sábado, 15 de julio de 2023

Sonidos de censura progre

Por Juan Felipe Giraldo Trejos






     Sound of Freedom (Sonido de Libertad) es una película que estrena la pequeña productora Angel Studios, aunque ya llevaba varios años de haber sido realizada sin poder salir a la luz. Es protagonizada por el actor norteamericano Jim Caviezel (el mismo protagonista de La Pasión de Cristo), dirigida por el mexicano Alejandro Monteverde y producida por el también mexicano Eduardo Verástegui (quien además participa en la actuación). A pesar de ser una película realizada con bajo presupuesto y despreciada por el gran emporio hollywoodense, hoy se encuentra en boca de todo el mundo, no sólo gracias a la persecución de la que ha sido objeto, sino gracias a la polémica que suscitado su temática.

    Y es que son precisamente algunos medios de comunicación poderosos, reconocidos y ampliamente difundidos como CNN, la revista Rolling Stone, Wall Street Journal, The New York Times, entre otros, los que han puesto en tela de juicio la película que en tan solo diez días ha batido récords de audiencia desde que se produjo su lanzamiento el pasado 4 de julio.

    La crítica de la izquierda no ha tenido compasión con este film y se ha ido lanza en ristre contra los productores, contra el protagonista, y hasta contra el propio Mel Gibson, el afamado actor y director que la ha estado recomendando y a quien han señalado de conservador extremo por su postura ideológica.


     Disney, una de las cadenas más importantes del mundo, es la que más rabiosa se encuentra con Sound of Freedom, no sólo porque no trata las temáticas inclusivas que tanto le gustan a la empresa que adoctrina niños, sino porque la misma Disney tuvo en sus manos esta película y malbarató la posibilidad de haber ganado muchos dólares al haberla dejado ir. En un principio los derechos los tuvo la cadena Fox, pero Fox fue vendida a Disney, y esta, aunque tenía los recursos y la capacidad suficiente para apadrinar la obra, le dijo a su productor, Eduardo Verástegui, que no era apta para su conglomerado de medios. Así las cosas, Verástegui se fue con su cine a otra parte, tocó las puertas de otras cadenas y plataformas reconocidas como Amazon y Netflix, pero en ninguna de ellas se las abrieron. Y por fortuna, porque no habría sido justo que una cinta realizada para concientizar sobre la lucha contra la esclavitud sexual infantil hubiera caído en manos de las compañías que más han insistido en “fritarle” el cerebro a los niños y despertarles su sexualidad temprana de manera trasgresora. En otras palabras, son las empresas que más han hecho por adoctrinar a la niñez en ideologías tan perniciosas como la de género, la cual redunda en confusión sexual y en un inicio prematuro y desbocado de la sexualidad infantil sin reglas, que claramente se vuelve el objetivo mayor de los pedófilos y los violadores. 

    Gracias a Dios estos monstruos de las plataformas no se interesaron en la película, pues ellos mismos la habrían hecho añicos al ver la recepción del público. Y gracias también que fue una productora pequeña de Utah como Angel Studios quien se la jugó por la propuesta de los mexicanos Verástegui y Monteverde, porque verdaderamente se les apareció un ángel cuando más lo necesitaban, luego de llevar más de cuatro años tratando de lanzarla.



    Pero ¿cuál es la razón para que medios como CNN o los portales y las cadenas de izquierda quieran torpedear a toda costa la exhibición de la película a pesar de que ofrece un mensaje que va claramente en defensa de la niñez? ¿Hay un trasfondo que esos medios quieren ocultar o existen personalidades a las que quieren proteger?

    Bueno, para nadie es un secreto que hay una intención deliberada desde el mainstream por combatir ciertas posturas, predisponer de mala manera a la audiencia y hacer extensivo un ánimo para considerar que este tipo de cine (o de cualquier otro arte) tan solo fomenta “pánicos morales”, o que son “películas de superhéroes para papás con gusanos cerebrales”[1], como afirma la revista Rolling Stone. Y aunque reconocen que el comercio de seres humanos, y en especial de niños existe en el mundo, no consideran que tenga una justificación moral válida para que los cineastas hagan de esta problemática un espectáculo visual y que además “se lucren” con ello. Qué raro, porque eso es justo lo que hacen las grandes compañías de entretenimiento con las causas infinitas que abraza la nueva izquierda.

