Clamor de un “joven en paz” a un gobierno que
lo quiere comprar por una miseria.
¿Dónde está mi millón de pesos?
Prometo que si me los dan no vuelvo a matar, no vuelvo a robar, no vuelvo a delinquir.
Pero un momento, señor presidente; señores del gobierno. ¿Por qué sólo un
millón de pesos? ¿Acaso no sabe el presidente lo cara que está la vida y que
con el equivalente a casi un salario mínimo no alcanza para comer, mucho menos
para estudiar? ¿Cómo puede ser de inhumano este gobierno, de indolente, que
piensa que uno va a pagar la renta con un millón de pesos?
La verdad, los “jóvenes en paz”
necesitamos mucho más que un millón de pesos para dejar de matar, porque eso no
alcanza para cubrir todos nuestros gastos. Necesitamos más: que sean dos millones.
No, tampoco… si el gobierno es el que fabrica los billetes, ¿por qué no nos puede
dar como mínimo cinco millones? ¡Qué más da! La misma máquina que hace un
billete puede hacer cinco de una tirada, ¿o no? Es injusto que nos quieran
comprar por un millón de pesos; que con eso nos quieran tranzar como si uno no
tuviera también obligaciones que cumplir y una mejor aspiración salarial. ¿Les
parece que su vida vale un millón? ¿Verdad que no? Entonces necesitamos mucho
más que esa cifra propuesta para dejar de asesinar, o de lo contrario aténganse
a las consecuencias. No estamos pintados en la pared. Los “jóvenes en paz” exigimos
una renegociación para que en verdad podamos vivir en paz, tanto ustedes como
nosotros. ¿Qué se están creyendo?
Ahora, si ustedes lo que
quieren es que dejemos de matar, el pago debe ser por anticipado (de ninguna
manera mes vencido), dentro de los cinco primeros días de cada mes, y que nos
lleven el dinero a la casa. Nada de hacer colas, ni llenar formularios, ni
hacer inscripciones ante ninguna oficina estatal. Nosotros hemos estado
dispuestos a matar a domicilio, incluso matando al interior de la casa de
nuestras víctimas, así que no vayan a ponernos a rogar por esa miserableza de
un millón de pesos. Ya saben: como mínimo cinco millones, y ahí veremos si
estamos dispuestos a ir hasta una sucursal bancaria a reclamar el pago. Que sea
algo que valga la pena, ¡por Dios!, ¿acaso no ven que nuestras necesidades son ilimitadas?
¿Piensan que nuestro vicio y nuestras borracheras son gratuitas?, ¿que alguien
nos da para la marihuana, la cocaína o el chorro así porque sí?
Desconsiderados, agradezcan que no matamos más porque somos jóvenes que “queremos
vivir en paz”, que necesitamos de una oportunidad, pero tiene que ser una
oportunidad que valga la pena. Maldito pueblo indolente, y encima nos vienen a
criticar.
Sí, nos merecemos esos cinco
millones, y no pedimos diez para no parecer tan agalludos, pero ya era
hora de que un gobierno nos tuviera en cuenta. Algunos amigos míos se conforman
con el millón y yo les digo que eso es muy poquito. Ellos me argumentan que “algo
es algo” para empezar, pero que, si en las próximas elecciones votamos por los
candidatos del partido del presidente y luego lo reelegimos, entonces que nos
suben del millón a los dos millones, y así sucesivamente hasta llegar a los
cinco. Yo espero que eso sea ligero. Si siguen subiendo el precio de la
gasolina a los “blanquitos ricos”, muy pronto habrá dinero para todos los que
queremos dejar de matar. Luego no nos salgan con que hicieron mal los cálculos
y que se despiporraron, porque si nos llegan a echar para atrás ese
millón de pesos, les hacemos paro, y ya saben ustedes cómo son nuestros paros.
No es que uno quiera matar, sino que ustedes, “ciudadanos de bien”, son los que
se hacen matar por nada. ¿Por un millón de pesos están formando tanta alharaca?
