viernes, 7 de mayo de 2021

Entonces no era protesta; era revolución

Por Juan Felipe Giraldo Trejos




  La comunidad internacional, el Departamento de Estado, el Parlamento Europeo, la ONU y Human Rights están haciendo un llamado para que cesen “los atropellos contra los civiles”, por culpa de las fuerzas del orden en Colombia.

    Por otro lado, las redes sociales muestran sin mucha claridad los excesos cometidos sólo por la Policía en medio de un caos imparable en el que no se le ve la cara al enemigo, y enfatizan en el abuso de autoridad del Estado colombiano. “Nos están matando”, es la frase que ponen junto con la imagen de la bandera volteada, promovida por quién sabe qué ONG dizque para pedir un llamado de auxilio. No saben aquellos que replican esa imagen que eso tiene una connotación de traición a la patria, que le están faltando el respeto a un símbolo nacional y le están haciendo la segunda al globalismo, que es aquella ideología que propende por destruir la iconografía patriótica, pues su objetivo es la desaparición de los estados. 

    De otra parte, la Justicia Especial para la Paz (JEP), siendo una corte tan controvertida y tan sesgada en la aplicación de su “justicia”, propone reformar las fuerzas armadas del estado colombiano sin siquiera entrar de lleno a un proceso de investigación, acusación, comprobación, juicio y sentencia, como debiera ser el debido procedimiento a los agentes del orden que se excedan en sus funciones. No. La JEP pone a la institución de la Policía en la misma bolsa junto con los delincuentes, y asume que todos los policías son violadores de los derechos humanos per sé



    Y para rematar, se juzga desde los medios de comunicación internacionales (CNN, New York Times, BBC, RT, etc.) a los policías que han estado actuando para intentar contener las acciones vandálicas de algunos que osan llamarse “manifestantes pacíficos”, y que le han dejado al país un sinfín de destrozos, desabastecimiento, bloqueos, anarquía, miseria económica y moral, y hasta pérdida de vidas humanas.

    Nadie puede decir, ni mucho menos probar, que las órdenes de los Comandantes de la Policía hacia sus subalternos fueron impartidas para masacrar a la población inocente, como lo quiere mostrar el canon informativo. No es cierto que las actuaciones de los organismos encargados de brindar protección a los civiles estén dirigidas a la violación sistemática de los derechos humanos, como lo insinúan los críticos del gobierno, en especial los líderes de la izquierda radical colombiana. Sí es cierto que en los enfrentamientos entre vándalos y policías, han resultado más de 24 muertos en lo que va corrido del paro, pero sería una falacia decir que fueron asesinados porque esa era la orden dada al cuerpo policial. En una situación de confrontación violenta se violan los derechos humanos de parte y parte, porque ante la arremetida desmedida de los agresores es prácticamente imposible dosificar la fuerza de la ley.



    Es verdad que los agentes de la policía se han visto en la necesidad de accionar sus armas contra unos ataques que ya sobrepasan el límite del vandalismo, pero se supone que ellos debieran hacer uso de esas armas para defender al Estado y a los ciudadanos de las hordas enloquecidas dispuestas a destrozarlo todo. Sin embargo, no se les permitía disparar en medio de las revueltas. Algunos han tenido que hacerlo como respuesta a los atentados que han sufrido por parte de los delincuentes, que dicho sea de paso, pierden su condición de manifestantes pacíficos.

    ¿Por qué entonces pretender juzgar a la fuerza pública como unos asesinos sistemáticos cuando en realidad están actuando dentro del marco que les asigna la ley para defender el Estado de derecho ante los violentos que se tomaron las calles y que todos sabemos que no representan al pueblo?

    No falta quienes hayan abusado de su poder, es cierto, y en ese caso hay que investigar y judicializar a los agentes responsables, y condenar en firme a los que cometan excesos cuando ya han logrado dar captura a los detenidos, pero hay que desmontar esas falsas versiones que circulan en redes y en los pasillos de los estamentos internacionales que dicen que es el Estado el que está matando a los civiles a través de su ejército y su policía. Eso es poner una cruz encima de nuestras instituciones de defensa y encasillarlos como el enemigo del pueblo.

    En realidad el enemigo está agazapado entre la multitud incendiando los bienes públicos y privados, generando caos y destrucción, bloqueando vías, provocando escasez de alimentos, impidiendo la libre movilización y el derecho de los demás al trabajo. Esos sí son los verdaderos enemigos, los que nos están matando.