    Pero nada de eso hay en Sonido de Libertad, pues esta película no trata de vender un enfoque ideológico de ningún tipo, no asume posiciones políticas y mucho menos pretende lucrarse como si fuera ese su objetivo principal. Esto lo digo porque así lo han manifestado otros críticos con posturas menos parcializadas, y yo les creo. De hecho, la película contó con un presupuesto de 14 millones de dólares, que es poco si se le compara con el presupuesto, por ejemplo, de una cinta como Indiana Jones, que tuvo a su disposición unos 200 millones. Nunca se imaginaron los gestores de esta idea que romperían récord de taquilla en la primera semana, pues la producción se tenía pensada para recuperar escasamente lo invertido y sembrar conciencia en los espectadores. El fenómeno Sound of Freedom se ha vuelto imparable contra todo pronóstico y contra los poderes que la quieren detener.



     Es que cuando se trata de combatir las redes internacionales de pornografía infantil, de pedofilia, de aborto, de reclutamiento de menores para la guerra y la esclavitud sexual de infantes, entonces el mensaje se tergiversa y se hace ver como un escándalo sin fundamento que promueven quienes trabajan para este tipo de causas. Cuando se trata defender los derechos reales de la niñez, entonces ahí sí se minimiza la lucha social y más bien se pone el énfasis en un discurso de conflictividad agravada a propósito para “apelar a la conciencia de un boomer conspirativo”[2] por parte de la “derecha conspiracionista”. En otras palabras, quieren hacernos pensar que es una película que no refleja la realidad, que exagera, que es moralista y descaradamente maniquea.[3]

    Lo que verdaderamente les molesta a los mass media del progresismo no debe ser la película como pieza de cine (buena o mala, eso lo decide el público), sino la postura ideológica de quienes participaron en ella: Caviezel es abiertamente apoyador del partido republicano y simpatizante de Trump; Verástegui es provida y activista político de derecha; Monteverde es católico, en fin. Tal vez lo que les incomoda es que a través de la película se corra el riesgo de que se difunda un mensaje ideológico que favorezca ciertas posturas antiprogresistas, como cuando —en sentido contrario— son los progresistas los que sí celebran sus causas ideológicas en sus propias películas. Tal vez es que algún ex miembro de CNN como el productor John Griffin fue condenado a 19 años de prisión por tocamientos indebidos a una menor de nueve años y no se quieren abrir viejas heridas en este medio.[4] Tal vez a algún antiguo colaborador de la revista Rolling Stone y periodista de ABC News, de nombre James Gordon Meek, le allanaron la casa y le encontraron material pornográfico infantil, y la revista ocultó el hecho diciendo que se trataba de una persecución por su labor como periodista.[5] Ustedes saben, esos pecadillos que este tipo de medios tienen y que no se pueden decir porque tienen rabo de paja.



    Para ser justos, no hay en el film un tinte de política, y sí mucho de denuncia y obsesiva preocupación por rescatar a unos niños que están siendo usados como mercancía. Al menos eso opinan la mayoría de quienes han visto Sonido de Libertad.

    Como aún no llega a Colombia, no he tenido la oportunidad de ver la película en una sala de cine, pero sé que está basada en hechos reales; inspirada en la vida del ex agente del FBI, Timothy Ballard.[6] Por ello no puedo decir si el mensaje me llegó, si solamente es una pose para captar espectadores de sesenta años, o si por el contrario es una cinta que merece la pena mirarla. Lo que sí leí fue la crítica de la revista Rolling Stone en la que se hizo alusión a que es el mismo agente Ballard quien (en la vida real) maquilla y engrandece su misión con tal de darle espectacularidad y llamar la atención de la audiencia acerca de la causa que él lidera en el rescate de niños desaparecidos. Lo paradójico es que la misma revista intenta imitarlo al darle espectacularidad a su crítica y exagerarla para llamar la atención de los espectadores y conminarlos a que no vean la película. En ese caso, ¿es mejor auto elogiarse siendo un héroe o un crítico que boicotea al héroe?



