sábado, 21 de febrero de 2026

Abundan los animales

Por Juan Felipe Giraldo Trejos

(Columna)







     La más reciente locura del mundo al revés es ahora creerse un animal. En eso va la evolución del homo sapiens. Hace unos cuarenta años, cuando se pensaba que gracias al avance de la ciencia y la tecnología la humanidad sería una especie pletórica de conocimientos y de perfeccionamiento continuo, como nos lo sugerían las películas de ciencia-ficción, hoy asistimos al espectáculo del retroceso humano: gracias al progresismo, el hombre no avanza para convertirse en un ser superior, sino en un animal. No una bestia dotada de capacidades sorprendentes, fuerza extraordinaria y habilidades increíbles, sino un pobre émulo de mascota irritativa intentando caminar en cuatro patas, adornada con colitas y orejas de felpa, y oculta por una triste máscara para no mostrarle al mundo la ruina moral en la que se encuentra.

     Hasta hace cinco días yo ni siquiera había escuchado la palabra con la que los denominaban. Hoy no quiero ni hablar de eso, pues me apena contribuir a la estupidez colectiva nombrándolos como si fueran una comunidad normal en vez de decirles lo que son: locos ridículos. De hecho, esta columna no debiera existir, pero fue el pasado Miércoles de Ceniza, cuando en el mundo predominante del catolicismo debía estarse hablando de la cuaresma que se iniciaba, que el movimiento se tomó las redes viralmente, seguro porque así lo habían agendado para sabotear a Cristo. No es casualidad que todas las imágenes que nos llegaron de estos extraviados se hubieran grabado mayoritariamente en Occidente o en el mundo capitalista: EEUU, y principalmente en Latinoamérica, en países como Argentina, Chile, México y Colombia. También un poco en España y Europa, aunque allá por ahora están con el problema de la islamización, además de que el tema es cuento viejo. 




     Como no podía ser de otra forma con estos movimientos identitarios, la comunidad nació en los Estados Unidos, y de allí se fue exportando para el resto del mundo desde finales de los ochenta y principios de los noventa a través de foros online entre personas que se sentían conectadas por medio de la mitología del Hombre Lobo. Allí comenzaron a hablar de sueños recurrentes con animales, de sensaciones de “ser” o “haber sido” un animal y de experiencias espirituales o psicológicas relacionadas con animales verdaderos. Lo decretaron como una revelación interna y personal. Hoy esta comunidad ha crecido, y también se ha deformado por completo. Son un grupo de alucinados que se hacen llamar therians, vocablo que proviene del griego antiguo thēríon, que significa bestia salvaje, o del término therianthrope, que los define como criatura mezcla de humano y animal. Se utilizó la palabra therian para describir a personas que se identifican espiritual o psicológicamente con un animal no humano, como parte de una identidad personal y no como un concepto mitológico.

     Aunque este movimiento es una comunidad descentralizada sin estructura jerárquica aparente, que no tienen presidente, líder espiritual, ni comité, es más que elemental que existe un reducido grupo al que le conviene que los seres racionales se extingan sobre la Tierra. Es decir, ningún movimiento con este alcance en redes sociales y que está ocupando las primeras páginas de información en el mundo, puede sobrevivir espontáneamente sin apoyadores financistas o ideológicos. No se sabe que reciban apoyo directo de empresas, ONG’s, gobiernos o fundaciones, pero ya están siendo llevados a los medios de comunicación hegemónicos para darse a conocer, están diseminados por todas las plataformas digitales, y hasta organizaciones médicas y académicas han invitado a la sociedad a reconocerlos y comprenderlos. 




     A mí, personalmente, no me cabe duda de que por ahí entre bambalinas anda un director de orquesta que los ha unificado en torno a una exposición mediática al unísono y de forma viral. No nos extrañe que estén las organizaciones no gubernamentales compuestas por burócratas e ideólogos que avalan estas tendencias con discursos en nombre de la tolerancia; y universidades en donde les fabrican sus rebuscadas teorías. Véase por ejemplo lo escrito por la Universidad de Cambridge invitando a ver con buenos ojos esta ridiculez, o la convocatoria hecha por la Universidad de los Andes en Colombia para reunirlos como si se tratara de hacer un simposio académico. Ahí es donde uno se pregunta ¿quién les paga a estas instituciones que se dicen ser serias como para prestarse a contribuir con la locura colectiva y la estupidez humana, allí, donde se supone que se paga hasta veinte millones de pesos por semestre para ser educado profesionalmente?

     Así pues, no se crea que esto de los therians es un pasatiempo inofensivo de unos muchachitos incomprendidos que se criaron sin Dios ni ley y que están apenas un poquito traumatizados por la realidad dura de este mundo que los trata con crueldad. Nada de eso. Aquí lo que existe es una gran inteligencia para manipular a esas mentes débiles con el fin de seguir destruyendo al ser humano desde adentro, tal como lo han hecho con la ideología de género. 




