sábado, 22 de noviembre de 2025

Tigre que ruge y muerde

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

(crónica comentada)








     Cuando estaba encinta de ocho meses, la señora María Eugenia Otero y varios de sus parientes se embarcaron en una lancha por el río Sinú con rumbo a una finca en La Mojana, Sucre, donde habían decidido pasar la Semana Santa de aquel año reunidos en familia. Durante el trayecto por el río, y debido al sobrepeso, la lancha zozobró estrepitosamente, quedando María Eugenia justo debajo de la embarcación, imposibilitada para respirar y literalmente ahogándose. Fue la acción heroica de su esposo Abelardo la que la salvó de la muerte, pues sin pensarlo se zambulló en el agua para rescatar a su mujer y a su hijo de ocho meses de gestación. Por fortuna lo logró, aunque el señor quedó a punto de perder la vida en su intento. Los llevaron de emergencia a un centro de salud, y gracias a un milagro, el episodio no tuvo un desenlace fatal.

     Debido a esa marcada experiencia, el niño debía llamarse Moisés, en honor al Moisés del Antiguo Testamento que fue “salvado de las aguas”. Al final decidieron que tuviera el mismo nombre del padre, del abuelo y del hermano mayor: Abelardo. Un mes más tarde, ese niño nació en la ciudad de Bogotá el 31 de julio de 1978, aunque fue criado en Montería, donde pasó su infancia y adquirió su identidad caribe. De ahí que él mismo diga que nació en Bogotá, pero que es costeño. ¡Y vaya que sí lo es! Cuarentaiséis años más tarde su nombre, que ya es una marca reconocida, se está constituyendo en la esperanza para enderezar el destino de la patria que los colombianos estamos perdiendo desde que en mala hora algunos descabezados decidieron votar por la anarquía. Abelardo de la Espriella, así se llama, y es hoy el candidato con más posibilidad de ganar la presidencia de Colombia para el 2026. 




     Colombia está atravesando sus horas más oscuras, es la frase que repite en cada entrevista, como para que seamos conscientes del momento histórico que estamos viviendo. O sacamos el cáncer socialista de la patria antes de que haga metástasis y le destruya su futuro, o el petrismo repite en cabeza propia (no lo descartemos todavía), o en la del terrible Iván Cepeda, y ya no habrá retorno posible.

     Pero a pesar de estarse convirtiendo en un fenómeno político en Colombia, al Tigre, como se hace llamar, lo critican por muchas cosas. Lo cuestionan por su actividad profesional, en la cual ha tenido que defender a personas que después resultaron comprometidas con la justicia o directamente declaradas culpables. Los casos más sonoros son el de David Murcia Guzmán, con el que se destapó el escándalo de las estafas piramidales por allá en el año 2008, y el de Alex Saab, el empresario barranquillero que después resultó siendo ser el testaferro de Maduro y la dictadura venezolana. Ya De la Espriella ha aclarado infinidad de veces a los medios que su profesión liberal no le impedía defender a una persona que, hasta ese momento, no había sido condenada. De hecho, por ley, a todo acusado hay que suministrarle un abogado si no tiene la forma de conseguirlo. Si el ejercicio del derecho en la defensa de un convicto es motivo suficiente para impedirle a una persona aspirar a un cargo público, entonces ningún abogado penalista podría aspirar a la presidencia, porque todos han tenido que representar alguna vez a personas que han obrado por fuera de la ley. Lo cierto es que de ninguno de sus casos controversiales se ha derivado sanción disciplinaria o acción judicial alguna en su contra. 




     También lo critican por ser un show man; por intentar hacer de la política un espectáculo. Es bien sabido que ya la política no es lo que era antes, y que los primeros en hacer de ella un show fueron los gobernantes de izquierda, en especial los del Socialismo del Siglo XXI. No por casualidad era habitual ver a Chávez y ahora a Maduro bailando grotescamente en tarima y hablando sandeces a un pueblo cuyos sueños fueron  arrebatados. Luego la derecha replicó el camino que la izquierda propuso con tan buenos resultados, y por eso ahora está conquistando votos con una metodología emocional. Trump y Milei son un ejemplo de cómo se puede hacer de la política algo más que una contienda electoral. Pero el espectáculo en sí no tiene nada de malo mientras no se engañe al pueblo y se le cumpla.

