sábado, 22 de marzo de 2025

La lucha por el sentido común

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

(Ensayo)







     Cuando uno oye la expresión "el sentido común es el menos común de los sentidos", indefectiblemente tiene que concluir que algo anda mal en el mundo. Porque lo que tiene sentido es aquello que es considerado prudente, sensato, lógico, válido, razonable, etc. Y lo que se entiende por común es eso que predomina en el colectivo humano, en la sabiduría popular, en el constructo de los conocimientos fundamentados en la experiencia de la comunidad; en fin, en lo que identifica a los grupos sociales y que ha sido clave para su desarrollo. Lo común es lo compartido a nivel del sistema de creencias y de valores: lo que nos identifica como cultura.

     Hablar entonces de una pérdida de sentido común es hablar de una pérdida de identidad, de coherencia y objetividad. Hablar de lo poco que hay de común en el sentido es reconocer que estamos inmersos en la cultura de la insensatez, la imprudencia, la irracionalidad y la individualidad exacerbada, o lo que es lo mismo, del egocentrismo.

     Hoy, cuando las malas ideologías nos abruman y se han vuelto tan populares los gurús de internet que aconsejan a otros sin haber podido resolver su propia vida, asistimos al ocaso del sentido común gracias a una ideología que ha cobrado vida en los últimos años y que se ha derivado del modo de pensar progresista tan caro a esta sociedad posmoderna. Esa ideología tiene nombre propio: el wokismo.




     La profesora Mamela Fiallo, en un artículo de prensa para el PanamPost nos dice que el término woke tiene su origen (si no lingüístico, sí pragmático) en la década de los setenta, coludido con la revolución sexual y sobre todo con el consumo de drogas psicotrópicas. “En nombre de una supuesta expansión de la conciencia, las principales corporaciones de la actualidad [pretendían] cambiar el lenguaje para lograr una reforma social”.[1] Recordemos que las consignas de aquella época por parte de la juventud eran mayoritariamente en contra la Guerra Fría y sus guerras satélites en todo el mundo ante la amenaza de una Tercera Guerra Mundial, por lo cual el llamado era a la paz, a la práctica del amor libre y la fraternidad entre los pueblos. Eran consignas idealistas que pretendían bajar el paraíso a la tierra, pero que eran tan imposibles de poner en marcha para la coyuntura que se vivía en ese tiempo, que al final no pasaron de ser retóricas de hippies trasnochados.

     También pedían una revolución y un cambio de sistema, alineándose mucho más con el bloque de las izquierdas socialistas (esas mismas que eran responsables de más de 160 millones de muertos en URSS y en China), a quien miraban con cierta simpatía, en razón de que la cultura consumista que había traído el capitalismo les parecía la causa de la infelicidad humana. El capitalismo también había dejado sus propias víctimas, y ellos, como hijos de ese sistema, eran los primeros afectados por no poder vivir en un planeta en paz: las primeras víctimas de un sistema de opresión. Ahí se fundamenta lo medular de la narrativa del wokismo, que no es más que la exacerbación del victimismo en todas las relaciones del hombre con sus semejantes y del hombre con su entorno. Una relación que deja como resultado dos bandos: el de los opresores y el de los oprimidos, y de ahí que haya que buscar alguna forma de pertenecer a los segundos mediante la fragmentación de los relatos sociales y la intersección de todos los "sistemas opresivos" que puedan llegar a determinar.




     El problema se agrava cuando el wokismo, al dividir a la sociedad entre opresores y oprimidos, absolutiza las particularidades de cada uno. Al que se le ha metido en la bolsa de los opresores se le juzgará por sus condiciones raciales, sexuales, económicas, religiosas, políticas, étnicas, culturales y demás, en lugar de juzgársele por sus hechos determinados en un tiempo determinado y en un lugar determinado. De la misma manera sucede con el que se encuentra en el bando de los oprimidos, sólo que dicho juzgamiento se hará de manera benéfica. Recordemos que el “oprimido” tiene rotulado el cartel de “víctima” en la frente. No hay lógica en este discernimiento al que la ideología le ha dado por catalogar como “discriminación positiva”, lo cual sería como una discriminación al revés. Una vez más, una pérdida de sentido común desconsiderada.

     En tanto que opresor, todo lo que este haga se torna malo. En tanto que oprimido, sus actos son buenos per se, justificables y hasta encomiables. El oprimido es la envidia de la sociedad porque su condición le ha valido para ganar privilegios a través de leyes y políticas estatales. El Estado es su medio para equilibrar las cargas. El woke no exige igualdad ante la ley, sino igualdad mediante la ley, o a costa de la ley.




     Como se ve, el wokismo no tiene límites, no cesa de esparcirse como un virus maléfico; en todo busca una relación opresiva como si quisiera encontrar oro con el cual poder dinamitar los cimientos de las relaciones humanas. Es cierto que históricamente el progreso de la humanidad es una resultante de batallas entre vencedores y vencidos, dominadores y dominados, explotadores y explotados, pero siempre al nivel de las grandes gestas, las conquistas de territorio, las fundaciones de las civilizaciones, el establecimiento de los reinos, los imperios y las naciones. Así es como eternamente ha sido. Los individuos siempre diferentes, nunca iguales, y en esa división que la naturaleza propuso entre fuertes y débiles, la ideología woke irrumpe para tratar de equilibrar las cargas a través de la autoridad de turno: como el débil no se pone al nivel del fuerte, lo que se hace es debilitar a este último.

     ¿Saben los lectores cuál es el trasfondo de esta mecánica igualitaria? La distribución de la riqueza, los bienes, los servicios, la propiedad: socialismo puro y duro. Todo woke en el fondo es socialista y todo woke quiere que se le de a él, a través del Estado, lo que por sus propios medios no ha sabido ganarse para sí.







[1] Mamela Fiallo, Manual trans para prensa: “lenguaje inclusivo” fuera de control en AP. Panam Post. Julio 23 de 2022. Disponible en https://panampost.com/mamela-fiallo/2022/07/23/manual-trans-para-prensa-lenguaje-inclusivo-ap/ Última visita: 05/08/22


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