     Porque la raíz que comparten los tales therians y los del movimiento de las letras (LGBTQ+++) es la misma: “tú eres lo que tú quieres ser”, no importa si eso que te consideras contradice la realidad probada con los simples hechos. Escuela posmoderna en su máximo esplendor. Nuevamente, deconstructores de la identidad que han exacerbado como han querido la ideología de género y ahora la teorizan en forma de ideología de especie. ¿Por qué limitarse solamente a autopercibirse como hombre, mujer, ninguno o los dos al tiempo y por raticos, cuando se puede uno autopercibir un perro, un gato, un cocodrilo, una estación de tren, un extraterrestre, un helicóptero, un niño de cinco años, una planta o cualquier cosa que demande una atención especial por parte de la sociedad? Por cierto, esos ejemplos que nombro ya son casos reales que se han presentado de lunáticos que se autoperciben lo que uno menos se imagina.

     Porque ahí está la verdadera intención de volverse un therian de la noche a la mañana: conformar un nuevo grupo de oprimidos para que el Estado los tenga que reconocer y otorgarles prerrogativas (como en efecto algún cónclave poderoso ya lo ha hecho al darles nombre), y luego, en nombre del reconocimiento de los derechos de esa minoría oprimida, el resto de los mortales normales tengamos que pagarles sus máscaras, sus croquetas, sus citas con el veterinario, y hasta de pronto sus operaciones para implantarse colas, colmillos, alas o qué sé yo qué otras quimeras, porque la locura no tiene límites. 




     No sería extraño tener que subsidiarlos por ser una especie sin raciocinio apropiado para cumplir con un contrato de trabajo. ¿Y por qué no aceptarles sus cartillas y sus cursos sobre cómo ser un therian en las aulas escolares y los jardines infantiles? ¿Qué tal cuando muerdan a alguien o agredan a los demás con el pretexto de que son animalitos que reaccionan a los instintos? No se les podrá llevar a la cárcel ni hacerlos responsables de nada. De pronto sacrificarlos no sería una mala idea, pero entonces alegarán que su transformación es parcial e involuntaria y que por eso debe respetárseles esa mitad de humanos que tienen. Ya los veo quedando impunes de todas sus acciones animales.

     El principio activo es el mismo: el trastorno identitario. Los actores podrán ser otros, pero igual de trastornados. Ya no son transgénero, sino trans-especie, lo que equivale a otro desconocimiento del sentido común. Y el mensaje de las organizaciones que lo promueven es igual: tolerancia, comprensión, empatía, y mucho amor para estas personas a las que hay que dejarlas ser lo que quieran.

     Y sí, no me cabe duda de que a estos muchachos —porque la mayoría son jóvenes—, les faltó amor desde la infancia. Si nos pusiéramos a revisar caso por caso, vamos a encontrar un patrón de familias disfuncionales al por mayor. Pero también les faltó mucha disciplina y mano fuerte por lo mismo. Sin un padre que los moldee en una conducta estoica y los aleccione cuando sea necesario, y una madre que les inculque valores, un individuo tiene todas las probabilidades de perderse en la búsqueda de su identidad. De ahí que se terminen identificando con lobos blancos sin ser capaces de vivir a menos de cuarenta grados bajo cero en el ártico. 




     Mi conclusión de este tema es que esta locura es otra muestra más de la decadencia de la humanidad. Hombres y mujeres que no se aceptaron a sí mismos tal cual eran, que primero no aceptaron su género, su identidad como hombre o como mujer, y ahora no pueden aceptar siquiera que son seres humanos. Están perdidos porque no saben quiénes son, a qué vinieron al mundo, cuál es el propósito de su vida. Por eso se deshacen de su “Yo humano” para construirse un “Yo animal”, tal como los fundamentos que heredaron de las teorías del género, basadas en deshacerse de la esencia para rearmarse con la contingencia. En el fondo saben perfectamente lo que son, pero si el mundo al revés les avala que puedan tapar el sol con un dedo, se aprovecharán de esa ventaja.

     Por eso pienso que no están tan locos como creemos, sino que quieren inventarse una excusa para no afrontar su realidad humana. El mundo les ha quedado grande. Trabajar les parece una dura imposición del sistema. Así los ha educado el progresismo. Volverse hombres les cuesta tanto que más bien se quedan jugando al zoológico, esperando un protector que los acoja a falta de padres guías, formadores, correctores y ejemplarizantes. Y ese protector lo encontrarán próximamente en el Estado benefactor, que les dará palmaditas en la cabeza literalmente como a un perrito y les aplaudirá mientras le carga al otro medio mundo, al que trata de ser normal, su manutención, para que todos sean cada vez más pobres y sometidos. 

     Por esta vía del lavado de cerebro el poder obtiene sus esclavos. Por eso no sorprende que, en esto de las autopercepciones, cada vez haya menos gente que quiera autopercibirse como un estudiante aplicado, un trabajador esforzado, un profesional responsable, un adulto cuerdo y funcional que quiera contribuir con su granito de arena a la sociedad. Abundan los animales; los humanos animales, que son los peores.






1 comentario:

  1. Definitivamente estamos en retroceso porque la locura no tiene límites, hoy son los therians, mañana quién sabe con qué otra cosa saldrán y qué organización estará detrás de tanta ridiculez porque reciben apoyo y publicidad para hacer saber a todos el deterioro de la raza humana, ahora se puede percibir que el mundo está al revés.

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