     De Abelardo de la Espriella el pueblo esperará, si llega a ser presidente, que ponga en marcha todo lo que dijo que podía hacer por Colombia, no importa si su estilo es directo, sin filtros y con algo de folclor, que de eso está plagado el sentimiento patrio. Lo importante es que cumpla con lo prometido. Y si no lo hace por el motivo que fuere, bastará el consuelo de haber votado por alguien que al menos no contribuyó a imponer un sistema socialista, que es lo peor que le puede pasar a una nación.




     Asimismo, se le acusa de exhibir un ego político inadmisible para una campaña en donde se supone que hay que mostrar el lado más humilde. Sólo que Abelardo ya lo lleva consigo sin necesidad de demostrarlo en cámaras. El aprecio que le profesa la gente en todas partes a donde llega se ve genuino. Es un hombre auténtico, desinhibido, sin falsas poses. Dice siempre lo que piensa, y hasta ahora ha hecho lo que ha dicho. Gran parte de la prensa progre lo tilda de ser un “costeño fantoche”, como le dijo una periodista del statu quo bogocentrista. Lo tachan de ser un tipo engreído, prepotente y sobrador por el hecho de que les parece que está prometiendo demasiado: No estoy aquí por vanidad, sino porque soy capaz de hacer lo que Colombia requiere que se haga, responde cuando le preguntan, y un sector del periodismo se alarma de que un abogado salido de la provincia se atreva a decir que sabe lo que hay que hacer y que es capaz de hacerlo; algo que muy pocos políticos de profesión ven con buenos ojos, pues los está haciendo quedar mal. ¿Cómo es que ellos, que llevan tanto tiempo en cargos del Estado no han hecho lo que hay que hacer para mejorarlo?

     En eso, hay que reconocer que Abelardo sí es valiente, y que hasta ahora todo lo que dijo un día que iba a hacer, lo ha hecho, y no con poco éxito. Además de abogado penalista prestigioso ha sido empresario en sectores como el de bienes raíces y el de construcción; en la industria licorera, el sector de las confecciones y el diseño de modas. En un tiempo fue periodista, columnista de opinión, analista político, escritor, y hasta cantante. Nada le ha quedado grande.

     Pero su mejor profesion, dice él, es ser padre de familia. Un padre de cuatro hijos a los que adora y un esposo de una mujer con la que después de 20 años de matrimonio todavía sigue disfrutando de las locuras del erotismo como si fuera la primera vez. De la Espriella es un hombre entregado a su familia, porque conoce el verdadero sentido de esta institución tradicional. Manifiesta abiertamente y sin ambages su posición en contra del aborto, de la ideología de género, del adoctrinamiento educativo en filosofías contrarias a Dios. En esta defensa de la familia tradicional conformada por papá, mamá e hijos, está alineado completamente a la derecha, porque sabe que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad, y que su resquebrajamiento es el vacío del individuo. Basta ver su propio núcleo para entender por qué la gente quisiera quedarse con un modelo familiar como el del Tigre. 




     Por ello anuncia que será frontal contra los criminales, aunque sus oponentes lo tratan de extremista o de ultraderechista cuando lo dice. Está dispuesto a fumigar los cultivos de coca y a bombardear los campamentos de los grupos terroristas, porque la seguridad es el valor fundante de una sociedad. No sé qué hay de extremo en eso. Propone una guerra directa contra quienes reclutan niños y los ponen como carne de cañón, destruyendo su vida y la de sus familias. Igualmente anunció una cruzada contra el narcotráfico que permea la sociedad y arruina la vida de millones de jóvenes que diariamente caen presos en la drogadicción. No habla de falsos procesos de paz con los delincuentes, sino de capturarlos, juzgarlos y castigarlos con las leyes de la República. Es lo menos que se espera de un gobernante de “extrema coherencia”, como se define a sí mismo.

