Hay guerras en las que no se puede entrar y peleas que es mejor no cazar por más respaldo que se tenga de un aliado poderoso. Volodímir Zelensky lo tenía que haber entendido desde el principio: no haberse prestado para que Rusia le declarara la guerra y lo invadiera en 2022, por un lado; y por el otro no haber llegado con la actitud soberbia con la que llegó a La Casa Blanca esta semana para intentar firmar un acuerdo de paz mediado por el presidente Trump, con quien al final salió cazando una pelea innecesaria. No entendió que no podía entrar en guerra con Rusia y que tampoco podía pelearle al presidente de los Estados Unidos, máxime cuando el respaldo del “poderoso” Estados Unidos regido por el otrora presidente Biden ya no existe. Ha llegado un nuevo alguacil a la comarca del planeta, y Zelensky lo debió haber entendido.
Pero también los medios de comunicación hegemónicos debieron de haberlo hecho. Parece que no supieran de geopolítica, o más bien se hicieran los que no saben. Claro, a ellos los financian grupos poderosos a quienes les conviene cambiar la percepción de las cosas para poder seguir en su empeño de perpetuar la guerra: una guerra que en tres años ya ha costado alrededor de 12.162 muertos, incluyendo 169 niños. Por eso exhiben titulares como “Trump humilla a Zelensky”, o “Trump ataca a Zelensky llamándolo dictador sin elecciones y se pone de parte de Putin”. Toda una verdad a medias, lo que equivale a decir que es una mentira.
Luego el espectador desprevenido y sin formación política se come el cuento de que ahora Estados Unidos es pro-Putin y que apoya al tirano de Leningrado, y que abandonó a la pobre Ucrania en su guerra contra la poderosa y desalmada Rusia. Desde luego que Trump se refirió en esos términos de Zelensky, cosa que no está bien, pero no porque ahora tenga una alineación especial con el dictador ruso, sino porque entiende que hay guerras que no tiene sentido pelearlas, como esta guerra aupada por el globalismo. Y mucho menos él, como presidente de los Estados Unidos, continuará financiando el desangre en Ucrania, como al parecer sí quieren los de la Unión Europea.
Sabe que la guerra hay que pararla a toda costa, porque la historia ha demostrado que aquellos a quien la primera potencia del mundo ha apoyado en sus conflictos contra los rusos, después se vuelven contra ella. Baste nombrar el caso de los talibanes, en un principio armados y financiados por los Estados Unidos en la lucha contra el comunismo soviético, y posteriormente sus más encarnizados enemigos.
Trump no quiere que eso se le devuelva. De hecho, le ha reclamado a Zelensky que varios misiles norteamericanos que el gobierno anterior de los Estados Unidos envió a Ucrania como parte del paquete de ayuda militar hayan resultado en poder de los grupos terroristas como Hamás o de los narcos mexicanos. ¿Qué pasó entonces con la ayuda militar? ¿Están vendiendo las armas gringas a los enemigos de los gringos? ¿En qué han invertido los más de 350 mil millones de dólares que Estados Unidos (en cabeza del senil) le ha enviado a Ucrania para continuar la guerra sin que a la vista haya redundado en un parte de victoria para el pueblo ucraniano?
Por cosas como estas es que Trump entiende que esa guerra hay que detenerla, y lo mejor para Estados Unidos y para la preservación de la paz mundial es cortarle su financiación. No más armas para Ucrania, no más dinero, no más insultos para Putin, no más leña para el fuego. Ya Rusia puso sus condiciones de negociación y espera que Ucrania se las acepte sin revirar: el tiempo en el que Putin solamente pedía neutralidad, que fue a las tres semanas de haber iniciado la guerra, ya pasó. Esa oportunidad de detener el derramamiento de sangre y el desplazamiento de la población se perdió cuando Zelensky, la Unión Europea y los Estados Unidos de Biden se empeñaron en azuzar la candela y hacer que el conflicto escalara a proporciones irreversibles. Ahora Putin, el poderoso, el que cuenta con apoyo popular y armamento nuclear, ya está en la fase de exigir territorios, áreas de influencia y reparación de daños, además de poner nuevo gobierno en Ucrania que sea afín a sus intereses.
