sábado, 8 de noviembre de 2025

Una nueva Cuba llamada Nueva York

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

(Columna)







     Nueva York, ciudad demócrata por excelencia, ha dejado todo listo para asistir a su propio funeral en un par de años: Zohran Mamdani, el candidato socialista musulmán a la alcaldía, acaba de ganar las elecciones.

     ¿Acaso es que Mamdani será tan malo que sepultará a Nueva York en la más abyecta miseria? ¿Acaso no será mejor dejarlo gobernar y esperar a ver qué pasa? Bueno, basta leer tres o cuatro propuestas de su programa político para darse cuenta de que La Gran Manzana se convertirá dentro de poco, en una nueva Cuba dentro de los Estados Unidos. Tal vez peor, porque Cuba no tuvo nunca tanto que perder como sí lo tiene hoy la capital del mundo, el corazón del capitalismo mundial.

     Lo que va a hacer Mamdani en su período como mayor de la ciudad es aplicar los postulados del Manifiesto Comunista, pero a su manera, o más bien a la manera de la nueva izquierda. Para ello se valdrá de los nuevos sujetos revolucionarios de los que habla esta doctrina a través de ideologías como el progresismo y el wokismo. Como escuché en algún programa de opinión, los supermercados de Nueva York prontamente estarán vacíos, pero habrá muchos carteles de inclusión y de equidad.

     El escenario es pavoroso. Miremos por ejemplo la propuesta de desfinanciar a la Policía con el propósito de eliminar este cuerpo de seguridad. Si ya las calles de la ciudad no resisten un drogadicto o un criminal más, no me imagino la anarquía que sobrevendrá cuando ya no haya policía a la que temer por parte de los delincuentes, ni protección alguna para el ciudadano honrado que quedará abandonado a su suerte. Para Mamdani, como para todo progresista, aplica el postulado foucaultiano de que el crimen es una construcción social. De ahí que no le interese preocuparse por la seguridad del ciudadano, sino por el bienestar de los hampones. Según su modo de pensar, a los asesinos habrá que llegarles con un grupo de psiquiatras para que los atiendan en lugar de un grupo de agentes que los detengan oportunamente y hasta los den de baja si es necesario. 




     Otra de sus propuestas es la de crear los supermercados comunales, a los que va a obligar a vender a precio de costo y hacer que la diferencia la pague el 1% de los empresarios ricos. ¿Qué incentivos habrá entonces para los dueños de los supermercados si no permitirá que estos obtengan ninguna ganancia? La escasez y la carestía no se harán esperar cuando comiencen a quebrar y a cerrar.
     
     También promete congelar los arrendamientos, lo que va a dar al traste con la propiedad privada. ¿Qué dueño de vivienda va a poder remodelar su propiedad si al final tiene que seguir cobrando lo mismo? Existen en este momento unos 200.000 apartamentos en estado de abandono en la ciudad, a los que los propietarios no han querido invertirle un solo dólar porque les sale más barato dejarlos deteriorar que rentarlos. Con una política de congelación, los inquilinos prácticamente van a vivir en pocilgas viejas, pero con precios estables. Eso sí, para los nuevos arrendatarios no aplicará este “beneficio”, porque prácticamente no encontrarán dónde vivir con dignidad. Se considerarán afortunados si logran encontrar tal vez algún container en donde puedan dormir. Apuesto a que esa será la solución de vivienda a la vista. Al tiempo que congelará los alquileres, Mamdani dice que les subvencionará la diferencia a los propietarios para que no pierdan ese dinero. ¿De dónde sacará esa plata? No se preocupen, pues para ello va a tener que subir los impuestos, aunque haya dicho que no.

     También propone expropiar terrenos para construir edificios comunales, promete transporte gratuito y un salario mínimo de 30 dólares la hora. Promete, en definitiva, aplicar las medidas económicas de los países tercermundistas. Ya saben ustedes lo que pasa cuando se incrementa el salario indiscriminadamente sin tener un respaldo en las cifras de productividad.