     Por otro lado, en lo que concierne al tema electoral específicamente, El Tigre ha tenido la mano extendida para proponer la unidad como salida, pero son aquellos otros políticos de carrera, quienes no figuran con más del 4% en las encuestas, los que no quieren unirse a su proyecto. Son ellos los que están dividiendo el voto del sector de la derecha sin siquiera ser de derecha verdadera, porque nunca han pasado de ser socialdemócratas tibios que no definen su ambigüedad para agarrar votos de ambas orillas. Ha sido receptivo cuando le preguntan por alianzas con políticos, aunque el candidato recalca que la verdadera unión es con el pueblo. Y sí, apela al pueblo, porque es al pueblo al que deberá conducir. De ahí que sus contradictores lo llamen despectivamente populista, como si ello fuera un insulto y no la vieja táctica de ganar el favor de la plebe que existe desde que la democracia es democracia. Porque el populismo, o apelar al pueblo, no es malo per se. Lo malo son las promesas vacías que se utilizan para seducir al elector, y eso se llama demagogia, que sí es una práctica muy utilizada de politiqueros y manzanillos que viven de engañar a ese pueblo.




     Aunque realmente no estoy tan seguro de que siga extendiendo la mano de la unión para hacer una coalición de derecha. Solamente ha recibido ataques de parte de los competidores de su mismo sector ideológico en apariencia. Más que una consulta, Abelardo propuso una gran encuesta nacional para así, entre todos, apoyar al que tenga más posibilidades de ganar la presidencia y unirse en torno a esa campaña para derrotar al petrismo nefasto que está acabando con la patria. De paso, se le ahorran unos buenos pesos a la nación, pero los precandidatos no le quieren jalar a esa propuesta. Saben que El Tigre los arrasaría y ellos son los del club del uno por ciento en las encuestas. Ellos insisten en esperar hasta una consulta en marzo, lo cual sería un craso error dilatar por cuatro meses la elección de un candidato de la derecha mientras Cepeda, el candidato de la narcoguerrilla, está tranquilo haciendo campaña solo, sin detractores. Con el agravante de que es al único al que lo dejan entrar a hacer política a las zonas de conflicto, donde están sus amigos guerrilleros.

     Me atrevería a vaticinar que esa consulta en marzo va a ser un fracaso, y si Abelardo logra recoger las cuatro millones de firmas que tiene proyectadas para diciembre, no tendría por qué someterse a dicha consulta: cuatro millones de firmas es casi un mandato popular. La gente está hablando en las calles con su rúbrica, y eso no lo puede desechar El Tigre. ¿Por qué el que marca segundo en intención de voto debe someterse a los que aparecen por debajo de él con porcentajes irrisorios que desde ya nos llevan a pensar que no son presidenciables? Basta con echar un vistazo a lo que fue el evento del 2 de noviembre en el Arena Movistar, donde reunió a más de 16.000 personas, y otras miles que siguieron la transmisión por las redes, para darse cuenta de que este tigre es un fenómeno imparable. Ningún otro de los candidatos del “1%” ha logrado demostrar un potencial electoral de semejante magnitud. Abelardo, es seguro, irá derecho a Primera Vuelta. 




     Así pues, que esta andanada contra El Tigre no es más que el temor de la casta política y económica a que se la coman viva. Le tienen terror a De la Espriella porque saben que les cortará los privilegios con su política de reducción del Estado y libertad económica al estilo Milei en Argentina. Por ello tiemblan los politiqueros, los monopolios, los banqueros, los dueños de los grupos económicos poderosos que toda la vida han vivido de obtener gabelas y favorecimientos del Estado. Le tienen terror los grupos guerrilleros y criminales como las FARC y todas sus disidencias, El clan del Golfo, el ELN y demás organizaciones narco criminales a las que les va imponer una ley de sometimiento a la justicia o ser dados de baja. Para ello se inspiraría en la política de seguridad del presidente Bukele de El Salvador. También lo detestan las ONG’s globalistas, la ONU y demás entes corporativos contra las cuales enfilará baterías en caso de llegar a la presidencia para no permitir la imposición de ideologías, consignas y política     s que redunden en la destrucción de los valores fundacionales de la civilización occidental, apropiándose para ello de las medidas implementadas por el presidente Trump en los Estados Unidos con el objeto de recuperar la grandeza de su nación. Abelardo entiende la importancia de dar la batalla cultural contra las ideas posmodernistas que atentan contra los valores y la tradición.

     He aquí al Tigre que quiere tomar las riendas de la nación. Un verdadero representante de la nueva derecha para contrarrestar a las izquierdas y a la derecha falsa y cobarde. No será necesario decir por quién pienso votar, porque por primera vez habrá en el tarjetón un candidato que me representa, a diferencia de las otras veces, que solo he votado para rechazar al petrochavismo miserable. Si voto, veré que sea por una opción que esté ¡Firme por la patria!





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