Es talentoso y mordaz. Tiene la sensibilidad del artista que en un dibujo jocoso puede plasmar con sátira la triste realidad nacional. Lleva más de veinte años de trayectoria y todavía tiene
mucho por dar. No le discuto nada como caricaturista, consagrado como uno de
los mejores del país.
Gracias a que el humor —sobre
todo el negro— es el ingrediente principal de su trabajo, despierta en el
público una simpática sensación de alteridad que lo hace ser visto con buenos
ojos por algún sector de la opinión, porque según él, es la voz de los que no tienen medios para criticar los estamentos del
poder. Asegura que comparte la indignación del pueblo, y que eso no es
delito.
Es paisano mío aunque no sospecha
de mi existencia, y estoy seguro de que nunca nos conoceremos. Sin embargo, hoy
estaba yo tan desocupado y tan falto de inspiración, que lo mejor que se me
pudo ocurrir fue hacer una semblanza sobre este personaje.
Yo no sé si le gustan los
toros o si el apodo de Matador (que
de alguna forma expresa agresividad) lo sacó de esa otra connotación de la
palabra que se equipara con la de estoqueador o incluso con la de matoneador. El
caso es que su remoquete es tan sonoro, y ha sido tan famoso en la prensa, que
pocos sabemos su nombre de pila, y la mayoría lo conocemos simplemente como Matador (en el sentido jocoso de la palabra,
o al menos eso creo).
Actualmente lo estamos viendo
como panelista en el programa de Semana TV que conduce Vicky Dávila, en un espacio
denominado El Debate, junto a figuras de talla de la política nacional como
Luís Eduardo Garzón, Juan Carlos Pinzón y el mismo Fico Gutiérrez, ex alcalde
de Medellín, quien es uno de sus más vehementes contradictores. Y aunque es el
menos diplomático de todos, sus punzantes intervenciones son como un dardo envenenado
en el corazón para quienes no están de acuerdo con sus posturas, que dicho sea
de paso, son tan radicales o más como las que él le critica a sus compañeros de
programa.
Es que Matador es de esos
personajes que se hace querer o se hace odiar. No admite tibiezas ni escala de
grises. Eso le ha reportado un montón de enfrentamientos con periodistas,
políticos y otras figuras reconocidas en el panorama nacional.
Hasta ahí, no hay nada que se
le pueda reprochar, porque todos los seres humanos defendemos con ardor
nuestras ideas cuando creemos que tenemos la razón o cuando contamos con un
acervo de argumentos suficiente para hacer valer nuestro punto de vista. En el
caso del Matador comentarista del programa de la mañana, priman más las
pasiones que las razones, y eso le ha hecho perder la credibilidad que antes le
reportaban sus buenas caricaturas.
Dice el viejo dicho: “zapatero a tus zapatos”, y eso es algo que nuestro
amigo debería poner en práctica antes de terminar de deteriorar su imagen. Pareciera
como que la calidad de sus trazos fuera superior a la elegancia de sus
palabras. Yo de él me quedaba más tranquilo en la casa dibujando sin tener que
someterme a esas candentes discusiones con gente que nunca le va a dar la razón.
Matador mete el dedo en la
llaga pero se queda corto a la hora de justificar su postura desde un punto de
vista imparcial. Él no puede. Su ideología política está tan arraigada en su
ser, que no logra ver sino un solo lado de la realidad. En su estilo se
advierte un sino de resentimiento; en su tono hay un aire de animadversión
cuando debate con sus compañeros que están en la contraparte como María Andrea
Nieto, Fico, y hasta Vicky Dávila, a quien le hizo una vez una caricatura en la
que la ilustró comportándose como una leona con Juan Manuel Santos y como una
gatica con Álvaro Uribe. Y aunque a lo mejor esa apreciación de Matador hubiera
podido ser cierta, también lo habría podido ser la respuesta de Vicky a Matador,
cuando ella le cambió los papeles y le dijo a él que más bien este se portaba
como un león con Uribe y como un gatico con Santos, cosa que también es
probable teniendo en cuenta que la mayor parte del trabajo gráfico de Matador está
enfocado en contra de Uribe y muy poco en contra de la oposición
o los líderes de izquierda, a quien caricaturiza con cierta benevolencia.
De eso también nos hemos dado cuenta los colombianos, pero pensábamos que como eran situaciones vistas con inteligente jocosidad, no debían suponer ninguna tendencia política del comentarista objetivo que ilustra con humor la realidad. Pero ahora Matador se ha quitado la careta: critica a los grandes medios —los poderosos que monopolizan y controlan la información como Semana y El Tiempo—, y se olvida de que toda su vida ha vivido de ellos y comido por ellos: clásica posición de los mamertos.
Desde luego, no hace falta que
diga que no me identifico con el pensamiento de Matador, porque estamos en
orillas muy opuestas: él ya puede ser considerado de ultraizquierda cuando a mí,
en mi círculo de conocidos, sus adeptos me califican de ultraderecha.
Soy de los que cree que es
mejor portarse bien con la autoridad, no faltarle al respeto, no desafiarla, no
colmar su paciencia. Es mejor portarse bien siempre y atender al llamado cuando
se es requerido, porque el que nada debe, nada teme. Hay que mostrarse colaborativo
y servicial, que para eso tienen el deber de protegernos. Tengo entendido que el ciudadano
Javier Ordoñez no era muy ejemplar que digamos, aunque claro, eso no justifica
que lo hayan matado.
La mayoría de los integrantes de
la Policía son personas de extracción humilde que también tienen familias que los
esperan y están tan afectados como nosotros por la situación del país que han generado
los políticos (de derecha y de izquierda).
Matador afirma que él, en su
derecho a la libertad de expresión, puede compartir lo que quiera en Twitter,
porque esa es la sensación que tiene la gente. Yo creo que eso es instigación
al odio y a la violencia, pero como lo está compartiendo Matador, no pasará
nada. A veces yo también siento el deseo de patear a un vándalo, de ponerle una
bomba a una empresa de servicios que abusa de los cobros, de sacudir a un
funcionario público que no hace su trabajo, de pegarle un coscorrón a un
politiquero torcido y de mentarle la madre a un policía de tránsito, pero me
abstengo de hacerlo y tampoco lo recomiendo. No hay que darle ideas a la gente
atrapada en la manipulación de las fuerzas oscuras que los manejan para que
generen más violencia, como lo hace un señor como Gustavo Petro y como lo da a
entender Matador.
En todo caso, si es permitido
hacer público el reflejo de la indignación contra algo o contra alguien por el
sólo hecho de ser libre de opinar, y no ser investigado por ello ni obligado a
retractar, pues entonces yo también podría decir que sería bueno ver patear a
un caricaturista. Igualmente estoy en mi derecho de opinar y compartir lo que
yo considere.
En una de esas cambiamos el
verbo patear por el de matar, y desde ese punto de vista legalizamos
el asesinato en Colombia, ¡qué peligro! Estamos avalando el delito de Incitación
al Odio, así como alguna vez legalizamos del de Injuria y Calumnia gracias a
nuestros honorables jueces de las cortes.



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