jueves, 31 de diciembre de 2020

Noticias del mundo al revés

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




    Me siento a ver las noticias y quedo ingratamente sorprendido (decepcionado del mundo, sería el término) de las cosas que pasan:

    A los congresistas en Colombia, que son los que más ganan y menos trabajan, les subieron su salario en un 5,12%, mientras que al trabajador raso, el de salario mínimo con el que a duras penas puede sobrevivir, le aumentan sólo el 3.5%.

    En Argentina celebran la decisión que tomó el Congreso sobre la libertad para poder matar niños hasta de poco más de tres meses de gestación. A eso se le conoce como la legalización del aborto “seguro, legal y gratuito”, pero no nos metamos mentiras: es un vil asesinato.

    La nueva cepa del Coronavirus, más mortífera y más contagiosa que la cepa del virus original, ya llegó a Latinoamérica y muy pronto estará en Colombia, sin necesidad de un tratado comercial ni ningún tipo de negociación. Nos asustan con que eso contagiará a casi la mitad de la población, pero ahora la gente está en fiestas decembrinas y no tiene tiempo para atender el llamado de las autoridades para que tengan cuidado.

    Mientras tanto en Yemen tres ataques con misiles en el aeropuerto dejan un saldo de veinticinco muertos y ciento diez heridos en el momento en el que aterrizaba el avión con los ministros de gobierno; en Croacia un terremoto de 6,3 grados en la escala de Ritcher deja un número indeterminado de muertos e incalculables daños materiales, en fin, tragedias y catástrofes por donde se mire.

    Los anteriores fueron algunos de los tantos sucesos que ocurrieron en el mundo esta semana y que me confirman que el mundo sigue al revés, y que la esperanza de enderezarlo está cada vez más lejana. Entramos así a la tercera década del milenio con la peor expectativa de felicidad de la que se tiene registro desde hace años.




    Comencemos por el primero. El aumento del salario de los que más ganan en un mayor porcentaje con relación a los que menos ganan, se debe a una norma absurda que rige para los congresistas, cuyo aumento anual se realiza después de una certificación que emite la Contraloría “en la que se promedia el aumento de salario de los altos funcionarios del Estado”. Así pues, el promedio los favoreció esta vez por encima de lo decretado por el gobierno con respecto al salario mínimo, y qué culpa tienen los pobres congresistas si la ley es la ley. No fue por mala intención, como creímos algunos. Hasta ellos mismos se indignaron porque les aumentaron el sueldo y dijeron que lo iban a rechazar. Habrá que ver qué pasa el día en que tengan que cobrar su primer chequecito. Si se le pregunta a cada uno dirán que eso es injusto, desproporcionado, inmerecido. Pero cada que se propone una reforma para congelarse o bajarse su salario, esta milagrosamente se cae; cosas que tiene la política. Tal parece que el sentido de austeridad para fijar el aumento del salario en Colombia sólo aplica para los ciudadanos de a pie y no para nuestros “excelsos” Padres de la Patria. Que viva Colombia.



    Y si por aquí llueve, por Argentina no escampa. Las feminazis y los pro-muerte están saltando en una pata con el mandado que les hizo el Congreso de aprobar su aclamado aborto. Hubo dinero de por medio, no lo duden. Esas fundaciones de Soros y de los otros magnates tienen mucho poder, y congresista que se respete se sienta a negociar su voto. A veces no hay acuerdo en el negocio, aunque esta vez parece que unos cuantos aceptaron el ofrecimiento. Todo sea por la agenda progresista que ahora goza de buena salud. “Es que a nadie pueden obligar a ser mamá”, esbozan como argumento las militantes del trapo verde. Entonces me acuerdo de un comentario que vi por ahí en alguna sección de las redes: “Si la maternidad es deseada, ¿por qué la paternidad es obligatoria?”

    A propósito de salud, los mismos que aplaudieron el aborto en Argentina lo están pidiendo para Colombia. Dicen que son defensores de la mujer, y que este es un problema de salud pública. ¿Saben cuántas mujeres en promedio se mueren por año en Colombia por causa de las malas prácticas de aborto? ¡Setenta! Así es, setenta mujeres a las que se les puede salvar la vida de otra forma que no sea un aborto. ¿Por setenta víctimas de las clínicas ilegales habrá que cambiar la Constitución? No entiendo esos defensores de mujeres, ¿por qué no hacen campaña para salvarle la vida a las miles de mujeres que mueren cada año por cáncer de mama, de ovario o por otras causas? ¿Por qué no defienden a las millones que en los territorios marginales no tienen acceso a la educación reproductiva y sexual? Esos sí son problemas de salud pública. No setenta muertes que se pueden evitar a través de otros mecanismos como la educación o la ayuda de centros de adopción. Suena muy fácil decirlo, pero más fácil es la salida de quitarle la vida a una persona antes de nacer.   



    Y por otro lado qué tan raro, que cuando hace menos de un mes se anunció la salida de la vacuna para combatir la pandemia, nos vienen ahora con el cuento de la nueva cepa. ¿Será que no quedaron contentos con el terror que nos metieron con el virus original y nos quieren encerrar de nuevo para darle otro traspié al modelo de economía capitalista? Ya en Londres comenzaron a suspender vuelos, a restringir el comercio, a meter terror por doquier, pues tal parece que lo de la segunda ola en pleno diciembre no le funcionó mucho a los dueños del show. En Colombia mucho menos; desobedientes como somos nos ha valido madre que las UCI’s estén copadas al 100% y salimos a abarrotar los centros comerciales como si la tradición fuera más importante que la salud. Lo único que recomiendo es que nos sigamos cuidando igual, usando el tapabocas bien usado, lavándonos las manos, guardando la distancia y saliendo a lo necesario. Si nos provoca salir a tomarnos un café no hay nada de malo en ello, tampoco exageremos. Lo importante es que no nos vuelvan a prohibir el trabajo, y mucho menos respirar. Y nada raro se nos haga que para el 2021 nos apliquen la formulita de “año nuevo, virus nuevo”… es que somos tantos en la tierra…



    Y en el otro lado del mundo, como aquí, no nos dejamos de matar ni la tierra deja de temblar. Parece que en el fondo las razones siguen siendo las mismas para atentar los unos contra los otros. La gran pandemia es la violencia que cada ser humano lleva inserto en su corazón y por la cual el planeta, de vez en cuando, tiene que convulsionar. Cada vez lo está haciendo con mayor frecuencia a través de sismos, nevadas, huracanes, climas extremos. ¿Qué nos deparará el nuevo decenio que comienza? ¿Será acaso que los cinco mil millones de humanos que le estamos sobrando al planeta según la agenda del Nuevo Orden mundial nos tendremos que despedir en medio de males cada vez más dolorosos?

    Una de dos. O comienzo a ver lo malo como bueno, o mejor apago el televisor, porque no me gusta nada lo que veo.

 

31/12/20  


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