales. Sólo que como los argentinos sí tienen las pelotas que a los colombianos nos hacen falta en el futbol, y además sí están acostumbrados a ganar, nos quitaron la Copa América, y nos tocó conformarnos con el segundo lugar que, de paso, es lo mejor que hemos conseguido en más de veinte años. ¿Qué más queríamos?




     Dentro de los hechos positivos a nivel internacional para quienes apoyamos el patriotismo y desdeñamos el globalismo, el triunfo de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos por segunda vez fue un triunfo celebrado por todos los buenos derechistas en el mundo. Yo, personalmente, gocé con las lágrimas de los progres, que se creen los adalides de la paz y los derechos humanos, y no han hecho otra cosa que favorecer el crimen, las guerras, la inmigración ilegal descontrolada, el consumo de droga, la descomposición social y familiar y la exacerbación de la diversidad sexual hasta niveles intolerables, entre otras depravaciones. El triunfo de Trump representa esperanza, no tanto por la persona de Trump, sino por las políticas que este promueve, las cuales van en consonancia con los valores patrios, el rescate de la familia, la libertad y la propiedad de la mayoría de los ciudadanos, antes que en el otorgamiento de privilegios a las minorías ruidosas y beligerantes. Si en plena campaña le hicieron tres atentados, y uno de ellos por poco lo mata mientras daba una conferencia a sus seguidores, es fácil suponer que muchos poderosos a los que les conviene la fragmentación y el posterior desmoronamiento de los Estados Unidos verían en peligro su posición con la llegada de Trump. Por ende, si lo intentaron asesinar era porque algo estaba haciendo que no le convenía a los asesinos.




     Biden, por su parte, demostró que era un inútil para ser el presidente, y hasta sus amigos del Partido Demócrata lo traicionaron y lo reemplazaron con la Francia Márquez norteamericana; es decir, con Kamala Harris, cuyos únicos argumentos fueron decir que venía de una familia pobre, luchadora, negra, que se había hecho a pulso, y como quien dice, los estadounidenses tenían la obligación de votar por ella. A Dios gracias que le fue peor de lo que le fue a Biden, porque se quedó esperando los supuestos 81 millones de votos que recogió su jefe político en 2020 y que esta vez no se vieron.

     Por su parte, 2024 fue el año del recrudecimiento de la guerra de Israel contra Hamás en Palestina, Líbano e Irán. Tal parece que el apoyo que obtienen los grupos terroristas islámicos por parte de gobiernos internacionales empeñados en destruir a Israel es lo bastante generoso como para tenerlo de enemigo de todo el Medio Oriente. Mientras tanto, Israel se defiende, pero mata civiles en el conflicto. Los daños colaterales que provoca son tan gravosos como los ataques a los que se ve sometido. Por desgracia, es una guerra de nunca acabar, porque los terroristas se camuflan en escuelas donde hay niños, en iglesias y en hospitales, poniendo a la población civil como escudo.




     El año que se va pierde a una gran periodista en Colombia, pero gana a una candidata presidencial. Vicky Dávila decidió lanzarse a la política, y como es una mujer valiente que le ha hecho una férrea oposición al sinvergüenza, yo le deseo todo lo mejor. Ella podría ser la outsider que necesita este país hastiado de los politiqueros. Creo que tiene carisma con la gente, pero no sé si tendrá la gallardía de gobernar con un ideario político de derecha, pues al parecer no quiere que la cataloguen en ningún bando. Lo malo es que en política hay que definirse, y no sé si ella sea capaz de asumir posiciones radicales para la defensa de la vida, honra y bienes de los colombianos sin contaminarse de la politiquería mañosa que se ha robado al país.




     Otros escándalos se destaparon durante el 2024. Diddy Combs, el rapero y productor musical estadounidense, fue descubierto y puso a temblar a medio Hollywood. Se supo que sus festines eran una oda a Sodoma y Gomorra, con menores de edad incluidos, con homosexualismo, drogas, prostitución, abuso sexual, videos pornográficos, armas y toda la putrefacción que se puedan imaginar. Los testimonios son contundentes, y más de una estrella de la política y de la farándula tiene miedo de que el rapero llegue a presentar pruebas. Su carrera está en las manos de Combs.

     También en 2024 los reguetoneros más “prestantes” del país se reunieron a crear en un estudio lo que sería el hit musical del año, y lo que resultó de allí fue una apología a la pedofilia, en una canción en la que sexualizaban a una niña de 14 años. Una vergüenza si pretendían que este bodrio sería lo que representaría a Colombia ante el mundo, tanto que decidieron titular ese fiasco con el código indicativo telefónico colombiano, +57. Estas son las figuras que están teniendo influencia sobre la juventud, de modo que no hay razón para extrañarnos ante el aumento de las cifras de prostitución infantil y abusos sexuales. No es el arte el producto que refleja a la sociedad, sino la sociedad la que es moldeada por los medios, la cultura y el arte.




     Por ello también en 2024 aprovechó la "modelo" de OnlyFans, Lily Phillips, para estar con cien hombres en un día y ganar seguidores, convirtiéndose en un hit en las redes sociales; un referente de las principiantes que recién empiezan en el negocio de la prostitución “virtual” como la alternativa económica más viable para las jóvenes de estos tiempos. Muy mal tenemos que estar como sociedad para promover esto. El año que viene nos prometió estar con mil.




     Y así, con el año que se va se fueron otros que ya no estarán el año que se viene, y que tal vez, sin saberlo, se salvaron de nuevos sufrimientos y dolores, pero se perderán también de nuevos gozos y alegrías, porque esa es la vida. En 2024 se despidieron reconocidos personajes, ya fuera por causa de la naturaleza, del destino, o de la vileza humana: políticos, científicos, periodistas, cantantes, deportistas, actores, escritores, artistas en general, espías y hasta delincuentes; en fin, gente mala y gente buena a la que le llegó su momento y que esperamos que para el 2025 sólo sea gente mala. Se fueron, en 2024, Sebastián Piñera, Alexei Navalny, Alberto Fujimori, Sasha Montenegro, O.J Simpson, Franz Beckenbauer, Paul Auster, Shannen Doherty, Liam Payne, Cesar Luis Menotti, Alain Delon, Mario Zagallo, Silvia Pinal, Jimmy Carter y algunos más; y en Colombia: Piedad Córdoba (eso dicen), Manuel Paredes, Rodolfo Hernández, Leonor Gonzáles Mina (la “Negra Grande” de Colombia), la “Gorda” Fabiola, Pedro Sarmiento, Julio Sánchez Vanegas, Omar Geles, Sandra Reyes, Margalida Castro, entre otros. Paz en su tumba.

     Ese fue el año que se fue, a esta hora, cuando no he terminado de escribir esta columna y ya es 1 de enero por la noche, porque el tiempo no da tregua, y ya me pone a pensar en el año que se viene. Aunque ya se nos haya entrado agresivamente el 2025, feliz año para todos.




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