sábado, 31 de diciembre de 2022

Chao 2022

Por Juan Felipe Giraldo Trejos





    Hoy se acaba el año. Como cada vez que se aproxima un final, es necesario hacer un balance de lo que se deja atrás. Lo que pasó en el mundo durante los últimos 365 días no lo puedo resumir en este artículo, pero puedo reseñar algunos hechos importantes que a mi juicio marcaron la pauta del 2022. Hechos que, por cierto, no fueron para nada venturosos y que por desgracia sus coletazos nos seguirán atosigando durante el 2023: la guerra de Ucrania, las políticas ecofascistas que permiten sospechar la escasez y el hambre, el encumbramiento del socialismo en Latinoamérica, entre otros.

    Mientras escribo esta columna escucho el conteo regresivo de los segundos que le quedan a este año difícil que ya es un cadáver fresco. No quisiera que se terminara del todo, no tanto porque vaya a extrañarlo, sino por el mal presagio ante el año que comienza. Desearía, en todo caso, que el tiempo quede suspendido.

    Podría decir que fue un buen año en lo personal, pero un mal año para el mundo. El balance arroja un saldo positivo en materia de salud, viajes, lecturas, aprendizajes y experiencias a nivel social, aunque deja un saldo negativo en el amor y uno muy pobre en materia de trabajo y finanzas. Nada puede ser perfecto, y cada ciclo tiene sus pros y sus contras.



    Al mundo, por su parte, no le fue tan bien, y al parecer le irá peor. La humanidad, a casi tres años de la pandemia, no cambió nada con la experiencia y continuó comportándose con su misma carga de soberbia. A pesar de que nos han dejado vislumbrar un poco el futuro que nos aguarda, pareciera que ese panorama fuera un espejismo; una imposibilidad probada. Pero el panorama se acerca como un tren potente que se ve desde lo lejos y los humanos estamos amarrados a la carrilera. Dios quiera que para el próximo año los presagios no se cumplan. Que todo marche bien, que la burbuja no se rompa.

    Tuvimos que presenciar un hecho nefasto como lo es la guerra Ucrania-Rusia, cuyas repercusiones negativas seguiremos viviendo. Fue un suceso que polarizó aún más la sociedad mundial. A quienes hablaron contra la OTAN y los Estados Unidos, alineados a favor de Ucrania, se les señaló de comunistas prorrusos, de estar a favor del genocida Putin. Pero si se criticaba a este último, la opinión contraria los acusaba de globalistas. Tanto de una parte como de otra se cometieron trasgresiones, se violaron acuerdos, se faltó a la palabra. Ni Rusia tenía derecho de invadir a Ucrania, ni la OTAN, que la defendía de dientes para afuera, podía pretender ser la policía del mundo. Biden, por su parte, azuzó una guerra inútil llamando “asesino” a Putin. A él también habrá que cobrarle su cuota de responsabilidad en los muertos y destrozos.

    No resultó ser cierto que el ejército ruso fuera una fuerza letal que aplastaría sin piedad a Ucrania en un par de semanas. Los ucranianos han sabido resistir, pero están dando su vida por un teatro orquestado por el mejor de sus actores: Zelensky, quien conmina a sus ciudadanos a pelear la guerra mientras él se va a hacer lobby a Estados Unidos.

    Para lo que sí sirvió la guerra fue para que los medios, en especial las redes sociales, manipularan la información, y para que los europeos se quedaran sin gas, desatándose una crisis energética en el Viejo Continente.



    Como consecuencia de la guerra y otras políticas del poder global, tales como la lucha contra el cambio climático, el 2022 también nos dejó la pérdida de la soberanía energética en Occidente. Sólo Rusia, China e India siguen desarrollándose a base de combustibles que emiten dióxido de carbono. Para ellos no aplica el discurso para combatir las temperaturas extremas que azotaron al mundo este año. China, por ejemplo, produce el 30% de la contaminación mundial. ¿Dónde está Greta Thunberg reclamándole al Partido Comunista?

    El resto se tiene que alinear con la Agenda 2030, la cual les prohíbe a los países en vías de desarrollo que dejen de desarrollarse. Y esa prohibición surge, paradójicamente, de los países que ya se desarrollaron. De modo que bajo el catastrofismo climático la humanidad entrará en riesgo de perecer de hambre. No por nada en Colombia tenemos a un payaso macabro que nos piensa dejar sin petróleo y sin gas por el capricho de cumplirle al “gobierno único mundial” que desde la ONU y las ONG de los metacapitalistas nos vienen implantando a la fuerza. Este diablo piensa que es el salvador del mundo cuando en realidad es el súbdito más aplicado de la agenda globalista: acata las órdenes que le vienen dadas desde afuera al pie de la letra.  