En cambio para Zelensky, con la llegada de Trump, se perdió la guerra. Es tiempo de sentarse a negociar con la cabeza gacha y saber que ha sido derrotado. Ucrania nunca estuvo si quiera cerca de ganar la guerra, pero eso era lo que los noticieros hacían creer para que los fabricantes de armas se siguieran llenando los bolsillos y la “ayuda” continuara. Zelensky se presentaba a cuanto evento público se realizaba en el mundo de la farándula y del espectáculo político y era aplaudido como un líder de paz, aunque en el fondo era a él a quien más convenía que la guerra se prolongara con semejante cantidad de dólares que recibía su gobierno. Pero el "chorro" se le acabó y el grandulón que antes lo respaldaba ahora le pide que más bien arregle con el matón de la cuadra, y no porque lo apoye, sino porque sabe que hay peleas que no se pueden dar.
Esto fue lo que Trump trató de hacerle entender a Zelensky, ayer viernes 28 de febrero, durante la conferencia de prensa que sostuvieron en el Despacho Oval de la Casa Blanca en compañía del vicepresidente JD Vance, y de la cual resultó una confrontación en la que el único derrotado fue el presidente ucraniano, quien optó por la actitud de insultar a Putin, poner cara de pocos amigos, vestir un traje como para invocar el luto, levantar la voz, enfrascarse en un careo con Vance y después con Trump delante de los medios, para luego quedar como una víctima ante la prensa mediática, que no dudó en ponerlo en el bando de los oprimidos. Sólo que Trump le puso las cosas muy en claro: “con nosotros tienes una carta. Sin nosotros no tienes nada”. Y reiteró que no está de parte de uno ni de otro, sino un poco tratando de entender ambos puntos de vista: “si no me alineara con ambos, nunca obtendría un acuerdo”, respondió cuando le preguntaron por qué había ido a negociar con Putin.
Desde luego, no se firmó ningún acuerdo de paz por el momento. Zelensky salió casi que echado de la Casa Blanca por haber ido bravear al presidente de los Estados Unidos, que al parecer es el único interesado en que el conflicto termine, no sólo por el bien de su nación y del mundo, sino también porque necesita que Ucrania le pague a través de los minerales todo lo que el gobierno anterior le envió en dinero. Porque esa plata, según Trump, no es un regalo del gobierno americano, sino que Ucrania se la tiene que pagar.
Lo que de pronto Trump ignora es que Zelensky no tiene cómo devolvérsela. Ya se gastó la plata y ni él mismo sabe en qué. Ya firmó acuerdos de explotación de sus minerales con Reino Unido[1] y la Unión Europea, y no puede echarse para atrás. Si firma la paz y le cede parte de su territorio a Rusia, los neonazis en Ucrania, que en un principio lo apoyaron, lo terminarán asesinando. Si le paga a Trump con sus minerales y “tierras raras”, los ingleses se pondrán muy molestos y tomarán otras represalias económicas. Si hace la paz, tendrá que irse del poder por orden de Putin y terminará en la cárcel, porque sabe que van a investigar la destinación de los recursos para la guerra con los que él posiblemente se ha usufructuado, además de que ya no tiene apoyo popular.
Sí, Zelensky está perdido porque se metió a dar una pelea que no podía dar, a una guerra imposible de ganar, azuzado por el fortachón de turno que al final lo dejó solo, porque hasta ese peso pesado entendió que, dadas las circunstancias, lo mejor era retirarse.
La única carta que le queda a Volodímir es Trump. Más le vale ceder, porque en toda negociación siempre hay algo que perder. Pudo haber perdido menos si hubiera firmado un acuerdo a tiempo. Pero ahora, ad portas de la Tercera Guerra Mundial, cuando ya no tiene ni gente para pelear porque ha tenido que reclutar hasta ancianos a la fuerza, la única salida que les queda, tanto a Zelensky como a Putin, es firmar la paz que les garantiza Trump.
Habría sido muy bueno que Ucrania hubiera vencido, que le hubiera dado una lección al peligroso Putin, pero no hay nada que hacer. Por desgracia, está condenada a ser parte de la antigua Rusia y por tanto a ser considerada bajo un área de influencia de la que no se puede salir y en la que hay un actor poderoso al cual se tiene que subordinar.
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[1] Associated press. (16 de enero de 2025). El líder británico llega a Ucrania para mantener conversaciones de seguridad con Zelensky antes de la investidura de Trump. CNN. https://cnnespanol.cnn.com/2025/01/16/mundo/reino-unido-starmer-ucrania-zelensky-pacto-ap





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