    Todos los asistentes saben que esto no pasa de ser cine, aunque sea inspirado en la vida real. Que no tienen la obligación de ser como Ballard ni pensar que le están salvando la vida a los niños esclavizados por el sólo hecho de asistir a la sala de proyección. La película no intenta empoderar a nadie (aunque sí concientizar) y la audiencia no es estúpida. La gente sabe bien lo que quiere ver y por qué lo ve. Antes bien, cuando se tacha a la audiencia de ignorante y retrógrada por querer ver una película como esta, los críticos no logran desprestigiar el trabajo cinematográfico que los convoca, sino que, por el contrario, lo que logran es despertar la curiosidad de los que ni siquiera sabían de qué se trataba todo esto.       

    Es el típico caso de la censura a las obras que denuncian los horrores sociales porque no quieren que se hable de ellos, como si bastara con ignorarlos para que desaparecieran. En ese nivel de minimización de la realidad es que los grandes medios ponen a la audiencia para infantilizarla, tratarla como estúpida y direccionar su mente sólo a aquellos asuntos que les conviene direccionar.



    En fin, que Sonido de Libertad es una película que ya camina sola en las salas de cine estadounidenses y se espera que para septiembre llegue a Colombia, país en donde se realizó la mayor parte del rodaje: en Cartagena, para ser precisos. Sin embargo, con apenas diez días de cartelera, es un éxito en recaudación y tiene una gran expectativa por delante.

    No soy muy amante del cine, pero espero poder ver la película. Algo bueno debe de tener una vez que el progresismo la ha repudiado tanto. Seguro que al menos deja un mensaje de reflexión que motive a hacer algo positivo por este mundo. Muy diferente de las películas hegemónicas que la corrección política nos quiere imponer y que siempre son un fracaso de taquilla.

    ¡Que se escuchen los sonidos de la libertad y no los de la censura progre!



[1] Miles Klee. (7 de julio de 2003). Sound Of Freedom es una película de superhéroes para papás con gusanos cerebrales. Rolling Stone. 

https://web.archive.org/web/20230707193304/https://www.rollingstone.com/tv-movies/tv-movie-reviews/sound-of-freedom-jim-caviezel-child-trafficking-qanon-movie-1234783837/

[2] Ibíd.

[3] Para Miles Klee, autor del artículo en la revista Rolling Stone, el tráfico sexual infantil es una “epidemia groseramente exagerada”. Ahí se puede ver el talante de los críticos de la película.

[4] Christina Maxouris. (11 de diciembre de 2021). Productor de CNN John Griffin arrestado por intentar persuadir a menores de edad para que participen en actividades sexuales ilegales. CNN.

https://edition.cnn.com/2021/12/11/us/john-griffin-charged-arrested-minors-unlawful-sexual-activity/index.html

[5] Nicolás Morás. (11 de julio de 2023). Revelado el Peor Secreto del Boicot a Sound of Freedom. Caviezel, Morás y Verástegui Exponen Todo. [Video]. Los Liberales. Youtube. Minuto 18:17

https://www.youtube.com/watch?v=h9A-Ax8PzWA

[6] Nicolás Morás. (14 de julio de 2023). La Película Prohibida por Netflix y Disney. No Quieren que Vean Sound of Freedom. Resumen. [Video]. Los liberales. Youtube.   

https://www.youtube.com/watch?v=A0Legd-Ki0g


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Por una nueva refundación

Por Juan Felipe Giraldo Trejos (Reflexión)      Volvió a temblar la tierra. Se estremeció como un gigante que despierta de un mal sueño, o m...