sábado, 29 de mayo de 2021

Los derechos de los izquierdos

Por Juan Felipe Giraldo Trejos







    Hay cuestiones que por más que resulten inconcebibles, uno no entiende por qué se siguen normalizando en la realidad, como si aceptar aquello, que está a todas luces mal, fuera en últimas lo más aconsejable.

    Me niego rotundamente a comulgar con este estado de cosas, con esta imposición de ideologías de odio, con esta lucha sin cuartel en la que ya la vida humana no importa, como si hubiéramos retrocedido a los malos tiempos de la guerra, o como si más bien nunca hubiéramos salido de ella y la estuviéramos recrudeciendo. Sí, más bien, porque lo que se dice paz, en este país no hemos tenido, mucho menos después de la falsa paz que nos impuso el sátrapa de Santos a las malas.

    Al parecer vivíamos en una falsa tregua. Aquí y en el resto del mundo.




    Si uno mira para el Oriente Medio, por ejemplo, se encontrará que Hamas decidió atacar a Israel luego de un tiempo de aparente calma en la Franja de Gaza, en donde nunca la ha habido. La respuesta de Israel fue tan contundente que obligó al grupo terrorista a retroceder y a suspender sus ataques mientras se reagrupa y vuelve a arremeter. La prensa internacional condena a Israel por haberse defendido, pero nadie cuestiona que el grupo Hamas haya roto la tregua. Como si lo lógico fuera que el que se defiende no tuviera derecho a ello; como si sólo primara el derecho del agresor.




    Pero no nos vayamos lejos. En Colombia, una Concejal (Concejal y no Concejala para que no me vengan ahora a tratar de corregir con su estupidez gramatical los del lenguaje inclusivo), de nombre Heidy Sánchez, que pertenece a uno de esos partidos de oposición; pone un mensaje en redes sociales diciendo que las ambulancias están llevando los heridos de las protestas y entregándoselos a la Policía, y enseguida llueve la hondonada de ataques contra los diferentes vehículos de la misión médica. A punta de piedra y palo los intersectaron y los vandalizaron. Ni un solo pronunciamiento de los partidos de la paz, de los promotores del paro, de los medios de comunicación leales al progresismo.

    En otro lugar del país, entre Buenaventura y Cali, le impidieron el paso a otra ambulancia. Hicieron bajar al personal médico. Llevaban a una bebé entubada a la que obligaron a sacar del vehículo, siendo esta una maniobra imposible para someter a ella a una criatura que está en grave riesgo de muerte. El resultado fue que la niña no sobrevivió y hasta ahora no hay un solo imputado por el hecho. ¿Y los de Derechos Humanos? Me pregunto yo. ¿Por qué ahí sí no se han pronunciado los medios como CNN y el resto de vendidos al globalismo de la ONU tampoco dicen una sola palabra? Ah, me olvidaba que ellos sólo están vigilando a la Policía, no vaya a ser que a un agente le dé por defenderse de un ataque contra su integridad.




   Y para colmo la señora María Antonia Pardo, jefe de prensa de un candidato a la presidencia de ese mal llamado movimiento Colombia Humana, que de humana poco; aseguró descaradamente que la niña de todas maneras se iba a morir, como si la criatura fuera cualquier cosa; como quien dice, que no valía la pena siquiera intentar trasladarla. Como quien dice, que sólo se trataba de una niña pobre que seguro iría a sufrir mucho, entonces para qué.

    Días atrás, también habíamos padecido la muerte del niño Salvador, quien nació en plena ambulancia cuando en medio del traslado su madre entró en trabajo de parto. Pero Salvador requería atención médica oportuna, y los “pacíficos manifestantes” no dejaron pasar a la ambulancia. Los criminales no se compadecieron de aquella criatura que acababa de ver la luz hacía unos pocos minutos; no tuvieron piedad con una madre que anhelaba tener a su primer hijo después de cuatro intentos fallidos. ¿Dónde está la señora Bachelet condenando el hecho? ¿Dónde los tales veedores de la ONU? ¿Qué han dicho los mamertos de la CIDH? Nada, silencio absoluto, porque ellos son defensores de derechos siempre y cuando convengan a la causa que defienden soterradamente. 




    Han atacado 126 misiones médicas, violando todos los tratados internacionales, sobre todo el Acuerdo de Ginebra acerca del sentido de humanidad que hay que tener por el personal de salud y los enfermos, pero no veo activistas protestando por ello. No veo que en las redes sociales, tomadas ya por la resistencia del Paro, alguien condene estos hechos.

     Entonces se pide desde los espacios que la izquierda ya ha copado, que no estigmaticen la protesta, que no maten a los civiles, que respeten los derechos de los manifestantes. ¡Canallas!, les digo. ¿Cuál protesta? ¿La de los obstructores de caminos, los que impiden que llegue el alimento y las medicinas a los ciudadanos, los que atacan las ambulancias, los que tienen quebrados a los empresarios y al borde de perder el empleo a los trabajadores?




    Hace rato esto ha dejado de ser una protesta, y la CIDH, las ONG’s, la ONU y demás organismos de la Comunidad Internacional no están dispuestos a reconocerlo. Ellos seguirán en su juego de pedir que cesen las masacres, como si ya no se le hubiera prohibido a la Policía utilizar sus armas y como si ya no hubieran maniatado al presidente para que no ejerza la defensa de los colombianos azotados por ese terrorismo urbano. Un presidente que prefiere entregar el país en manos de una caterva de maleantes y ceder a la extorsión, y ni así dejan de falsear los hechos estos idiotas útiles de los que nos quieren llevar al despeñadero.




    Estamos en manos de un sinfín de mafias: la del país, compuestas por los políticos demagogos que le echan gasolina al fuego y aprovechan la pesca en río revuelto para hacer campaña; la de los narcoguerrilleros de las Farc y el ELN, que son los que ponen las armas y el dinero para agitar su revolución; la del Cartel de los Soles y el régimen cubano, que son los que envían agentes secretos para infiltrarse y poner a tambalear las instituciones; la de los promotores del paro, que son los que movilizan a las masas adoctrinadas, los que dicen representar al pueblo, pero el pueblo no se siente representado por ellos, y aun así es con los que hay que negociar; todos hermanados en la misma causa de destruir la democracia, si es que queda alguna. 




    Y una mafia tal vez más peligrosa: la de los organismos internacionales, a la que creo yo que está obedeciendo este gobierno Duque. Son todas esas instancias que acusan a las autoridades colombianas de asesinas y que hacen ojos ciegos a los desmanes y al terrorismo de los verdaderos violentos. Ellos están alineados con ese comunismo internacional que aquí nos quieren implantar y del que ya nos han dado a probar un poco. Cómo no, si a ellos los sostienen los metacapitalistas como Soros, a través de fundaciones filantrópicas "que no le hacen mal a nadie" pero que destilan un veneno ruin. Al final están aliados para luchar por un objetivo común mientras en el medio queda la gente más indefensa: los enfermos, los niños, los ancianos, los pobres, en fin, los ciudadanos.

    Todo hace parte de la misma estrategia.

    Mientras tanto el mundo clama por el respeto de los derechos humanos en Colombia, pero por los derechos sólo de los izquierdos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Por una nueva refundación

Por Juan Felipe Giraldo Trejos (Reflexión)      Volvió a temblar la tierra. Se estremeció como un gigante que despierta de un mal sueño, o m...