sábado, 29 de noviembre de 2025

El candidato es Cepeda

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

(Columna)







     Parece que la reciente encuesta de Invamer sobre intención de voto del ciudadano colombiano para las elecciones presidenciales de 2026 ha dejado un mal sabor de boca entre quienes no queremos que el país termine de perderse. Parece que los vaticinios de la firma encuestadora, y quien sabe si los deseos también, es que esta aporreada nación se vaya de una vez para la mierda, que no por casualidad rima con izquierda.

     Algo debe haber podrido en Colombia para que después de tres años el pueblo quiera repetir la dosis de esa palabra que escribí en cursiva en el párrafo anterior. (Cualquiera de las dos, porque son lo mismo). O algo debe haber podrido en las encuestas una vez que están poniendo a liderar al candidato comunista del régimen, Iván Cepeda, con un 45,6% de la intención de voto si las elecciones se realizaran el próximo domingo.

     La verdad es que resulta difícil de creer, si después de estos tres años y tres meses de pesadilla que hemos vivido con el desgobierno del aprendiz de tirano vicioso, su heredero político es el que se alza con el favoritismo. Y sobre todo tratándose de un sujeto mucho más capacitado para hacer el mal que su mentor, porque a ese individuo no le preocupa en lo absoluto justificarse ante el pueblo para cometer sus fechorías.

     Como lo dijo algún analista contradictor del sinvergüenza: Petro es un bebé al lado de Iván Cepeda. Estaba queriendo significar que Petro no es ni la mitad de perverso de lo que podría llegar a ser su pupilo. Por una parte, la incompetencia de Gustavo Petro es innata. Ni con toda su enfermedad mental y su megalomanía ha podido destruir al país, pero lo tiene agonizando. Al sinvergüenza le falta capacidad de ejecución: sus vicios y sus delirios de grandeza no lo dejaron aterrizar en la realidad. Para cada salida en falso siempre tuvo un trino infinito y retórico que le excusara de su mediocridad. Petro se quedó viviendo la fantasía de un mesianismo enfebrecido que solamente se concretó en su alucinada cabeza. 




     Cepeda, por su parte, tiene algo que Petro jamás tendrá: disciplina. No es un malo mediocre, sino uno muy acucioso al que no le interesa el reconocimiento mundial ni la simpatía de los biempensantes del poder global. Se hace el recto, pero es un trásfuga que no tiene límites cuando de perseguir a sus opositores se trata, o cuando de apoyar a criminales de lesa humanidad también. Se ha reunido a la vista de todos con los terroristas de las Farc bajo el supuesto de la falsa paz. Los ha acompañado, los ha defendido y hasta les ha agradecido por ser lo que son. No en vano existió el frente guerrillero Manuel Cepeda Vargas, en honor a su padre. Pues Iván Cepeda es de esa línea ideológica de la guerrilla de las Farc. Se vende como un hombre de paz, pero en realidad es quien ha estado del lado de los que han masacrado a los colombianos. No tendrá ningún reparo para llevarse el país por delante. Exhala odio y resentimiento contra esta patria por todo su cuerpo, al punto de que —dicen las malas lenguas—, su olor lo delata. Por algo es conocido en el bajo mundo de la libertad de expresión popular como muela picha.

     Pero así Cepeda sea otro imbañable comunista, no hay que subestimar su capacidad de hacer el mal. No es un desequilibrado mental como Petro, ni se conoce que sea esclavo a sustancias estupefacientes. Su vida personal no tiene la naturaleza aberrante que tiene la del “líder intergaláctico”, pues al menos en público tiene otra forma de conducirse. Tampoco le interesa codearse con la realeza, ni lucir las grandes marcas de ropa, ni robarse el foco de las miradas. No sueña con pasar a la historia como un líder mundial. Si Petro es el comunista de caviar que sólo busca ser agasajado y reconocido en cuanto coctel y foro de zurdos se encuentra por el mundo, Cepeda es el comunista de pantano y de trinchera; el guerrillero de doctrina y de milicia, de esos que escasamente se afeitan y que ni se lavan los dientes. Bastaría ver su aspecto para inferir que en su persona habita un espíritu rebelde de naturaleza caída. Porque creció viendo a su padre entregando su vida por la causa subversiva. Se educó en la Bulgaria comunista durante los años de la Guerra Fría, apoyó la Revolución Cubana y le agradeció a Fidel Castro por su “contribución inmensa a la paz de Colombia”. Toda su actividad política ha estado enmarcada por la defensa del comunismo. Por tanto, es un comunista doctrinario y sectario. Lo tiene interiorizado desde pequeño, y está dispuesto a morir por esa ideología llevándose por delante a cincuenta millones de colombianos. Odia la propiedad privada (menos la de él), pero apoya la causa que ha destruido las libertades económicas y civiles de los ciudadanos en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua. 