    En Colombia despedimos el 2022 con la certeza de un revés político. La ultra izquierda radical se montó en la presidencia en medio de unas elecciones agitadas, manipuladas, tramposas. El presidente que quedó elegido (no sé si limpiamente) podría llegar a convertirse en el más grande desastre para mi país. El cambio tan pregonado conllevará su dosis de pobreza y estancamiento, seguido de otro tanto de inseguridad. Se le da la bienvenida al gobierno del hampa y la delincuencia. Tambalea la economía, la tranquilidad del ciudadano honrado, la propiedad privada, la inversión, el ahorro, el trabajo y el esfuerzo personal; todos valores de un modelo capitalista que se pervirtió con la puesta en marcha de políticas intervencionistas. Ahora será el tiempo del subsidio, de la pauperización, de los productos escasos y de mala calidad, de la incompetencia laboral, de la emisión monetaria, de la renta básica y las ayudas del gobierno que no ayudan a nadie y que sólo nos terminarán de empobrecer como en efecto ya se está viendo. Es el tiempo de los resentidos sociales que por el hecho de estar respaldados por el presidente no dejarán de ser lo que son y de culpar a otros por su fracaso. El tiempo también de la sociedad idiota signada por el ideal del progresismo más agresivo que nos devolverá a una neoinquisición tan brutal como la de la edad media. Lo malo es que no sólo fue Colombia la que tomó por el mal camino del socialismo, sino que también lo hicieron Chile y Brasil, y antes lo había hecho Perú. Latinoamérica ahora es roja, más cercana al PCCh que a la Estatua de la Libertad.



    El dólar, por su parte, se trepó a niveles nunca antes vistos. Llegó a romper la barrera de los cinco mil pesos y contribuyó a disparar otro tanto la inflación, que es la misma de hace treinta años, cuando el libre comercio estaba restringido, igual que hoy. Sólo que no hay nadie que levante la voz ni que proteste, ni mucho menos que respalde un verdadero estallido social, pues quienes hace poco quemaban el país y bloqueaban las vías son los mismos que hoy respaldan el gobierno; los delincuentes mismos son gobierno.



     Otras cosas nos dejó el año que acaba de pasar. Justo son las doce de la noche y sigo en este recuento mientras recibo el 2023. Se divorció Shakira, Colombia quedó por fuera del mundial, se legalizó el aborto hasta la semana 24. Los Herodes de este país se frotan las manos. También se murieron tres reyes: el del despecho, Darío Gómez; la de Inglaterra, Isabel II; y el del fútbol, ¡oh Rey Pelé! Pero antes de partir Pelé vio coronarse campeón del mundo a su sucesor, el que dicen que pasará a la historia como el mejor jugador de todos los tiempos, Leo Messi. Ahora Pelé puede descansar en paz. Hollywood lamenta la muerte de Olivia Newton, Anne Heche (quien murió en extrañas circunstancias, en una de esas “muertes accidentales”), y de James Caan, entre otros. La música tuvo que despedir a Diego Verdaguer; a Pablo Milanés; a Loretta Lynn; a Marciano Cantero, de los Enanitos Verdes; a Taylor Hawkins, baterista de Foo Fighters, muerto en Colombia; y al rapero Coolio. La literatura se dolió por Javier Marías y Julie Powell. La política descansó de Gorbachov. El fútbol colombiano se enlutó por la muerte trágica de Freddy Rincón. También se nos acaba de ir un papa, hace pocas horas. Benedicto XVI no alcanzó a dar el feliz año, y el que está al mando quiere también irse, pero del trono del Vaticano. Francisco está en problemas. La crisis por la que atraviesa la Iglesia católica le debe mucho a Bergoglio, quien ahora no parece contar con el apoyo de sus aliados que lo ayudaron a elegirse en 2013.

    De otro lado, la inmigración fue cifra récord en Estados Unidos y en Europa. Parece que los gobiernos no quieren hacer nada para controlarla, sino todo lo contrario: alentarla desmedidamente, y que se convierta en una bomba de tiempo para sus propios países. Es que estos globalistas odian las fronteras, y por ende a sus propias patrias.



    Mientras Inglaterra ha tenido tres primeros ministros este año, en Italia por fin ganó una ministra de derecha. Mientras en Perú destituyeron a Castillo por corrupto, a la corrupta de la Kirchner en Argentina la condenaron (simbólicamente, porque no irá a prisión) por lo mismo. Tal parece que los gobernantes de izquierda no son tan buenos como dicen. Ortega sigue apresando opositores en Nicaragua y a Boric ya no lo quiere ni su madre en Chile, y entonces para qué votaron por ese comunista. Lula ganó en Brasil y está dispuesto a recuperar su Foro de Sao Paulo mientras que López Obrador se cree el rey del Grupo de Puebla para encumbrarse como el jefe de la nueva Unión Soviética Latinoamericana. Eso si Petro lo deja, pues el ex guerrillero es narcisista y quiere ser él quien dirija la bandola. Quién sabe cómo se las arreglarán estos zurdos para ponerse de acuerdo sobre el líder de la izquierda en la región. Al final todo lo decidirá Cuba, como siempre, porque Fidel Castro ni estando muerto deja de ensañarse con los pobres cubanos y el resto de latinoamericanos. Mientras Biden debilita a la nación que otrora fue la más poderosa del mundo, Trudeau en Canadá radicaliza el progresismo, de manera que allí será un delito hasta tener religión y practicarla. 

    El mundo en llamas y a esta hora la gente celebrando. Es la una de la mañana y mejor cierro mi intervención, no sea que me sorprenda el primer sol de enero trasnochando por escribir estas bobadas.

    Ya es 2023. 

    Chao 2022. 

    Se acabó el año, pero aún no se acaba el mundo, así que… ¡feliz año para todos!  

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