     Gran parte de la comunidad judía, sintiéndose amenazada por la llegada de Mamdani, ha decidido que se marcha con sus empresas y sus capitales para otros Estados. Es sabido que Nueva York es el lugar, aparte de Israel, con más judíos en el mundo. Esta comunidad, que tiene sus empresas y genera gran parte del empleo de Nueva York, no quiere estar sometida a una nueva persecución que podría sobrevenirles con la gobernanza de Zohran. ¿Cuántos empleos podrían perderse si se produce una desbandada de empresarios judíos neoyorquinos hacia otras ciudades? 




     Si después de darle un vistazo a estas propuestas nos seguimos preguntando cómo es que un sujeto que va en contra de la más pura naturaleza de la Constitución de los Estados Unidos, y sobre todo de una ciudad como Nueva York ⸺cuna del capitalismo—, ha logrado ganar la alcaldía, es oportuno analizar lo que llevó al radical musulmán a obtener la primera magistratura de la ciudad, y no todo es por mérito propio.

     En primer lugar, siendo Nueva York una ciudad demócrata por excelencia, no es de sorprender que las elecciones hayan estado disputadas entre la facción demócrata tradicional y la facción más radical del socialismo que ha invadido este partido desde hace mucho tiempo. El hecho de que un comunista, como directamente lo llama el presidente Trump, haya ganado la alcaldía, significa que Nueva York ya es un caso perdido y que el votante allí está desesperado y se lanza en busca del primer salvavidas que le tiren.

     En segundo lugar, hastiado incluso de la socialdemocracia tradicional y vetusta que venía siendo abanderada por el Partido Demócrata, el electorado se ha volteado hacia el ala socialista más extrema de este partido, que tiene su germen en el Partido Comunista Estadounidense, el Partido de Jóvenes Comunistas y asociaciones como The People Forum; y que vienen enquistándose desde los años setenta dentro del Partido Demócrata, y hasta ahora está recogiendo sus frutos a través de líderes como Alexandra Ocasio-Cortés, Bernie Sanders, o la misma Kamala Harris. Detrás de Mamdani se encuentran todas estas organizaciones que lo apoyaron, no cabe duda. Por otro lado, también gozó del apoyo financiero recibido por la familia Soros y el globalismo, ambos patrocinadores implacables de liderazgos que conlleven a la fragmentación de los Estados. Nada mejor que apoyar las ideologías progresistas para desarraigar al individuo de su nación, como en efecto se está viendo que ocurre en el mundo. 




     En tercer lugar, Nueva York desde hace tiempo viene en una decadencia sin retorno, y de esa decadencia surgieron productos como Mamdani, que cumplía todas las especificaciones del sujeto patologizado por una sociedad carente de valores. El sentimiento de rechazo hacia todo lo que signifique política convencional es evidente aquí. Sus electores votaron con la emoción, porque lo vieron como el candidato que estaba por fuera del Establishment, pero no analizaron que las soluciones que proponía eran utópicas, irrealizables, imposibles de financiar; además de que no resolverán los problemas de la gente, sino que los agravarán.

     Es así como 57% de los sufragantes latinos votaron por Mamdani, en su mayoría jóvenes. Se vieron representados por un inmigrante igualmente joven como ellos, de 34 años, que además cantaba rap y denunciaba en sus canciones la realidad de una ciudad en caos. Supo llegarles a sus contemporáneos con un discurso que mezclaba problemática real con resentimiento. Ofreció el paraíso y le terminaron comprando su discurso. ¿Saben ellos de dónde sacará el dinero Mamdani para financiar los supermercados comunales y sostener la política de los arriendos congelados de modo que los dueños de las viviendas no las dejen perder por falta de recursos para mejorarlas? No, de seguro no saben, ni les importa, pero votaron por alguien que parecía comprenderlos. 