     Si de lo que se trata es de empujar a Colombia al más profundo de los abismos, el candidato es Cepeda. El huracán Cepeda al que están inflando en las encuestas sería diez veces más destructivo que el huracán Petro, al que todavía le restan poco más de ocho meses para seguir devastando todo a su paso. Sólo que Cepeda sería mucho más activo, más incisivo, más estructurado, más metódico. Su plan es muy simple: aplicar a rajatabla el Manifiesto del Partido Comunista y encarcelar a todo disidente que no esté de acuerdo con su forma de pensar. Así llegó a erigirse como candidato presidencial: ofreciendo demandas a dos manos a sus enemigos. El proceso judicial (al final fallido) que encabezó contra Álvaro Uribe fue lo que lo catapultó a las arenas de la contienda presidencial, ya que de propuestas no hay nada en la cabeza de este sujeto. Ya lo veo censurando medios, enjuiciando opositores, silenciando conciencias. Ya lo veo instalando Gulags en el Catatumbo o en el Páramo de Santurbán para llevar allí a los que insistan en oponerse a su régimen.

     Si lo que busca Colombia es una dictadura clásica de corte estalinista, no me queda duda de que con este simpático y risueño prospecto de dictador lo conseguiría con éxito. Una vez más, el candidato para lograr eso es Cepeda. Por su “carisma”, por su “amor a la humanidad”, por su “devoción a la patria”. De sobra está advertirles mi sarcasmo. 
   



     Pero si las encuestas van a comenzar a posicionarlo en el primer lugar de la intención de voto es por algo que subyace en unos intereses bastante oscuros que hay detrás de los que manejan la opinión pública: dar por hecho que la izquierda extrema estará, sí o sí, en segunda vuelta, y que la “derecha” no tendrá chance en esta elección. Sugerir que la derecha, la verdadera derecha en cabeza de Abelardo De la Espriella perdería en una eventual segunda vuelta con Cepeda, es darle aire a los candidatos del centro y de la centroderecha que se quieren vender de derecha, pero no les alcanza para eso. Son politiqueros de oficio que toda la vida han vivido del Estado y que muestran sus credenciales de experiencia para decir que ellos son los únicos que pueden arreglar este desbarajuste porque sí saben cómo llevar las riendas del Estado. Si tanta experiencia tienen, ¿por qué no han hecho nada en todos estos años que llevan de políticos?

     Sí, la intención secreta de la encuesta es vendernos al centro tibio, a Fajardo, a los santistas, a los progres que se hacen llamar independientes y que a la hora de la verdad están con el Establecimiento. La intención es aterrorizar a la gente para vendernos al centro como lo más sensato para no perder en segunda vuelta, y a Abelardo de la Espriella como un extremista de derecha que no ganaría nunca. La intención, incluso, es vendernos a Cepeda como un moderado, porque la casta política que maneja los hilos de este país no le teme realmente a muela picha, con el que terminarán pactando, sino al outsider De la Espriella, que recortaría sus privilegios y les quitaría su poder político y electoral. Y si hay algo a lo que le teme un político de oficio, es a perder la teta que toda la vida le ha dado de mamar. 




     Por eso nos quieren inflar a Cepeda, para irlo posicionando, metiendo poco a poco en la conversación, aunque la mayoría del pueblo no quiere un segundo Petro en cabeza ajena. Ya analizaremos en otra columna la belleza de candidato que nos quieren vender como la renovación y el camino hacia la paz. La cloaca hay que destaparla.

     Por lo pronto, no sobra advertir que mientras la izquierda está unida en torno a un segundo mandato del petrismo, o en este caso al mandato de las Farc; la derecha, o lo que el país conoce como derecha, está dividida. Cepeda va solo, nadie lo critica, hace campaña por todo el territorio y los delincuentes garantizan su protección. Aparece ganando, las encuestas le ayudan. A De La Espriella, por el contrario, todos lo atacan. La misma aparente derecha se canibaliza y le hace el mandado a la izquierda extrema. Pero son los del centro tibio; no son derecha. En su mayoría ex ministros de Santos, politiqueros de poca monta, junto con una periodista manipulada por un grupo económico y un militante de las ideologías de la nueva izquierda que atentan contra la familia.

     Mucho cuidado, compatriotas, con el país que queremos para el futuro. Si lo que queremos es cambiar el rumbo de esta nave extraviada, hay una esperanza que está en el clamor popular, no en los políticos de oficio ni en los tecnócratas. 




     Si por el contrario, lo que queremos es hundirnos definitivamente y ser un Estado fallido como el venezolano, el candidato es Cepeda, no tengan duda: el continuador de un trabajo de demolición nacional para someternos poco a poco a un poder estatista que nos subyugará por el hambre y la debilidad, lo cual se traduce en comunismo puro y duro. La elección de Iván Cepeda será sellar nuestro definitivo de derrota y desesperanza, porque ese destino ya comenzó hace tres años con la elección de Gustavo Petro, y urge hacer algo para torcerlo. El pueblo lo pide a gritos.









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