    Obvio, de ellos no dice nada la ONU, ni CNN, ni el New York Times, ni los líderes que están manejando los hilos de esto que ya no es protesta; ni de ellos suben videos en las redes sociales, pues los que trabajan para la causa revolucionaria se encargan de editar lo que no les conviene mostrar.




    No veo a ningún internauta que proteste, por ejemplo, contra la quema del Hotel La Luna en Cali, al que lo redujeron a cenizas sólo porque albergó por unos minutos a los miembros del ESMAD para que descansaran, dejando a su propietario en la completa ruina. No veo a CNN, ni a la ONU, ni a la prensa internacional, ni a Human Rights elevar una voz de protesta por el CAI que quemaron los terroristas con quince policías adentro, sin importar que los hubieran podido calcinar vivos. ¿Y por qué no se hace eco de la ambulancia a la que cogieron a pedradas y no la dejaron pasar aun cuando transportaba a una mujer en trabajo de parto? No; prefirieron dejar que ella pariera en la calzada y que la criatura muriera a los pocos minutos por falta de atención médica oportuna. Sobre eso es que se debiera pronunciar el señor Vivanco de Derechos Humanos, que más bien parecieran “Izquierdos Humanos”.

    Es que hay que ver que no se le puede llamar protesta pacífica, y mucho menos del pueblo, a un grupo de facinerosos que atendiendo instrucciones salen a acabar con la infraestructura. Ellos no nos representan. El pueblo salió de manera espontánea a participar de la marcha en contra de la Reforma Tributaria, y lo han utilizado los promotores para escudar sus verdaderas intenciones. Al contrario, quienes tienen en jaque al país son un reducto encargado de cumplir una tarea dentro de la fase de su Revolución Molecular para desestabilizar la democracia y tomarse el poder como consecuencia del debilitamiento de nuestras instituciones. Culpa del gobierno, sí. No cabe duda. Pero culpa también de los dirigentes del Paro que no han querido llamar a la cordura. Y eran los mismos que decían que había que sentarse con la guerrilla de las Farc a negociar la paz.  


    Yo asumo mi defensa de la policía, como un patriota colombiano, como muy pocos están dispuestos a hacerlo. Yo me alineo del lado de la ley. Si no hay bloqueos, ni desmanes, ni saqueos, ni vandalismo, ni violencia, ellos no tendrían por qué intervenir. No estarían en las calles detrás de la protesta viendo en qué momento se arma el zafarrancho para intentar evitar el desastre. No habrían muertos como consecuencia de los enfrentamientos, tanto de civiles como de los mismos policías que también han puesto muertos y heridos, y no es justo que esto suceda por culpa de unos actores invisibles que fomentan el odio en la turba aleccionada, todo desde la comodidad de sus casas.

    Claro que el gobierno se equivocó. Claro que tenemos un presidente confundido, rodeado de asesores que no sirven para nada, de altos Consejeros que no logran justificar su sueldo, de ministros tecnócratas que no conectan con la realidad del pueblo. Claro que hay que cortar toda esa burocracia del Estado y reducirlo a sus mínimas proporciones, y reducir el Congreso, y acabar con tanta corte corrupta que no condena a los delincuentes. Pero eso no justifica acabar con un país, ni meternos en una guerra por capricho.

    Si lo que queremos es cambiar el gobierno, y hasta el modelo económico, que sea en elecciones, señores, como lo dicta la Constitución, así sean las últimas elecciones democráticas que tengamos, a ver si es verdad que la mayoría quiere el estatismo que los populistas del socialismo venden como la panacea. Pero no decidiremos el destino del país a través de esta violencia patrocinada por mafiosos, bandas criminales, y políticos corruptos.   




    La mayoría de los policías están ahí poniendo la cara, exponiéndose a la muerte para protegernos, cumpliendo con el deber para con la patria, y no es justo hacerlos ver como unos asesinos, como lo hacen muchos periodistas, militantes, artistas, y figuras públicas que no conocen la realidad; todos fieles a la causa del progresismo que algún día les pasará factura.

    Ahora que se han quitado la máscara y se aprovecharon del sentimiento del pueblo, ahora sí nos damos cuenta de las intenciones de llegar al poder que tienen los directores de esta orquesta de violencia en contubernio con la guerrilla y el narcotráfico. Ahora sabemos que nunca quisieron hacer una protesta pacífica, sino una revolución. Han chantajeado al país. Nos engañaron una vez más.

 

06/05/21


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