     En cuarto lugar, los candidatos que había al frente trataron de caricaturizarlo, pero no supieron venderse ellos mismos. No convencieron. Se dedicaron a atacarlo y a pintar estatuas de la libertad con burkas, pero así no se ganan elecciones. No supieron demostrar lo nefasto de las políticas de Mamdani. Del otro lado, los votantes tenían a Andrew Cuomo, otro demócrata comprometido con asuntos de corrupción y abuso sexual que no despertaba buenos sentimientos en la población, porque es un representante de la vieja política de siempre. Su alianza con los poderes globalistas y las grandes corporaciones hizo de Cuomo un sujeto ávido de poder al que no le importaba para nada la realidad de las personas. Por ello Mamdani, con su discurso emocional, llegó prácticamente solo a las elecciones y arrasó.

     A diferencia de Cuomo, Zohran sí supo dar en el clavo de las necesidades de los neoyorquinos, porque hablaba de contextos tan palpables que nadie podía negar que lo que decía no era cierto. Supo leer y diagnosticar muy bien a la ciudad, entender lo que sufre la gente, y con esto se los echó al bolsillo. Supo apuntar sus armas electorales a sectores de la población vulnerables y les habló en su propio lenguaje. Supo decir aquello que los ciudadanos querían escuchar; hacerse reconocer como un caudillo sin apoyo del Deep State, volverse el outsider, el diferente, y eso lo llevó a la victoria. El problema era que las soluciones que ofrecía para esas problemáticas eran completamente absurdas, destructivas, socialistas. Pero eso a la gente no le importó. Su campaña se basó en descifrar los motivos de angustia de la gente del común, copiando lo que hizo Trump en su momento, pero proponiendo modelos de ciudad que ya han fracasado antes en el mundo. Supo hacer política aprovechando el desastre que dejaron sus mismos copartidarios antecesores, pero vendiéndose como si no fuera otro de ellos, sino una figura diferente. 




     En quinto lugar, el sector de derecha fue el que se equivocó en la orientación del discurso de campaña. En lugar de demostrar ellos que sus propuestas eran mejores, se dedicaron a desprestigiar a Mamdani con los asuntos de la fe musulmana, pero les salió el tiro por la culata. La gente no se tragó el cuento aquel de que les iban a imponer el jihad por la fuerza, pues Mamdani, aunque siempre priorizó el hecho de ser musulmán, no derivó ninguna de sus propuestas basado en los dogmas de su fe islámica. 

     Estaba tan perdida la situación en Nueva York entre dos progresistas, que al mismo Trump le tocó apoyar al menos malo para que no ganara el peor, y eso fue exactamente lo que terminó pasando. Fue un error. Apoyar a Cuomo era apoyar a la vieja política, la corrupción, la casta. Al dar este apoyo, Trump y los republicanos perdieron conexión con la realidad. En represalia, con mayor ahínco la gente le votó a Mamdani. Lo que tenía que haber dicho el presidente Trump era haber reconocido que ganara quien ganara, la ciudad estaría condenada al fracaso. De este modo, al menos, los neoyorquinos habrían votado bajo el dictado de su conciencia y no bajo la presión del interés político, que es lo que al votante honesto no le gusta.

     En fin, que las elecciones a la alcaldía de Nueva York se disputaron entre los progresistas y los ultra progresistas. Ganaron los segundos. Así de mal están las cosas en La Gran Manzana que no hay espacio para una propuesta conservadora ni libertaria. Los demócratas se dieron el lujo de dividir el voto, ganando con A o con B.

     Y Nueva York, otrora un paradigma de libertad y desarrollo en los años cincuenta, hoy ha quedado condenada al capricho de un sujeto que hará de la gran metrópoli un decadente y pestilente suburbio de cuarto mundo, pero ahora con políticas inclusivas donde quepan todos y compartan la misma miseria. Bienvenida Nueva York al Socialismo del Siglo XXI.





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