Luego salen con que la ley hay
que cumplirla porque es la ley. Olvídense de eso. La ley se cumple porque hay
un incentivo para cumplirla, o si no ni sueñen con que va a haber paz.
Recuerden que el ladrón es ladrón por culpa de la sociedad, lo mismo que el
corrupto, el narco, el guerrillero, el asesino, el estafador, el jalador de
carros, el violador. Y a todos nos tienen que pagar, porque es una deuda que
tienen como sociedad para con los que fuimos oprimidos.
Si tanto odian el crimen, pues
que nos paguen lo que nos merecemos. ¿Ustedes creen que matar es muy fácil? Se
equivocan: afilar los puñales es engorroso, conseguir las balas y las pistolas
cuesta un ojo de la cara, atravesar vísceras y músculos con el arma
cortopunzante es un arte que requiere constancia. Hay que tener pericia para
eso. Untarse de sangre no es para nada agradable, así como tampoco escuchar las
súplicas de las víctimas pidiendo por su vida; llorando, gimoteando, moqueando.
Pero nuestro trabajo es matar y nada podemos hacer. Somos casi profesionales. La sociedad no nos dejó otra salida, y ahora pretenden que dejemos de ser lo que somos por un mísero millón de pesos.
Como en todo, siempre hay
gente envidiosa y dañina que se opone a que los “jóvenes en paz” recibamos un
subsidio para poder tener otra alternativa. Esa gente está llena de odio, de
resentimiento, de violencia, y todo porque uno mata o roba. Como si la vida en
este país valiera algo. Dicen que eso es un incentivo perverso, que es la
capitulación del Estado de derecho. ¿Cuál Estado? ¿Cuál derecho? El único derecho
que nos han otorgado a los “jóvenes en paz” es el de matarnos. Ninguna
ley está por encima de nuestras peticiones, ninguna libertad. El único derecho que debe tener la gente de este país es a pagar
para que no matemos más.
Menos mal tenemos un
presidente que se acordó de nosotros. Nos comprende, fue de los nuestros. En
algún momento él también quiso hacer la revolución y empuñó las armas. Claro que
él no asesinaba, no. Lo de él era apenas simbólico. A nosotros sí nos ha tocado
matar, pero no por gusto, sino por necesidad. En su momento, él también
entendió que el camino de la honestidad no sirve en este país. Yo, por ejemplo,
intenté el camino de la rectitud y por muchos años me negué a formar parte de pandillas
y de bandas delincuenciales. Quería ser un “joven de bien”. Pero cuando escuché
de esta propuesta vi que aquí estaba la solución. Lo mejor era ser un mal
ciudadano y salirse del camino de la ley, porque cuando uno es malo al final le
salen dando la mano, y ver que ahora uno tiene la posibilidad de ganarse un
dinerillo extra por dejar de matar. Donde yo no fuera asesino, no me hubieran
hecho de ninguna manera el ofrecimiento. A un compañero mío, que nunca alcanzó
a matar a nadie, lo sacaron de la base de datos y se quedó sin el millón. Pobre
buen ciudadano.
En fin, que el gobierno
promete mucho y de pronto no da nada. Por eso no hay que confiarse. Habrá que
recibir el millón y seguir matando y atracando, porque si uno deja de delinquir
lo sacan del programa y no vuelve a llegar el subsidio. El día en que uno les haga
caso y se porte bien, entonces pierde los beneficios. Además, como les dije, esa
plata no es suficiente. Los buenos se conforman con poco y por eso hacen el
bien. A los pillos, en cambio, nunca nos alcanza y por eso necesitamos que nos
paguen cada día más. No nos parece justo un millón, pero aceptaremos esa
propuesta sólo para comenzar. Tendrán que darnos más después, mucho más, ahora
y siempre, porque nunca dejaremos de matar.
Atentamente,
un joven que no se va a dejar
comprar.





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